El Gobierno Vasco prepara el terreno para una política específica de IA para el sector audiovisual

El Gobierno Vasco parece estar preparando una estrategia específica para introducir la inteligencia artificial en el sector audiovisual de Euskadi. Al menos, esa es la conclusión que se desprende de tres informes elaborados por Tecnalia y otros colaboradores por encargo público, que analizan de manera complementaria la tecnología disponible, sus implicaciones éticas y el marco jurídico necesario para experimentar con ella. Los documentos no anuncian formalmente una nueva política pública, pero dibujan con bastante precisión los pasos que podría seguir la Administración vasca.


Los estudios van bastante más allá de analizar qué puede hacer ChatGPT. Uno de ellos estudia las posibilidades de utilizar IA generativa durante prácticamente todo el proceso cinematográfico, desde la escritura de guiones y la creación de storyboards hasta la generación de imágenes, vídeo, voces, música y efectos. Su conclusión es que la tecnología ya está suficientemente madura para intervenir de manera significativa en la preproducción y algunas tareas de postproducción, pero todavía no permite producir autónomamente una película profesional completa manteniendo coherencia narrativa y estética.

El segundo indicio de que existe algo más que interés académico es que ya se están probando tecnologías. El informe jurídico asegura que puede considerarse ya constituida una primera especie de «sandbox técnico», en el que la Red Vasca de Ciencia y Tecnología está analizando modelos de lenguaje, soluciones open source y otras tecnologías de IA. El propósito sería determinar cuáles tienen suficiente madurez para pasar posteriormente a pruebas en condiciones próximas a las reales. El documento menciona expresamente la posibilidad de aprovechar infraestructuras existentes en BRTA, Vicomtech y BAIC.

La intención inicial parece haber sido incluso más ambiciosa: crear un sandbox regulatorio audiovisual. Sin embargo, el análisis jurídico concluye que Euskadi no podría hacerlo por su cuenta, porque buena parte de las normas afectadas —propiedad intelectual, regulación audiovisual o determinados aspectos relacionados con protección de datos— dependen del Estado o de la UE. Para crear un verdadero entorno de experimentación con flexibilización regulatoria sería necesario un convenio entre los gobiernos central y vasco. El propio informe termina relativizando la necesidad de llegar tan lejos: considera posible obtener buena parte de las ventajas mediante un laboratorio tecnológico y un entorno de pruebas que respeten íntegramente la legislación vigente.

Hay además una demanda bastante evidente por parte del propio sector. Uno de los trabajos incluye una encuesta a 171 personas vinculadas al audiovisual vasco. El 59,06% asegura utilizar ya herramientas de inteligencia artificial en su actividad profesional y la proporción asciende al 76,19% entre quienes trabajan en producción. Al mismo tiempo, la principal preocupación de los encuestados es precisamente la sustitución del trabajo creativo, mencionada por el 63,16%. Entre los estudiantes, el 90,48% muestra preocupación por el impacto de estas tecnologías sobre el empleo.

Resulta especialmente significativo que el 73,1% utilizaría herramientas de IA desarrolladas en Euskadi siempre que cumplieran criterios éticos claros y estuvieran adaptadas al contexto lingüístico y cultural local. Esto abre la puerta a que la futura política pública no se limite a subvencionar la compra de herramientas estadounidenses o chinas, sino que fomente la adaptación local de modelos existentes.

El euskera aparece precisamente como una de las principales razones para intervenir desde lo público. El informe técnico calcula que representa apenas alrededor del 0,04% del contenido de Common Crawl, uno de los grandes repositorios de información de Internet utilizados en el desarrollo de sistemas de IA, frente al 41-43% correspondiente al inglés. Esta enorme diferencia hace que los modelos funcionen peor en lenguas minoritarias y tengan más dificultades para reproducir correctamente sus particularidades culturales.

Tecnalia desaconseja, sin embargo, empezar la casa por el tejado creando grandes modelos vascos desde cero. Considera más razonable adaptar los ya existentes mediante técnicas como el fine-tuning y alimentarlos con información local. Para ello harían falta corpus en euskera, imágenes, grabaciones, guiones, vídeos y referencias culturales específicamente preparados para entrenar o ajustar estos sistemas.

EITB podría convertirse así en un activo tecnológico además de audiovisual. Entre las fuentes potenciales de datos, el informe menciona expresamente sus archivos, junto a los corpus lingüísticos desarrollados por Hitz Zentroa y Orai, Euskorpora y colecciones de diferentes instituciones culturales. El problema es que buena parte de estos materiales no fueron preparados para entrenar IA: carecen de los metadatos necesarios, tienen una cobertura incompleta de las variantes dialectales y requerirían trabajos importantes de digitalización, anotación y curación.

Las dimensiones que plantea el informe permiten hacerse una idea del proyecto. Para adaptar un modelo de vídeo al contexto vasco estima necesarios entre 100 y 1.000 horas de material correctamente anotado; para voz, entre 100 y 500 horas; para imagen, entre 10.000 y 100.000 fotografías o ilustraciones acompañadas de descripciones y metadatos; y para texto, entre uno y diez millones de tokens procedentes, por ejemplo, de guiones, subtítulos y diálogos. Crear modelos desde cero elevaría esas necesidades varios órdenes de magnitud.

También hay una cuestión de soberanía tecnológica. Los informes advierten de que buena parte de la IA generativa está concentrada en unas pocas grandes tecnológicas internacionales que controlan modelos, capacidad computacional y datasets. Para un sector pequeño como el audiovisual vasco, esta dependencia podría acabar determinando qué herramientas puede utilizar, a qué precio y bajo qué condiciones, además de favorecer a las productoras con mayor capacidad económica frente a los profesionales y empresas pequeñas.

Tecnalia detecta además dudas regulatorias sobre algunas de las herramientas que ya se utilizan para generar vídeo. Su análisis considera débil la situación de plataformas como Runway y LTX Studio respecto a determinados requisitos europeos, califica negativamente a Kling y considera Mootion el caso más problemático de los estudiados. Entre las cuestiones señaladas aparecen la falta de transparencia sobre los datos utilizados para entrenar los modelos, el marcado del contenido generado mediante IA y la existencia de representación jurídica en la UE. Estas valoraciones corresponden al momento en que se elaboró el informe y pueden cambiar conforme las plataformas se adapten a la nueva regulación.

Curiosamente, la formación parece ir por detrás de la utilización real de la tecnología. La revisión realizada para el estudio no encontró una incorporación sistemática de la IA como asignatura específica en la formación audiovisual reglada de Euskadi. Puede aparecer transversalmente dentro de otras materias, pero los investigadores detectan una brecha entre la velocidad con la que la IA está entrando en las empresas y su presencia formal en la enseñanza.

Los tres informes, leídos conjuntamente, dibujan por tanto los componentes de una posible política industrial y cultural: infraestructura para experimentar con modelos, formación de profesionales, creación de datasets en euskera, adaptación de herramientas internacionales al contexto vasco, criterios éticos y jurídicos para utilizarlas y eventualmente un entorno estable de pruebas para empresas y creadores. Ninguno de los documentos permite afirmar todavía que el Gobierno Vasco haya aprobado formalmente esa estrategia, pero resulta difícil considerar casual que haya encargado análisis complementarios precisamente sobre sus piezas tecnológica, ética y regulatoria.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *