La receta del presidente de Gestamp para evitar la desindustrialización de Europa

Europa corre el riesgo de seguir siendo rica durante algún tiempo mientras destruye las industrias que generaron esa riqueza. Es la inquietante advertencia que ha lanzado Francisco Riberas, presidente de Gestamp, en una entrevista con el Financial Times. Y no procede precisamente de un observador ajeno al problema: la multinacional de componentes de automoción tiene su sede social en Abadiño (Bizkaia) y es uno de los grandes proveedores mundiales del sector.
La tesis de Riberas es que Europa está consumiendo la riqueza acumulada durante décadas de industrialización. «Europa es rica, pero esa riqueza no va a durar», advierte el empresario. Su preocupación se apoya fundamentalmente en lo que está sucediendo con el automóvil, una de las mayores industrias del continente y probablemente la que más claramente está sufriendo la competencia china.
La producción europea de automóviles se ha reducido aproximadamente entre un 20% y un 25% desde 2017. Entretanto, China ha recorrido el camino contrario: ha desarrollado una enorme capacidad productiva, se ha situado en cabeza en el vehículo eléctrico y ha creado fabricantes capaces de competir con los europeos tanto en tecnología como, especialmente, en costes.
Para Riberas, el problema no termina en Volkswagen, Stellantis, Renault, Mercedes-Benz o BMW. El automóvil sostiene detrás una gigantesca cadena industrial que incluye fabricantes de componentes como la propia Gestamp, pero también siderurgia, aluminio, vidrio, química, maquinaria o electrónica. Cuando desaparece una fábrica de automóviles, por tanto, el daño se transmite a multitud de proveedores.
Esta advertencia resulta especialmente relevante desde Euskadi. Aunque ya no se fabriquen aquí grandes volúmenes de turismos, el País Vasco conserva una de las mayores concentraciones de empresas proveedoras de automoción de Europa. Gestamp es probablemente el ejemplo más internacional, pero alrededor del sector existe todo un ecosistema de fabricantes de componentes, máquina-herramienta, acero, caucho, electrónica y bienes de equipo.
La receta de Riberas no consiste, sin embargo, en impedir que los fabricantes chinos entren en Europa. El presidente de Gestamp da por hecho que compañías como BYD o SAIC van a producir cada vez más vehículos en el continente. Lo que reclama es que esas inversiones generen realmente actividad industrial europea y no se limiten al ensamblaje final de piezas fabricadas en China.
Ahí aparece una de sus principales propuestas: exigir contenido local. Si un fabricante chino quiere beneficiarse de producir y vender dentro del mercado europeo, una parte significativa del vehículo debería fabricarse también aquí. Eso significaría utilizar proveedores europeos, generar empleo industrial europeo y mantener dentro del continente una parte sustancial del valor añadido.
Estados Unidos y China llevan años practicando políticas industriales mucho más agresivas. China ha construido su industria del vehículo eléctrico mediante una estrategia sostenida durante décadas, mientras que Estados Unidos ha reaccionado a la competencia exterior con ayudas, incentivos a la producción nacional y barreras comerciales. Riberas considera que Europa necesita recuperar una política industrial propia en lugar de confiar exclusivamente en las reglas del mercado.
El presidente de Gestamp respalda por ello iniciativas como el Industrial Accelerator Act que prepara Bruselas. Una de las cuestiones que se están discutiendo es precisamente cómo introducir criterios de contenido europeo en sectores estratégicos, de manera que las inversiones realizadas en Europa arrastren también a proveedores y empleo locales.
Pero proteger la industria existente tampoco será suficiente si ésta no mejora su competitividad. Riberas considera fundamentales la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial para reducir costes y aumentar la productividad de las fábricas europeas. La respuesta a China tendría así dos patas: política industrial para evitar una competencia desequilibrada y tecnología para que las propias empresas europeas puedan competir.
Gestamp conoce bien esa competencia porque juega simultáneamente en los dos campos. El grupo está implantado en China y suministra componentes a numerosos fabricantes internacionales. Su presidente no está reclamando, por tanto, aislar Europa del mercado chino, sino establecer unas condiciones que impidan que la transición hacia el vehículo eléctrico termine trasladando a Asia buena parte de la cadena de valor industrial europea.
El dilema que plantea Riberas trasciende incluso al automóvil. Europa puede importar coches, baterías, acero, paneles solares o tecnología a precios más bajos y mantener durante años un elevado nivel de vida gracias a la riqueza acumulada. La pregunta es cuánto tiempo podrá hacerlo si simultáneamente pierde las fábricas, el conocimiento tecnológico, los proveedores y los empleos cualificados que permitieron generar esa riqueza.
La receta del presidente de Gestamp se puede resumir así: abrir Europa a la inversión china, pero obligándola a generar industria europea; proteger las cadenas de suministro estratégicas; recuperar una política industrial a largo plazo; y acelerar la automatización, la digitalización y la IA para mejorar la productividad. Su advertencia final es que el tiempo empieza a jugar en contra del continente: una fábrica puede cerrarse relativamente rápido, pero reconstruir después todo el ecosistema industrial que había a su alrededor resulta mucho más difícil.
