¿Afecta el idioma a los resultados Pisa en Euskadi?
Los alumnos vascos que hablan castellano en casa obtuvieron resultados muy diferentes en Pisa 2025 dependiendo del idioma en el que realizaron la prueba. Un análisis de Gananzia de los microdatos publicados por la OCDE detecta una diferencia especialmente llamativa en comprensión lectora: los castellanohablantes examinados en euskera obtuvieron inicialmente 74 puntos menos que los que hicieron el examen en castellano. Buena parte de esa brecha se explica por las diferencias entre centros, pero alrededor de 39 puntos permanecen incluso al comparar estudiantes del mismo colegio y tener en cuenta otras características de los alumnos.
El resultado es especialmente relevante porque la lectura ha sido precisamente el gran desastre de Euskadi en Pisa 2025. La puntuación vasca ha caído hasta 419 puntos y el Departamento de Educación ha convertido ya la mejora de la comprensión lectora en una prioridad. Tras conocer los resultados, el Gobierno Vasco ha anunciado además que revisará los proyectos lingüísticos de los centros. PISA evalúa a estudiantes de 15 y 16 años y el trabajo de campo de esta edición se realizó en la primavera de 2025.
Gananzia ha analizado los 1.856 estudiantes incluidos en la muestra de Euskadi y ha cruzado sus datos con los de los 55 centros participantes. La base de datos permite conocer, entre otras muchas variables, la lengua que el estudiante habla en casa y el idioma en el que realizó las pruebas cognitivas. Esto permite analizar un fenómeno que queda oculto cuando se publica únicamente la media de Euskadi.
Hay 1.265 estudiantes de la muestra que tienen el castellano como lengua habitual en casa. De ellos, 546 realizaron Pisa en castellano y 719 en euskera. Las diferencias iniciales son enormes.
| Lengua habitual: castellano | Pisa en castellano | Pisa en euskera | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Lectura | 464,6 | 390,5 | −74,1 |
| Matemáticas | 470,3 | 452,9 | −17,4 |
| Ciencias | 488,5 | 438,5 | −49,9 |
Sería incorrecto concluir de este cuadro que hacer Pisa en euskera resta 74 puntos en lectura. Los alumnos no fueron asignados aleatoriamente a un idioma u otro y, sobre todo, están distribuidos de manera muy diferente entre los centros. Hay colegios en los que prácticamente todos los castellanohablantes hicieron Pisa en castellano y otros en los que prácticamente todos lo hicieron en euskera. Por tanto, la comparación inicial mezcla el posible efecto lingüístico con las enormes diferencias existentes entre colegios y entre su alumnado.
Para tratar de separar ambos fenómenos, Gananzia ha repetido el análisis comparando a castellanohablantes del mismo centro. El modelo incorpora efectos fijos de colegio y tiene también en cuenta el nivel socioeconómico del estudiante, su condición de inmigrante y el curso en el que se encuentra. Para las puntuaciones se han utilizado los diez valores plausibles proporcionados por Pisa y para calcular la incertidumbre estadística se han empleado los 80 pesos replicados de la encuesta.
El resultado cambia radicalmente en matemáticas y ciencias, pero no desaparece en lectura. Una vez introducidos estos controles, no encontramos una desventaja estadísticamente significativa en matemáticas ni en ciencias para los castellanohablantes examinados en euskera. En lectura, en cambio, permanece una diferencia de aproximadamente 39 puntos.
| Examen en euskera entre castellanohablantes | Diferencia ajustada |
|---|---|
| Lectura | −38,7 puntos |
| Matemáticas | +11 aprox. |
| Ciencias | −17 aprox. |
La diferencia de lectura es estadísticamente significativa. Nuestra estimación central es de unos 39 puntos menos para quienes hicieron la prueba en euskera, con un intervalo de confianza del 95% que se sitúa aproximadamente entre 10 y 68 puntos de desventaja. La horquilla es amplia, por lo que no tiene sentido presentar 39 como una cifra exacta, pero los datos sí permiten descartar razonablemente que el resultado observado sea simplemente cero.
Había todavía un problema: ¿y si todo el resultado estuviera provocado por uno o dos colegios especialmente anómalos? De los 55 centros de la muestra, sólo 21 tienen castellanohablantes examinados en los dos idiomas. Además, cuando se observan individualmente aparecen diferencias extraordinariamente heterogéneas. En algunos centros obtienen mejores resultados quienes hicieron la prueba en castellano y en otros sucede justamente lo contrario.
Gananzia ha sometido por ello el resultado a una segunda prueba de robustez: eliminar uno a uno cada uno de esos 21 colegios y repetir todo el cálculo. Si uno o dos centros estuvieran provocando artificialmente la diferencia, el coeficiente debería hundirse al retirarlos de la muestra.
No ocurre. En las 21 pruebas la diferencia de lectura continúa siendo negativa y estadísticamente significativa. Dependiendo del centro eliminado, la desventaja estimada de los castellanohablantes examinados en euskera oscila aproximadamente entre 35 y 45 puntos. Y en ninguno de los 21 casos el intervalo de confianza del 95% alcanza el cero.
| Prueba de robustez | Resultado |
|---|---|
| Estimación con todos los centros | −38,7 puntos |
| Menor diferencia al eliminar un centro | −34,5 |
| Mayor diferencia al eliminar un centro | −45,4 |
| Centros eliminados sucesivamente | 21 |
| Casos en que desaparece la significación | 0 |
Eso hace bastante difícil atribuir el resultado a un par de colegios extraordinarios. No significa que todos los centros presenten una diferencia de 39 puntos —de hecho, no es así—, sino que la asociación estadística entre lengua familiar, lengua de la prueba y resultado en lectura permanece cuando se controla el centro y no depende de que un determinado colegio esté incluido en la muestra.
Pero tampoco significa que estudiar en euskera reste 39 puntos de comprensión lectora. Los microdatos públicos de Pisa no contienen una variable que identifique de forma fiable si cada alumno estudia en modelo A, B o D. Sabemos cuál es su lengua habitual en casa y sabemos en qué idioma hizo Pisa, pero no podemos convertir eso en lengua de escolarización. El resultado analiza, por tanto, lengua de evaluación, no el efecto educativo del modelo D.
Existe además otro problema todavía más importante para establecer causalidad: la elección del idioma no fue aleatoria. Un alumno que hizo Pisa en euskera puede ser diferente de otro compañero del mismo colegio que lo hizo en castellano por razones que nuestra base de datos no recoge. Aunque controlemos colegio, nivel socioeconómico, inmigración y curso, pueden existir otras diferencias relacionadas simultáneamente con la elección del idioma y con la capacidad lectora.
Precisamente por eso el resultado debería ser investigado por el Departamento de Educación y el ISEI-IVEI, que disponen de información que no figura en la base pública. Podrían cruzar la lengua familiar del alumno, su modelo lingüístico, su competencia acreditada en euskera, el criterio utilizado para asignarle el idioma de Pisa y su resultado. Eso permitiría saber si estamos ante un efecto de la lengua de evaluación, ante un problema de selección de los alumnos o ante algún otro fenómeno.
La diferencia entre lectura y las otras dos competencias proporciona además una pista interesante. En matemáticas y ciencias, las enormes brechas iniciales prácticamente desaparecen cuando comparamos alumnos semejantes del mismo colegio. Eso sugiere que la mayor parte de esas diferencias brutas se debía a quién estudiaba en cada centro. En lectura no sucede lo mismo. Y resulta lógico investigar con especial cuidado el idioma cuando la competencia que se está midiendo consiste precisamente en comprender textos.
Pisa tampoco es un examen convencional que proporcione una nota exacta a cada estudiante. Es un estudio muestral destinado a estimar las competencias de poblaciones educativas. Por eso la OCDE proporciona valores plausibles, ponderaciones y pesos replicados que deben utilizarse conjuntamente para realizar inferencias estadísticas. El Ministerio recuerda asimismo que Pisa pretende medir hasta qué punto los jóvenes son capaces de aplicar lo que saben a situaciones distintas de las aprendidas directamente en el currículo.
El hallazgo adquiere todavía más importancia porque el propio Gobierno Vasco está buscando explicaciones para el hundimiento de la comprensión lectora. Educación ha anunciado que identificará las prácticas que funcionan, revisará los proyectos lingüísticos y combinará la información de Pisa con la Evaluación Diagnóstica y otros estudios del ISEI-IVEI. La evaluación diagnóstica de 2026 ofrece, de hecho, una imagen menos negativa: en cuarto de ESO mejora significativamente la comunicación lingüística en castellano mientras que el euskera se mantiene estable. El propio Departamento advierte de que ambas evaluaciones miden poblaciones, momentos y competencias diferentes.
Por tanto, la respuesta a la pregunta de si el idioma afecta a los resultados de Pisa en Euskadi es provisional, pero difícil de ignorar. En matemáticas y ciencias no encontramos evidencia robusta de una penalización una vez descontadas las diferencias entre centros. En lectura sí aparece una asociación fuerte: entre alumnos que hablan castellano en casa, hacer Pisa en euskera está asociado con alrededor de 39 puntos menos incluso al comparar estudiantes del mismo colegio, y el resultado sobrevive a numerosas pruebas de robustez.
Lo que todavía no sabemos es por qué. Puede haber un efecto del idioma en el que se realiza una prueba de comprensión lectora, puede existir selección en la asignación lingüística o pueden intervenir variables que Pisa no permite observar. Precisamente por eso, antes de sacar conclusiones políticas sobre el euskera o sobre los modelos lingüísticos, Educación debería hacer algo mucho más sencillo: utilizar los datos que ya tiene para averiguarlo.
