¿Y si China fuera el aliado? Zedarriak y Multiverse plantean otra vía para la soberanía tecnológica europea

Europa lleva años hablando de soberanía tecnológica para reducir su dependencia de Estados Unidos y China, pero empieza a surgir una interpretación diferente: utilizar precisamente la tecnología china para depender menos de la estadounidense. Dos actores vascos tan distintos como Zedarriak y Multiverse Computing están planteando, cada uno desde su ámbito, que colaborar con China puede formar parte de la estrategia europea para recuperar terreno tecnológico.

La aparente contradicción está en el propio significado de «soberanía». Si Europa entiende por soberanía fabricar por sí misma chips, modelos de inteligencia artificial, robots, sistemas operativos, centros de datos y todas las tecnologías que los rodean, el objetivo parece cada vez más difícil. Estados Unidos y China acumulan enormes ventajas de escala, capital y mercado. Pero si soberanía significa poder elegir proveedores, controlar los datos, modificar la tecnología y evitar una dependencia exclusiva, China puede pasar de ser solamente un rival a convertirse también en un aliado.

Zedarriak lo plantea abiertamente en su último informe sobre la «inteligencia artificial con cuerpo». Su diagnóstico es que China ha tomado una enorme ventaja en robótica y que Euskadi cometería un error si se limitara a observarla desde lejos. Entre sus propuestas aparecen la colaboración tecnológica, las relaciones empresariales, los intercambios académicos, las misiones industriales y el estudio sistemático de los fabricantes y proveedores chinos. La idea es sencilla: si China está aprendiendo más rápidamente que nadie a fabricar robots a gran escala, Euskadi debería aprender de China.

Eso no significa renunciar a construir una industria vasca de robótica, sino justamente intentar acelerar su desarrollo. Zedarriak considera poco realista pretender competir con China en volumen, pero sí ve oportunidades en componentes de precisión, máquina-herramienta, sensores, integración industrial, software, mantenimiento, certificación y aplicaciones especializadas. Colaborar con fabricantes chinos podría servir para introducir a las empresas vascas en esa cadena de valor en lugar de esperar a que esté completamente formada.

Es prácticamente el mismo razonamiento que está empleando Multiverse Computing con la inteligencia artificial. La compañía donostiarra ha defendido la necesidad de desarrollar una IA soberana europea, pero una de las vías que está utilizando consiste precisamente en partir de modelos abiertos desarrollados en China, modificarlos y comprimirlos mediante su tecnología y poder ejecutarlos posteriormente en infraestructuras controladas por el cliente.

El caso resulta especialmente llamativo porque rompe la identificación entre soberanía y origen de la tecnología. Un modelo puede haber sido desarrollado inicialmente en China y, sin embargo, ejecutarse en Europa, ser modificado por una empresa europea y funcionar sin depender permanentemente de una plataforma estadounidense. Desde esta perspectiva, lo importante no sería tanto dónde nació cada pieza tecnológica como quién controla finalmente su utilización.

La cuestión ha adquirido además una evidente dimensión geopolítica. Estados Unidos y China compiten por el liderazgo mundial de la inteligencia artificial, una rivalidad que incluye semiconductores, centros de datos, modelos y aplicaciones militares. En septiembre, Reuters señalaba precisamente que la IA se ha convertido en uno de los asuntos centrales de la relación entre Washington y Pekín, mientras las restricciones estadounidenses al acceso chino a determinados chips conviven con el rápido avance de los modelos desarrollados en aquel país.

Europa corre así el riesgo de encontrarse entre dos gigantes tecnológicos. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advertía esta misma semana de que depender de modelos desarrollados en Estados Unidos o China constituye una vulnerabilidad geopolítica y reclamaba aumentar la capacidad tecnológica propia. Europa dispone de apenas una fracción de la capacidad mundial de computación para IA y produce muchos menos grandes modelos que sus dos principales competidores.

España, sin embargo, mantiene una relación con China sensiblemente más pragmática que otros países occidentales. Pedro Sánchez ha viajado repetidamente al país asiático y en abril de 2026 volvió a reunirse con Xi Jinping. Ambos dirigentes se comprometieron entonces a profundizar las relaciones bilaterales y Sánchez defendió que Europa y China reforzaran la cooperación y el multilateralismo en un escenario internacional cada vez más inestable. Reuters describió a España como uno de los países europeos más partidarios de ampliar el comercio y la cooperación con China.

José Luis Rodríguez Zapatero ha ido todavía más lejos en su aproximación al país asiático. Su relación con China y, particularmente, con Huawei ha adquirido una importante dimensión pública. El Confidencial reveló este año que el expresidente se reunió en enero de 2022 con el entonces consejero delegado de Huawei España, Eric Li, y con otros responsables de la multinacional mientras se encontraba en tramitación la Ley de Ciberseguridad 5G, una regulación especialmente relevante para la actividad de la compañía china en España.

Los vínculos de Zapatero con el entorno de Huawei han terminado incluso apareciendo en investigaciones policiales, aunque eso no permite atribuirle por sí mismo ninguna conducta ilícita. El Confidencial publicó en mayo que la UDEF había encontrado en una agenda intervenida a Julio Martínez Martínez, el consultor cercano a ZP investigado en el caso Plus Ultra, anotaciones relacionadas con Huawei y un contrato público de material de la compañía. El propio medio señalaba que no estaba determinado el significado de algunas de las cifras anotadas.

La cercanía española a China se produce, por tanto, mientras otros países occidentales intentan reducir determinadas dependencias del gigante asiático. La Unión Europea utiliza el término de-risking: no pretende romper las relaciones comerciales con China, pero sí disminuir riesgos en sectores considerados estratégicos. La dificultad está en determinar dónde termina una relación comercial conveniente y dónde empieza una dependencia tecnológica peligrosa.

Zedarriak y Multiverse introducen una variante interesante en ese debate: China también puede servir para reducir otra dependencia, la de Estados Unidos. Europa utiliza masivamente nubes, chips, software y modelos de inteligencia artificial estadounidenses. Microsoft, Amazon, Google, Nvidia, OpenAI, Anthropic o Meta ocupan posiciones fundamentales en la infraestructura digital europea. Sustituir esa dependencia por otra exclusivamente china difícilmente podría denominarse soberanía, pero disponer de tecnologías europeas, estadounidenses y chinas simultáneamente puede aumentar la capacidad de elección.

La estrategia podría resumirse como una soberanía basada en la diversificación y no en la autarquía. Europa difícilmente fabricará por sí misma todos los componentes necesarios para competir en inteligencia artificial y robótica. Sí puede intentar controlar determinados eslabones estratégicos, desarrollar capacidad propia donde tenga ventajas y aprovechar tecnologías externas cuando resulte conveniente sin quedar cautiva de un único proveedor.

Para Euskadi, además, la cuestión no es teórica. Su industria depende desde hace décadas de cadenas internacionales de suministro y vende máquina-herramienta, componentes de automoción, bienes de equipo y tecnología por todo el mundo. Si China se convierte también en el principal fabricante mundial de robots industriales avanzados y humanoides, relacionarse con ese ecosistema puede abrir oportunidades a proveedores vascos al mismo tiempo que genera nuevos riesgos de dependencia.

La gran paradoja es que China puede convertirse simultáneamente en el competidor al que Euskadi no debe «regalar» la industria de los robots y en el socio del que necesita aprender para entrar en ella. Algo parecido está ocurriendo con Multiverse: utilizar tecnología china puede ayudarle a construir una alternativa europea a la dependencia tecnológica estadounidense.

Quizá, por tanto, el verdadero debate europeo no sea elegir entre Estados Unidos y China. La cuestión es si Europa puede relacionarse con ambos, aprovechar la tecnología de ambos y conservar al mismo tiempo suficiente industria, conocimiento e infraestructura propia para que ninguno de los dos pueda decidir por ella. Zedarriak y Multiverse, desde Euskadi, están sugiriendo que esa tercera vía merece al menos ser explorada.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *