EITB y la «caza al veraneante vasco»: cuando el alarmismo sustituye al periodismo
Las agresiones que están sufriendo numerosos jóvenes durante los veranos en Laredo (Cantabria) parecen constituir un problema bastante más serio de lo que inicialmente reconoció el Ayuntamiento de la localidad. Pero una cosa es que exista un grupo violento que lleva años amenazando, robando y golpeando a jóvenes y otra muy diferente que se esté produciendo una «caza al veraneante vasco». EITB ha optado por este segundo y mucho más espectacular enfoque sin aportar suficientes elementos que lo acrediten.
La comparación entre el tratamiento realizado por el medio público vasco y la investigación publicada por El Correo resulta especialmente significativa. Orain, el portal informativo de EITB, tituló el 9 de agosto: «Familias denuncian una «caza al veraneante vasco» en Laredo». La procedencia de las víctimas se convertía así en el elemento fundamental para explicar las agresiones.
El Correo, por el contrario, ha seguido investigando. Según ha podido averiguar este periódico, detrás de buena parte de los incidentes estaría un grupo de unos 30 jóvenes conocido como «La Family», cuyos miembros proceden de Laredo y de localidades próximas como Colindres y Ampuero. Su actividad se remontaría al menos a 2023 y existen numerosos testimonios de amenazas, robos y agresiones.
Es decir, el problema parece real. Y probablemente más grave de lo que inicialmente admitieron las autoridades locales. Pero la investigación de El Correo aporta precisamente el matiz que EITB debería haber buscado antes de convertir la supuesta persecución de los vascos en protagonista de su información: las víctimas no son exclusivamente vascas.
Una gran parte procede de Bizkaia, algo poco sorprendente teniendo en cuenta que los vizcaínos constituyen uno de los principales colectivos de veraneantes de una localidad que pasa de unos 11.000 habitantes durante el invierno a cerca de 100.000 en verano. Hay indicios, además, de cierta animadversión contra ellos. La madre de un joven de Las Encartaciones ha denunciado ante la Ertzaintza que su hijo recibió una paliza porque tenía «pinta de puto vasco».
Es un dato relevante que debe ser contado. Pero también debe contarse el resto.Las fuentes consultadas por El Correo aseguran que «La Family» también ha agredido o amenazado a franceses, madrileños y otros visitantes. Uno de los padres que inicialmente denunció los hechos lo explicaba de manera bastante gráfica: «Van buscando a chicos de fuera, como si fuesen de caza. No les importa si son vascos o riojanos».
Esta diferencia es fundamental. Lo que empieza a dibujar la investigación no es necesariamente un fenómeno de violencia contra los vascos, sino la existencia de un grupo de jóvenes de la zona que aparentemente busca víctimas entre adolescentes y veraneantes de fuera, aprovechando además la superioridad numérica.
Puede existir un componente antivascos en algunas agresiones. Incluso es perfectamente posible que los vizcaínos sean sus víctimas más habituales. Pero los datos conocidos hasta ahora no permiten concluir que el criterio fundamental para seleccionar a las víctimas sea su condición de vascos.
Aquí es donde resulta especialmente criticable el comportamiento de EITB. La radiotelevisión pública vasca dispone de cientos de periodistas, corresponsales, cámaras y recursos financiados con dinero público. Ante una denuncia tan grave como la existencia de una «caza al veraneante vasco» cabría esperar que intentara comprobarla.
Podía haber investigado quiénes son los agresores, desde cuándo actúan, cuántas denuncias existen, cuál es la procedencia de las víctimas, si hay algún patrón en su selección, qué dicen la Guardia Civil y la Policía Local o si las agresiones contienen habitualmente insultos relacionados con Euskadi.
Podía, en definitiva, haber hecho lo que está haciendo El Correo: investigar. En lugar de eso, EITB convirtió las declaraciones de algunas familias en el marco de la noticia y escogió para el titular la expresión con mayor capacidad para generar alarma: «caza al veraneante vasco».
El contraste entre ambos medios resulta especialmente revelador porque la investigación posterior no desmiente la existencia del problema. Al contrario: apunta a que puede ser incluso más grave de lo que inicialmente parecía.
Hay testimonios que hablan de agresiones desde 2023, adolescentes que han acabado en el hospital, familias que aseguran haber proporcionado nombres de posibles agresores a las autoridades, denuncias archivadas por falta de identificación de los responsables e incluso un camping que habría tenido que contratar un segundo vigilante ante los problemas sufridos por sus clientes.
Todo eso constituye una magnífica historia periodística. Precisamente por eso resulta innecesario deformarla. La expresión «caza al vasco» tiene implicaciones que van mucho más allá de una pelea entre adolescentes. Sugiere que en una localidad vecina existe una persecución de personas por su procedencia.
Utilizar semejante encuadre debería exigir una evidencia especialmente sólida. No basta con entrecomillar la expresión y atribuírsela a unas familias. Un medio puede estar reproduciendo formalmente las palabras de una fuente y, al mismo tiempo, estar decidiendo editorialmente amplificarlas al convertirlas en titular.
EITB no es responsable de que alguien utilice la expresión «caza al veraneante vasco». Sí es responsable de haber decidido que esas cinco palabras eran la mejor manera de explicar a sus lectores lo que estaba sucediendo en Laredo.
Y la información disponible actualmente apunta hacia una realidad bastante más compleja: un grupo violento que lleva varios años acosando a jóvenes, especialmente forasteros; una elevada presencia de víctimas vizcaínas porque son también muy numerosos entre los veraneantes; algunos episodios con evidente componente antivascos; y agresiones también contra personas de otras procedencias.
Eso es menos espectacular que una «caza al vasco». Pero es bastante más preciso. La paradoja es que El Correo ha terminado proporcionando elementos para pensar que EITB tenía delante una historia mucho más importante de la que contó. Había un grupo aparentemente organizado, conocido en la localidad, que podría llevar tres veranos actuando con una sorprendente sensación de impunidad.
Mientras un periódico privado está intentando averiguar quiénes son, cómo actúan y desde cuándo lo hacen, el medio público vasco prefirió convertir la nacionalidad de las víctimas en protagonista. La diferencia entre ambos tratamientos permite recordar una regla bastante elemental del oficio: el trabajo de un periodista no consiste en encontrar la declaración más impactante y ponerla en el titular, sino en comprobar hasta qué punto es cierta.
