Rateros digitales

Las gamberradas de unos chavales con sus ordenadores están convirtiéndose en acciones de auténtico terrorismo informático, mientras la policía empieza a actuar.


La policía ha podido comprobar esta semana que los delincuentes y terroristas del siglo XXI utilizarán métodos muy diferentes para cometer sus fechorías. En lo que ha supuesto su tercera intervención en sólo un mes, la ciberpolicía española ha arrestado a cuatro personas en Barcelona que habían colocado un auténtico arsenal de armas electrónicas en la red mundial de ordenadores Internet.

Las metralletas han pasado a ser programas informáticos, las bombas son ahora miles de mensajes de correo electrónico y el típico calcetín que oculta la cara del caco se ha convertido en una clave digital para esconder su identidad. El material intervenido en Barcelona lo dice todo: nueve ordenadores, 152 CD-Rom, cientos de diskettes con programas y un teléfono móvil.

Los piratas o hackers, que así se hacen llamar, detenidos en Barcelona ofrecían gratuitamente, en una especie de bodega de cócteles explosivos, pornografía y programas informáticos que permiten acceder a los ordenadores de empresas y entidades públicas y después destruir o manipular su contenido. Sin embargo, su detención no se ha producido por colaborar con tecnoterroristas, sino por poseer herramientas que permiten abrir los sistemas que protegen los programas informáticos para poder, así, utilizarlos sin pagar su precio. Cualquier usuario de Internet podía acceder a su servicio y utilizar esos programas con total libertad y, hasta ahora, impunidad.

“Quienes fabriquen, distribuyan o posean herramientas para piratear programas deben saber que tienen a la ley en contra suya. Aquí no hay vacío legal”, sentencia Javier Ribas, abogado del despacho barcelonés que presentó la denuncia en nombre de la asociación de fabricantes de software BSA. Ribas asegura, además, que esto sólo ha sido el principio. “Hemos seleccionado al pirata más descarado y más popular, porque había recibido casi medio millón de accesos, y ya estamos presentando denuncias contra otros”, prosigue. “Actuaban con tanto desparpajo que se habían convertido en una especie de Ruiz Mateos pero en Internet”, reconoce José Angel Martos, director de la revista Web.

Lo cierto es que los piratas informáticos han tenido tradicionalmente, en palabras de Martos, una imagen de “Robin Hood modernos que atentan contra las grandes empresas y los poderosos de la información”. Así, los detenidos en Barcelona habían colocado en una de sus páginas pornográficas una “protesta contra los servicios porno de pago” y uno de los grandes objetivos de sus programas era “estafar a Telefónica”.

Esa imagen mítica, adornada por un supuesto vacío legal que afecta a Internet, ha provocado también una cierta solidaridad entre hackers y otras especies que pueblan la red informática. De hecho, en cuanto se conoció el arresto y se produjo el precinto electrónico del ordenador de los piratas, numerosos hackers españoles anunciaron su intención de volver a poner toda la información en sus propios ordenadores, es decir, retar a la autoridad y repetir el delito. “El comunista de ayer, hoy se llama hacker”, apunta Byron, un pirata español, en su página de Internet.

La mayoría de estos hackers son en realidad chiquillos educados en torno a los videojuegos que buscan protagonismo con pequeñas gamberradas informáticas. Sin embargo, los detenidos en Barcelona regentaban un cibercafé, un bar con ordenadores de acceso a Internet, y tenían edades que rondaban los 30 años, aunque el gerente de la empresa sobrepasaba los 40. “Todo esto es muy romántico mientras no le afecte a uno personalmente, pero hay mucho dinero en juego”, apunta Martos, que había entrevistado a los detenidos una semana antes de que conocieran la cárcel.

Los piratas, que habían reconocido que su actividad “roza esa hipotética línea de la ilegalidad”, se defienden diciendo que sólo se dedican a recopilar lo que está disperso por Internet. Otro argumento legal que utilizan son las diversas cláusulas que incorporan en los programas que distribuían y que teóricamente les exoneran de responsabilidad. Por ejemplo, Byron incluye un material como el de los detenidos con la siguiente coletilla: “Estos códigos se ofrecen sólo para el estudio e investigación personal. El uso que vosotros les déis es vuestra responsabilidad”.

Frente a esta incertidumbre legal, Carlos García, jefe del grupo de delitos informáticos de la Policía Nacional, prefiere hablar de “los mismos viejos delitos de siempre cometidos gracias a los nuevos medios informáticos”.
Más allá de las gamberradas, el peligro parece estar en que criminales profesionales y bandas terroristas hagan uso de estas armas electrónicas.

“En la medida en que por Internet circule cada vez más información sensible y empiecen a ser importantes las transacciones económicas, crecerán más los delitos a través de la red”, explicaba recientemente Ignacio Cosidó, jefe del Gabinete Técnico de la Guardia Civil. El capítulo de riesgos incluye un largo repertorio de acciones dignas de Hollywood, como atentados contra sistemas informáticos de empresas, manipulación de las cotizaciones bursátiles o cambios de datos personales. “Es cierto que al colocarlo todo en la red aumentan los riesgos de ataques, pero las empresas se están protegiendo muy bien para hacer frente al terrorismo informático”, matiza Alberto Alvarez, director técnico de Sarenet, una compañía de servicios Internet.

Lo cierto es que los principales cuerpos policiales del mundo, como el FBI, Scotland Yard o la Gendarmería francesa, disponen de unidades especializadas para perseguir el crimen informático. La Guardia Civil tendrá pronto su cuartelillo virtual y pretende también recibir denuncias a través de Internet.

En la Conferencia Internacional sobre Seguridad celebrada recientemente en Bruselas, varios expertos policiales señalaron el riesgo de que los grupos terroristas trasladen a Internet parte de sus actividades criminales. Ha trascendido, por ejemplo, que la Guardia Civil investiga un posible uso por parte de ETA de ordenadores en Suiza y Holanda para intercambiar mensajes entre sus grupos operativos y algunos dirigentes afincados en el Caribe.

Se sabe también que diversos familiares de presos de ETA utilizan frencuentemente la red y fuentes del Gobierno Vasco han reconocido el enorme interés de la banda terrorista por utilizar Internet como medio publicitario. La Ertzaintza dispone, asimismo, de un grupo de policías preparados para intervenir en las redes informáticas y para poder descifrar las claves que se utilizan para ocultar el contenido de los mensajes. “Internet tiene un gran potencial para realizar diversos tipos de delitos”, admite un portavoz de la Consejería de Interior del Gobierno Vasco tras reconocer que ya se han detectado casos de terroristas que utilizan redes privadas para enviarse mensajes en clave.

En otras latitudes, la policía ha comprobado que, por ejemplo, las mafias rusas se comunican frecuentemente con sus “delegados” en el Caribe mediante mensajes electrónicos encriptados. Se ha llegado a relacionar a uno de estos grupos con un banco que opera a través de Internet desde la isla caribeña de Anguila y que sólo utiliza dinero electrónico, un mecanismo de pago que facilita el lavado de dinero procedente del tráfico de drogas o armas. El grupo terrorista islámico Hezbollah y el IRA tienen también servicios en Internet a disposición de sus simpatizantes. Y es que el ciberespacio se está convirtiendo en un campo de batalla.

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