Bonopark y la tradición bicicletera vasca

La bicicleta vueve a estar de moda, especialmente como medio de circulación urbano. Hasta el punto de que todas las ciudades se están poniendo al día, a base de crear aparcamientos y sistemas de alquiler de vehículos de dos ruedas. En municipios como Donostia lo han hecho especialmente bien, de la mano de una empresa navarra, Bonopark.


Lo cierto es que la tradición bicicletera vasca, y especialmente de Eibar, es muy importante. En la localidad armera nacieron marcas como Torrot, BH u Orbea, aunque luego se marcharon por falta de espacio o de negocio. El sector no tiene hoy, sin embargo, nada que ver con lo que fue.

BH ya no fabrica en Euskadi, aunque tiene una importante tienda online, BikeOS. Orbea es la compañía más relevante, gracias a su importante internacionalización, que le ha llevado por ejemplo a ser la empresa que mejor usa las redes sociales en Euskadi. Y hay pequeños fabricantes de componentes e incluso de bicis artesanas que no lo están haciendo nada mal. Sin dejar de mencionar a Aparka, un proyecto de aparcamientos de la firma vasca Klap (Emaús + Cedemos) que ha ganado recientemente un premio en EE.UU.

En el ámbito de las bicicletas de alquiler municipal dos entidades sin ánimo de lucro, Emaús y Rezikleta, compiten en varios lugares:
– Emaús (Biziprest) se hace cargo del servicio en Bilbao, Leioa, Getxo y Zumaia con tecnología de ICTL, una empresa de Valladolid.
– Rezikleta (Bizimeta) se hace cargo del servicio en Barakaldo y en Uribe-Kosta

Por mi experiencia personal, el uso de estas bicicletas está exclusivamente ligado al ocio, probablemente porque los ayuntamientos todavía no confían excesivamente en las posibilidades de estos vehículos. Al margen del problema que representan los desplazamientos entre varios municipios, que no cubren por ahora estos servicios, sin que las diputaciones se hayan puesto por ahora las pilas.

A mi juicio, el sistema más potente de todos los que se han establecido hasta el momento es el de Donostia, dBizi, lo que también está relacionado con que la infraestructura de carriles-bici de la capital guipuzcoana es desde hace años el más completo. Se basa en 12 estaciones y 100 bicicletas, todas ellas eléctricas, por lo que se pueden usar fácilmente para subir cuestas.

La empresa responsable de su instalación ha sido Bonopark, sociedad constituida en 2009 en Pamplona por Miguel Vital y que desde 2013 está participada por la compañía guipuzcoana Pesa. Con la aportación económica de cerca de un millón de euros de la firma de autobuses controlada por las familias Perurena y Aizpurua, Bonopark pudo hacer frente a este contrato y a uno aún más espectacular: el de Madrid, con sus más de 1.500 bicicletas.

Pero hasta el momento las cosas no le han ido muy bien. Si en Donostia, la puesta en marcha se retrasó seis meses sobre lo previsto en la adjudicación del servicio (de febrero a agosto de 2013), en Madrid se ha encontrado con múltiples fallos técnicos. Curiosamente, en Donostia, un concejal del PP criticó que se hubieran elegido bicicletas eléctricas, por ser “un plus de complicación”. El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por este mismo partido, eligió también esta opción y se ha encontrado con un caos de vehículos que no funcionan día tras día y un sistema informático que hace aguas y que incluso ha sido hackeado.

Y es una pena, porque si algo tiene Bonopark es una tecnología propia, tanto para fabricar los vehículos (las Booster Bikes), como los anclajes, los cargadores, el GPS antirrobo e incluso el software. Es raro que las administraciones públicas promocionen producto hecho en el país y, para una vez que lo hacen, tampoco vamos a criticarles demasiado.

No hay que olvidar en este sentido lo ocurrido con Urbikes, una firma catalana que ganó el concurso de bicis urbanas de Copenhague y que ha tenido finalmente que retirarse ante la carencia de fondos con los que fabricar los 11.000 vehículos. Finalmente, la tecnología y el contrato se lo ha quedado una firma alemana

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