Las grandes empresas empiezan a cuestionar el corporate venture capital
Durante la última década parecía que toda gran empresa necesitaba su propio fondo para invertir en startups. Desde petroleras hasta fabricantes de automóviles o trenes (como CAF), bancos, tecnológicas o compañías de alimentación, el corporate venture capital (CVC) se convirtió en uno de los símbolos de la innovación empresarial.
Sin embargo, esa época parece estar llegando a su fin. El último ejemplo lo ha protagonizado BP, que ha decidido cerrar su brazo inversor, BP Ventures, y vender buena parte de su cartera de participadas. La decisión no es un hecho aislado, sino uno de los síntomas más visibles de un cambio de mentalidad entre las grandes corporaciones, que empiezan a preguntarse si realmente merece la pena mantener este tipo de fondos.
Entre 2018 y 2022 los fondos corporativos vivieron una auténtica edad de oro. El dinero era barato gracias a los bajos tipos de interés y las empresas buscaban desesperadamente formas de acercarse a la innovación. Invertir en startups ofrecía múltiples ventajas sobre el papel: acceso temprano a nuevas tecnologías; posibilidad de identificar futuras adquisiciones; imagen de empresa innovadora; impulso a los objetivos de sostenibilidad; y contacto directo con el ecosistema emprendedor.
Según datos de CB Insights, durante aquellos años las grandes corporaciones participaron en miles de operaciones de inversión en startups en todo el mundo. Pero la realidad terminó siendo mucho más compleja. El principal problema del corporate venture capital es que intenta perseguir dos objetivos que no siempre son compatibles. Por un lado, el fondo debe obtener rentabilidad financiera. Por otro, debe generar valor estratégico para la empresa matriz.
En la práctica, ambas metas suelen entrar en conflicto. Si una startup despega con fuerza, normalmente su valoración aumenta tanto que deja de ser una adquisición razonable para la corporación. Si fracasa, la inversión pierde valor. Y cuando simplemente sobrevive, muchas veces las sinergias prometidas nunca llegan a materializarse. Numerosos directivos reconocen además que integrar una startup dentro de una gran organización resulta mucho más difícil de lo previsto.
BP Ventures nació hace casi dos décadas con el objetivo de identificar tecnologías energéticas disruptivas. Durante esos años invirtió en empresas relacionadas con: movilidad eléctrica; almacenamiento energético; hidrógeno; captura de carbono; inteligencia artificial aplicada a la energía.
Ahora, sin embargo, la petrolera ha decidido vender la mayor parte de esas inversiones y concentrar sus recursos en las actividades principales del grupo. La decisión encaja con el giro estratégico impulsado por su nuevo consejero delegado, que está reforzando las inversiones tradicionales en petróleo y gas tras las dificultades financieras sufridas durante la transición energética.
Aunque pocos grupos han llegado tan lejos como BP, numerosas multinacionales han reducido de forma significativa la actividad de sus fondos. Intel Capital sigue siendo uno de los mayores inversores corporativos del mundo, pero ha reducido el ritmo de nuevas operaciones mientras Intel concentra sus recursos en recuperar competitividad en los semiconductores.
Shell Ventures y Chevron Technology Ventures continúan activos, aunque con un enfoque mucho más selectivo y centrado en tecnologías directamente útiles para su negocio. En el sector tecnológico, Salesforce Ventures y M12, el fondo de Microsoft, también invierten hoy con mucha más cautela que durante el boom de 2021. La tendencia no es tanto cerrar los fondos como exigirles un impacto mucho más claro.
Otro factor que está modificando el panorama es la inteligencia artificial. Hasta hace pocos años muchas empresas utilizaban sus fondos para detectar tecnologías emergentes que no podían desarrollar internamente. Hoy buena parte de esas capacidades pueden construirse dentro de la propia organización gracias a las herramientas de IA generativa y al menor coste de desarrollar software. En lugar de comprar participación en una startup, muchas compañías prefieren establecer acuerdos comerciales, licenciar tecnología o desarrollar soluciones propias.
No todos los sectores están siguiendo este camino. Las grandes farmacéuticas continúan siendo algunas de las inversoras corporativas más activas. La razón es sencilla: buena parte de la innovación biomédica nace precisamente en pequeñas compañías biotecnológicas, por lo que mantener una presencia temprana en ese ecosistema sigue siendo una ventaja competitiva. También permanecen especialmente activos los fondos vinculados a la defensa, los semiconductores o determinadas tecnologías industriales.
Más que el final del corporate venture capital, lo que parece estar terminando es la idea de que toda gran empresa necesitaba un fondo para parecer innovadora. Durante años mantener un vehículo de inversión se convirtió casi en un elemento de prestigio corporativo. Hoy los consejos de administración vuelven a hacer la pregunta más incómoda: ¿qué rentabilidad real está generando? El cierre de BP Ventures sugiere que, al menos para algunas multinacionales, la respuesta ya no resulta suficientemente convincente.
Algunos ejemplos relevantes:
| Corporación | Qué ha hecho |
|---|---|
| BP | Cierra BP Ventures y vende la mayoría de las participaciones. (2026) (Reuters) |
| Unilever | Cerró Unilever Ventures en su formato original y pasó a una estructura mucho más selectiva, priorizando adquisiciones directas frente a inversiones minoritarias. |
| Salesforce | Salesforce Ventures sigue existiendo, pero ha reducido considerablemente el ritmo inversor respecto al boom de 2021-2022. |
| Microsoft | M12 continúa operando, aunque con una estrategia mucho más disciplinada y menor volumen de operaciones. |
| Intel | Intel Capital sigue activo, pero desde la crisis del negocio de chips ha rebajado el número de nuevas inversiones para concentrarse en tecnologías estratégicas. |
| Chevron | Chevron Technology Ventures continúa, aunque ha reorientado la cartera hacia negocios directamente vinculados con la descarbonización de sus operaciones. |
| BMW | BMW i Ventures sigue invirtiendo, pero con mayor exigencia de retorno financiero y estratégico. |
| Shell | Shell Ventures permanece activo, aunque tras el giro estratégico de Shell hacia mayor rentabilidad también ha endurecido los criterios de inversión. |
