Informe de Orkestra sobre Bizkaia: ¿Estamos confundiendo bienestar con competitividad?

La Diputación de Bizkaia ha presentado estos días un nuevo diagnóstico de competitividad elaborado por Orkestra. El documento dibuja una imagen razonablemente positiva del territorio: empresas rentables, niveles elevados de productividad, mejora del bienestar, reducción de desigualdades y una notable capacidad de resistencia ante las crisis de los últimos años.


La pregunta es si estamos hablando realmente de competitividad o de otra cosa. Porque una lectura detallada de los mensajes principales del informe deja una sensación curiosa. Más que describir la capacidad de Bizkaia para competir en una economía global cada vez más exigente, parece describir las ventajas de vivir en ella. Y ambas cuestiones, aunque relacionadas, no son exactamente lo mismo.

Nadie puede negar que Bizkaia sigue siendo un territorio atractivo para residir. Cuenta con una buena sanidad pública, una educación de calidad, niveles de seguridad elevados y una renta media superior a la española. Tampoco es discutible que muchas de sus empresas continúan siendo referentes en sectores industriales avanzados.

Sin embargo, cuando se analiza la competitividad de un territorio, las preguntas relevantes son otras:

  • ¿Estamos atrayendo más inversión extranjera que hace diez años?
  • ¿Elegiría una multinacional establecer aquí su sede para el sur de Europa?
  • ¿Somos capaces de atraer talento internacional en la misma medida que Madrid, Dublín o Ámsterdam?
  • ¿Están naciendo startups tecnológicas con capacidad para convertirse en líderes europeos?
  • ¿Estamos generando nuevos centros de decisión empresariales o, por el contrario, los estamos perdiendo?

Son cuestiones incómodas, pero esenciales. El problema es que buena parte de los indicadores utilizados actualmente por muchos organismos internacionales y centros de investigación han ampliado enormemente el concepto de competitividad. Ya no se trata únicamente de productividad, exportaciones, inversión o crecimiento empresarial. Ahora también se incorporan variables relacionadas con el bienestar, la cohesión social, la sostenibilidad o la calidad de vida.

La intención es comprensible. Un territorio no debería medirse únicamente por su riqueza económica. Pero existe un riesgo evidente: que acabemos llamando competitividad a cualquier cosa positiva. Cuando eso ocurre, los diagnósticos se vuelven menos útiles.

Un territorio puede ofrecer una excelente calidad de vida y, al mismo tiempo, estar perdiendo posiciones en la carrera económica internacional. Puede tener servicios públicos de calidad y sufrir dificultades para atraer nuevas empresas. Puede presentar buenos indicadores sociales mientras observa cómo los centros de decisión empresarial se desplazan hacia otros lugares.

Y precisamente ahí es donde aparecen algunas de las grandes dudas sobre el futuro de Bizkaia. Durante las últimas décadas, Madrid se ha convertido en el principal polo de atracción empresarial de España. Cada vez más compañías sitúan allí sus centros de decisión. La inversión internacional se concentra en gran medida en la capital. Muchas startups que nacen en otras regiones terminan trasladándose allí para acelerar su crecimiento.

Mientras tanto, Bizkaia sigue destacando en industria, pero encuentra más dificultades para atraer grandes proyectos empresariales externos. Zorrotzaurre, concebida durante años como un gran distrito de innovación y negocios, continúa muy lejos de convertirse en el motor internacional que algunos imaginaron. Los grandes anuncios de implantaciones empresariales suelen estar protagonizados por compañías locales que cambian de ubicación dentro del propio territorio.

Nada de esto significa que Bizkaia esté en declive. Tampoco que el informe de Orkestra sea incorrecto. Lo que sí plantea es una cuestión de fondo: si el marco utilizado permite detectar los problemas reales que afronta el territorio. Porque cuando se mezclan bienestar y competitividad en una misma ecuación existe el riesgo de obtener conclusiones tranquilizadoras incluso cuando algunas señales empiezan a ser preocupantes.

Es perfectamente posible que Bizkaia siga siendo uno de los mejores lugares de Europa para vivir y, al mismo tiempo, esté perdiendo atractivo relativo para emprender, invertir o ubicar centros de decisión empresariales. De hecho, ambas afirmaciones podrían ser ciertas a la vez. Y quizás ahí reside el verdadero debate que debería abrir este informe.

No si vivimos bien. Eso ya lo sabemos. La cuestión es si dentro de diez o quince años seguiremos teniendo una economía lo suficientemente dinámica como para sostener ese bienestar. Porque el bienestar es una consecuencia. La competitividad, en cambio, es una condición necesaria para que ese bienestar pueda mantenerse en el tiempo.

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