corrupcionLa política cada día apesta más. Sobre todo, cuando se mezcla con constructoras e inmobiliarias. Muchas cosas encajan cuando se une la adjudicación de Caja Castilla La Mancha a Cajastur con la visita de Jabyer Fernández a la sede socialista tras las últimas elecciones y la noticia que hoy publica El Correo sobre la compra por parte de Iurbentia de un terreno en Fernán Caballero (Ciudad Real) por 7 millones de euros.

Aquí todos sacaban cacho:
- Los empresarios (todos los que estaban en Iurbentia y no sólo Jabyer Fernández), que podrían edificar tras la correspondiente recalificación.
- Los políticos (un ex senador socialista, entre otros), que vendían por 7 millones de euros un terrenito valorado ante Hacienda en 43.700 euros. Obviamente, alguien había prometido que se recalificaría.

El tema es apestoso. Y lo peor de todo es que hasta el español (y vasco) medio sabe que esto es muy habitual. Se recalifica y se saca cazo en muchos sitios, aunque todos sospechamos que hay zonas donde esto es exagerado. Creíamos que sólo ocurría en el Mediterráneo, pero ahí tenemos Castro-Urdiales para desengañarnos.

Yo tengo la sensación de que en Euskadi la corrupción es mucho menor, aunque también existe. Y no hay más que ver lo que ha sucedido en Bakio o en Barrika. Por no hablar del ex senador Víctor Bravo (¡pobre Senado!). De todas formas, este sistema tiene que cambiar. Si la construcción genera tanta corrupción, creo que hay que poner las recalificaciones en manos de una institución que genere plena confianza (no en los ayuntamientos) o incluso pasar estas obras por completo del sector privado al público, donde existen más controles.

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