Algunas reflexiones sobre el futuro de las cooperativas y de Mondragon

Fagor Aspes
Fagor Aspes (Photo credit: castanias)

A raíz de la debacle de Fagor, algunos medios (por ejemplo, El País) están abriendo estos días un debate sobre el futuro, supuestamente no muy halagüeño, de las sociedades cooperativas. Se habla de su inflexibilidad, de su escasa agilidad y de su incapacidad para reducir personal cuando las cosas tienen mala pinta. Por otro lado, el ex presidente de Mondragon Antonio Cancelo ha expuesto su visión, mucho más optimista, sobre las cooperativas. Analicemos el tema.


Primero los hechos:
– Mondragon en un grupo gigantesco con 200 empresas, 80.000 empleos y una facturación en 2012 de 13.969 millones de euros. Es un primer grupo industrial en el País Vasco y el séptimo en España.

– Es un grupo fuertemente internacionalizado, hasta el punto de que el 70% de su facturación proviene de fuera de España. En el caso de Fagor era incluso más, cerca del 80%.

– Mondragón tiene muchas ventajas sociales: las diferencias salariales son mínimas (1 a 5) y apenas se despide a los trabajadores, entre otras cosas porque echar a un socio es muy complicado. Además, se intenta recolocar al personal en otras empresas del grupo, como está sucediendo con Fagor. Al mismo tiempo, al ser empresas menos jerarquizadas, es más fácil adoptar decisiones que suponen sacrificios para los asalariados, como por ejemplo, reducciones de sueldo.

– Fagor Electrodomésticos era hasta ahora la marca más reconocida de todo el grupo a nivel mundial. Hasta el punto de que muchas cooperativas habían utilizado su nombre, algo de lo que estos días se estarán arrepintiendo sin duda.

– Fagor era la décima empresa vasca por facturación, pero no representa más que el 4% de los empleos del grupo Mondragón.

– El Alto Deba, la zona en la que se encuentran Mondragón y la mayor parte de sus cooperativas, es la comarca con menos paro de toda España. El grupo parece haber demostrado aguantar muy bien la crisis.

– La mayor parte de los trabajadores de Fagor son cooperativistas que no cotizan a la Seguridad Social, con lo que no tienen derecho al paro convencional, con la excepción de los que trabajan en Edesa, que por haber sido una sociedad limitada cooperativizada tienen un régimen especial.

– En lo que va de año han entrado en concurso casi 7.000 empresas en toda España. Evidentemente, Fagor es una de las más grandes, pero no la única.

– Mondragon todavía no ha dado a conocer su cifra de beneficios de 2012, lo que huele a que no es muy positiva e incluso puede ser negativa. Esto demuestra una falta de transparencia que clama al cielo en un grupo que precisamente se vende como «diferente» al resto de empresas privadas.

Y ahora algunas cuestiones más opinativas:

– La información que Fagor compartía con sus socios debía ser muy limitada, lo que explica las reacciones de sorpresa que se han visto estos días entre los cooperativistas. Por otra parte, es ridículo que los trabajadores no se preocuparan más por conocer cuál era la situación real de la empresa que les daba de comer. Aquí mismo ya contamos hace dos años que el auditor, Deloitte, había advertido que veía negro el futuro de la compañía. Los socios de esta cooperativa han demostrado un desapego total por el rumbo financiero de algo que supuestamente es suyo. Les preocupaba el sueldo y punto. Está claro que había un problema de liderazgo y probablemente otro de trasparencia, pero también que los cooperativistas se han funcionarizado y han creído vivir en un mundo de yupi en el que eran intocables.

– Fagor Electrodomésticos llevaba 5 años perdiendo dinero y siete reduciendo su facturación. En ese tiempo apenas ha hecho cambios relevantes. Parece que su único objetivo era esperar a ver si escampaba. Mi interpretación es que una cooperativa que no puede echar a sus socios no tiene otra opción. Por eso creo que es necesario modificar la legislación de este tipo de sociedades para que puedan despedir con mayor facilidad e incluso contratar temporalmente a cooperativistas. Esto introduciría una mayor flexibilidad con el fin de evitar que no haya otra opción que cerrar el negocio por completo.

– Corporación Mondragón tiene un problema serio interno y externo. Estos días se están viendo cuchillos entre algunas de las empresas, nadie parece liderar el barco y las reacciones comunicativas llegan tarde y son insuficientes. Y esto es ridículo. Se trata de un grupo modélico a nivel mundial que debería tener un funcionamiento bien distinto y debería convertirse en un ejemplo para todas las empresas de cómo hacer bien las cosas a nivel relacional, tanto interno como externo.

– Hay muchas cosas del modelo cooperativo que se deberían aplicar en todas las empresas, sea cual sea su forma jurídica. Me refiero especialmente a la supresión de las diferencias entre asalariados y empresarios. Los unos deben sentirse más responsables del barco que les da de comer y los segundos deben tratar de entender mejor las necesidades de la mano de obra y retribuirla no en función de un convenio sino de los resultados que genera. La confrontación entre sindicatos y empresarios es ridícula a día de hoy. Solo las empresas que sepan unificar los intereses de todos sus miembros podrán salir adelante.

– Mondragón vive en medio de un mundo que se rige por los principios del capitalismo y donde la mayor parte de los trabajadores se mueven por intereses más personales que grupales. La corporación no puede vivir al margen de esta realidad y, de hecho, no lo hace. Se me antoja muy complicado retener a los mejores directivos si otras empresas pueden ofrecerles sueldos superiores y me recuerda a lo que sucede en el fútbol con las estrellas del Athletic o la Real Sociedad. Está muy equivocado (y se va a llevar una gran decepción) el que crea que es posible que un grupo tan grande puede funcionar como una secta en la que todos sus miembres creen a pies puntillas en sus valores y su objetivo trascendental. Como vía a estudiar, sugiero mirar a lo que sucede en las startups, donde los trabajadores más brillantes cobran con opciones sobre acciones, pensando más en un sueldo futuro que en uno presente.

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