Radiografía de la RGI: ¿funciona realmente y cuánto fraude hay?

La noticia de que Lanbide ha dado por perdidos cerca de 38 millones de euros pagados indebidamente a perceptores de la RGI desde 2022 ha vuelto a poner bajo discusión el funcionamiento de la principal ayuda social vasca. Desde ese año han prescrito 18.601 expedientes de reintegro porque la Administración no consiguió recuperar las cantidades dentro del plazo establecido. La cifra procede de respuestas del Gobierno Vasco a preguntas parlamentarias y ha reabierto dos cuestiones que acompañan a la Renta de Garantía de Ingresos prácticamente desde su creación: ¿sirve realmente para que sus beneficiarios puedan salir adelante y abandonar la ayuda? ¿Y cuánto fraude existe realmente en el sistema?

La primera sorpresa es que la RGI es bastante más compleja de lo que sugiere el debate público. Durante 2025 la percibieron en algún momento 71.807 titulares diferentes y el gasto neto en RGI y Prestación Complementaria de Vivienda (PCV) ascendió a 411,2 millones de euros. Pero no todos esos perceptores son personas desempleadas que viven exclusivamente de la ayuda: 18.212 trabajaban y utilizaban la RGI para complementar unos ingresos laborales insuficientes y otros 17.169 eran pensionistas. Solo 29.933 estaban clasificados como parados y otros 6.493 estaban exentos de intermediación laboral (incapacitados, estudiantes o cuidadores de familiares)

La evolución histórica muestra, de hecho, que durante muchos años la RGI reaccionó con bastante claridad al mercado laboral. Entre 2012 y 2022 existe una correlación muy elevada entre la tasa de paro y el número de titulares de la prestación: cuando aumentó el desempleo durante la crisis aumentaron también los perceptores y, cuando mejoró el mercado laboral, disminuyeron. En 2014 Euskadi tenía una tasa de paro del 16,1% y 65.687 titulares de RGI; en 2022 ambas cifras habían caído hasta el 8,6% y 49.413, respectivamente. Incluso durante la pandemia se reprodujo el patrón: al aumentar temporalmente el paro en 2020 también repuntó la RGI.

Pero la RGI descendió bastante menos que el paro. Entre 2014 y 2022 la tasa de desempleo vasca se redujo aproximadamente un 47%, mientras que el número de titulares de RGI cayó un 25%. La diferencia tiene una explicación importante: no todos los perceptores están desempleados. La prestación también complementa salarios y pensiones y cubre a personas exentas de intermediación laboral.

En 2025, de los 71.807 titulares diferentes que pasaron por la RGI, solo 29.933 estaban parados; 18.212 trabajaban, 17.169 eran pensionistas y 6.493 estaban exentos de intermediación laboral. Estos últimos son personas a las que, por determinadas circunstancias personales, Lanbide no exige estar disponibles para trabajar ni participar en sus procesos ordinarios de intermediación.

Por eso no sería correcto utilizar los 71.807 perceptores para medir el éxito laboral de la RGI. Para saber si la prestación ayuda a regresar al mercado de trabajo hay que concentrarse fundamentalmente en esos aproximadamente 30.000 desempleados. Y ahí falta precisamente la estadística más importante: una serie histórica homogénea que permita saber cuántos perceptores desempleados había cada año y compararlos con la evolución del paro general.

Hay, sin embargo, una señal de posible cronificación que merece atención. En 2025 había 14.097 titulares que llevaban más de diez años vinculados a la RGI, otros 11.921 entre seis y diez años y 15.809 entre tres y cinco. En conjunto, el 36% llevaba más de cinco años y casi el 20% superaba la década. Pero tampoco podemos interpretar esas cifras como 14.097 personas que llevan diez años sin trabajar: entre ellas hay trabajadores, pensionistas y personas no sujetas a intermediación laboral. Para determinar el verdadero grado de cronificación falta cruzar antigüedad en la RGI con situación laboral.

El comportamiento de los últimos años merece además un análisis separado porque la relación entre paro y RGI parece haberse roto. En 2023, mientras la tasa de paro siguió bajando, de aproximadamente el 8,6% al 7,8%, los titulares de RGI aumentaron de 49.413 a 56.144. El salto coincide con la entrada en funcionamiento del nuevo sistema vasco de garantía de ingresos, que modificó requisitos, cuantías y compatibilidad con otros ingresos, por lo que no puede atribuirse sin más a un empeoramiento de la inserción laboral.

Estos datos tampoco permiten concluir que 14.097 personas lleven más de diez años viviendo sin trabajar gracias a la RGI. Entre ellas hay trabajadores que reciben complementos salariales, pensionistas y personas con situaciones que las eximen de buscar empleo. De hecho, 1.843 de esos perceptores de más de diez años pertenecen a la modalidad de complemento de rentas del trabajo.

Para evaluar correctamente el grado de cronificación falta un dato que Lanbide no publica en sus tablas principales: cruzar la antigüedad con la situación laboral y conocer cuántos de los aproximadamente 30.000 perceptores desempleados llevan cinco o diez años dependiendo de la prestación.

Lo que sí sabemos es que el perfil de una parte importante de los desempleados que cobran la RGI hace particularmente difícil su incorporación al mercado laboral. Una investigación de las economistas Sara de la Rica y Lucía Gorjón realizada con los registros administrativos completos de Lanbide encontró que, en los datos analizados de 2015-2016, alrededor del 60% de los perceptores desempleados no tenía estudios secundarios y el 52% llevaba más de dos años buscando trabajo. El grupo más numeroso estaba formado precisamente por mayores de 30 años, desempleados de muy larga duración y con estudios primarios como máximo.

Esta circunstancia se refleja directamente en sus posibilidades de encontrar empleo. En aquella investigación, un desempleado que cobraba RGI tenía una probabilidad media mensual de encontrar trabajo de aproximadamente el 3%, frente al 9% de los desempleados que no recibían la prestación. Pero el estudio introducía un matiz fundamental: cuando se comparaban individuos con características equivalentes, no encontraba que cobrar la RGI retrasase, en promedio, la incorporación al trabajo. Buena parte de la diferencia se explicaba porque quienes llegan a la RGI parten de una situación mucho peor en términos de formación y duración del desempleo.

La investigación sí detectó dónde parece estar una de las principales soluciones: la formación. Las políticas activas de empleo y, especialmente, la formación tenían un efecto positivo significativo sobre la probabilidad de encontrar trabajo entre los perceptores de la RGI. Sin embargo, pese a que teóricamente todos los perceptores desempleados debían participar en políticas de activación, solo alrededor del 40% había participado en alguna durante los seis meses anteriores.

La propia OCDE llegó posteriormente a una conclusión parecida sobre Lanbide. En su análisis del mercado laboral vasco señalaba que en 2019 únicamente el 23% de los perceptores de RGI aptos para trabajar había sido acompañado hasta un empleo. También advertía de la elevada carga administrativa que suponía gestionar la prestación: Lanbide estimaba que un expediente de RGI exigía cuatro veces más tiempo que el de otro demandante de empleo y la carga de trabajo alcanzaba los 427 casos por trabajador dedicado a activación.

La reforma de la RGI intenta precisamente corregir este problema haciendo compatible protección y activación laboral. Los perceptores que pueden trabajar tienen obligaciones de búsqueda de empleo y participación en las medidas de inclusión, mientras que la RGI puede complementar un salario insuficiente. Euskadi tampoco constituye una excepción internacional: todos los países de la UE disponen de alguna modalidad de renta mínima y la tendencia europea es precisamente combinar una renta de último recurso con obligaciones de activación, formación y acompañamiento hacia el empleo.

Euskadi destaca, en realidad, por la elevada cobertura de su sistema. La OCDE señala que País Vasco y Navarra han sido las excepciones españolas en las que las rentas mínimas autonómicas alcanzaban una cobertura próxima o superior a la población potencialmente beneficiaria, mientras que en muchas comunidades españolas no llegaban al 50%.

La RGI exige además participar en medidas de activación e inclusión, estar inscrito como demandante de empleo cuando corresponde y extiende determinadas obligaciones a la unidad familiar. Por ello, tener más perceptores que otro territorio no demuestra por sí mismo que el sistema funcione peor: también puede significar que llega a una proporción mayor de las personas pobres.

La comparación europea tampoco permite identificar un único modelo ganador. La Comisión Europea constata enormes diferencias entre los sistemas de renta mínima en cobertura, cuantía y exigencias de activación. En torno al 35% de la población europea en edad laboral en riesgo de pobreza ni siquiera está cubierta por una renta mínima u otra prestación social.

La comparación correcta de la RGI con Francia, Alemania, Países Bajos o Finlandia debería combinar por ello cuatro variables: cobertura de los pobres, reducción efectiva de la pobreza, permanencia en la prestación y capacidad de reincorporar al empleo a quienes pueden trabajar.

La evidencia disponible ofrece así una respuesta bastante matizada a la pregunta de si la RGI funciona. Como instrumento contra la pobreza, diferentes evaluaciones han encontrado efectos positivos y la cobertura vasca es elevada. Tampoco existe evidencia de que cobrarla reduzca, en promedio, la probabilidad de encontrar empleo una vez consideradas las características de los beneficiarios.

Pero existe un núcleo importante de perceptores de larga duración y las evaluaciones disponibles señalan una utilización insuficiente de las políticas de activación. La gran incógnita sigue siendo cuántos de los desempleados de larga duración continúan durante años dentro del sistema y cuántos consiguen abandonarlo gracias a un empleo.

Precisamente el bajo nivel educativo de muchos perceptores plantea si la formación debería desempeñar un papel mucho mayor dentro de la RGI. La normativa ya permite exigir participación en medidas de activación y formación, pero los datos históricos indican que su aplicación efectiva ha sido limitada.

Si seis de cada diez perceptores desempleados analizados por De la Rica y Gorjón carecían de educación secundaria y la formación aumentaba significativamente sus probabilidades de empleo, vincular de manera mucho más intensa prestación, cualificación y búsqueda de empleo aparece como una de las cuestiones centrales para evaluar futuras reformas.

La segunda gran polémica de la RGI es el fraude, y aquí resulta fundamental no confundir fraude con cobro indebido. Lanbide reclama dinero siempre que determina que una persona recibió una prestación superior a la que le correspondía, pero eso puede deberse a una falsedad deliberada, al incumplimiento de una obligación, a información incorrecta, a cambios en los ingresos o incluso a desajustes en el funcionamiento de la propia Administración. La Ley vasca establece expresamente que pueden aparecer cantidades indebidas como consecuencia de actualizaciones de cuantía, controles, revisiones administrativas o procedimientos sancionadores.

El antiguo funcionamiento de la RGI generaba precisamente enormes cantidades de cobros indebidos sin que necesariamente existiese fraude. Cuando una persona encontraba un trabajo o modificaba sus ingresos, Lanbide podía tardar en recalcular la prestación y continuar abonándole una cantidad que posteriormente le reclamaba. El nuevo sistema trimestral pretende evitar precisamente estas situaciones: Lanbide explica que ahora los cobros indebidos deberían generarse fundamentalmente cuando se detecten incumplimientos o datos erróneos.

Las cantidades reclamadas, en cualquier caso, son muy elevadas. Las respuestas parlamentarias obtenidas por Gananzia permiten calcular que Lanbide reclamó por cobros indebidos aproximadamente 29,3 millones de euros en 2022, 35,9 millones en 2023, 57,4 millones en 2024 y 25,7 millones en 2025. Durante los seis primeros meses de 2026 se habían generado otros 17,8 millones. No todo ese dinero corresponde a fraude ni son cantidades definitivamente perdidas: una parte importante acaba siendo recuperada.

La capacidad de recuperación ha sido históricamente considerable, aunque muy desigual. Calculando los porcentajes sobre los importes incluidos en las respuestas parlamentarias, Lanbide había recuperado aproximadamente el 72% de las cantidades reclamadas en 2022, el 76% de las de 2023 y el 71% de las de 2024. Para 2025 el porcentaje baja al 48% y para el primer semestre de 2026 al 26%, pero estas dos últimas cifras no son directamente comparables porque esas deudas han tenido mucho menos tiempo para ser cobradas.

El problema aparece con las cantidades que nunca se recuperan. Entre 2022 y 2026 han prescrito 18.601 deudas por unos 38 millones de euros. Solo en 2022 fueron 12.148 expedientes por 29 millones; en 2025 prescribieron otros 3.488 por siete millones. Lanbide explica que la prescripción se produce cuando no ha conseguido recuperar la deuda dentro del plazo legal. A ello se añaden 37.349 procedimientos de apremio iniciados entre 2022 y 2025 para intentar cobrar cantidades pendientes.

La dificultad para recuperar el dinero enlaza además con otro problema descubierto en las respuestas parlamentarias: localizar a determinados perceptores. En 2025 Lanbide realizó 707.956 notificaciones relacionadas con RGI y PCV y 74.990, el 10,59%, terminaron recurriendo a la publicación oficial después de que no pudiera practicarse la notificación por las vías anteriores. Y, una vez publicado el anuncio en el Boletín Oficial del País Vasco, únicamente el 1,13% de los interesados acudió a la correspondiente oficina de Lanbide a recoger la notificación durante los cinco días hábiles siguientes.

Notificaciones de Lanbide que acaban en edicto (publicación en el Boletín Oficial):

AñoNotificaciones RGI/PCVAcaban en edicto% en edicto
2022316.21237.56811,88%
2025707.95674.99010,59%
2026 (ene-jul)440.64243.5459,88%

El problema de localización tiene consecuencias económicas. Entre 2022 y 2025, 9.969 procedimientos de apremio correspondían a deudas que previamente habían sido notificadas exclusivamente mediante edicto. Además, las propias cifras de Lanbide muestran que las deudas notificadas de esta manera se recuperan con mucha más dificultad que aquellas cuya comunicación se consigue practicar personalmente. No hay dinero en la cuenta.

Pero los datos disponibles tampoco sostienen que exista un fraude masivo equivalente al volumen de cobros indebidos. Lanbide creó a finales de 2023 una unidad específica con 19 inspectores y revisó las 5.426 prestaciones concedidas mediante declaración responsable durante aquel año.

De aquella revisión inicialmente solo surgieron catorce procedimientos de control que podían terminar con la extinción de la prestación y 18 expedientes fueron derivados a las fuerzas policiales. Existen casos de fraude real —en 2025, por ejemplo, la Ertzaintza investigó a una beneficiaria acusada de obtener irregularmente 46.380 euros durante varios años—, pero deben diferenciarse de los simples pagos indebidos.

El propio Lanbide asegura que la reforma está reduciendo sustancialmente estos problemas. Su director general, Francisco Pedraza, afirmó en julio de 2026 que los pagos indebidos habían caído a la mitad en un año y que el número de infractores estaba disminuyendo, aunque reconocía que continuaban existiendo conductas fraudulentas. El objetivo declarado por el organismo es alcanzar el «fraude cero».

Cobros indebidos no significa fraude:

IndicadorDatoQué significa
Importe reclamado por indebidos 202229,3 M€Dinero que Lanbide determinó que debía devolverse
Importe reclamado 202335,9 M€Incluye ajustes, incumplimientos y errores; no solo fraude
Importe reclamado 202457,4 M€Año excepcionalmente elevado
Importe reclamado 202525,7 M€Fuerte reducción respecto a 2024
Recuperado de las deudas de 202272,2%Aproximadamente 21,1 M€
Recuperado de las deudas de 202376,1%Aproximadamente 27,3 M€
Recuperado de las deudas de 202471,4%Aproximadamente 41,0 M€
Deudas prescritas 2022-202638,0 M€Cantidades que ya no pudieron recuperarse
Deudas prescritas18.601Expedientes afectados

Fuente: elaboración propia a partir de respuestas del Gobierno Vasco a preguntas parlamentarias. Los porcentajes de recuperación están ponderados por importe. Una deuda por cobro indebido no implica necesariamente fraude.

La radiografía resultante es, por tanto, bastante diferente de las dos caricaturas habituales sobre la RGI. No es cierto que sus más de 70.000 perceptores sean desempleados que viven de las ayudas: aproximadamente la mitad trabaja o es pensionista. Tampoco los decenas de millones reclamados cada año pueden identificarse automáticamente con fraude, porque buena parte de los cobros indebidos se origina por ajustes de ingresos, incumplimientos o problemas administrativos.

Pero tampoco faltan señales de problemas estructurales. Casi 14.100 perceptores llevan más de diez años vinculados a la RGI; las evaluaciones disponibles muestran que muchos desempleados beneficiarios tienen una cualificación muy baja y que históricamente solo una minoría participaba suficientemente en políticas de activación; Lanbide genera decenas de millones de euros anuales en reclamaciones por cobros indebidos; 38 millones han terminado prescribiendo desde 2022; y una de cada diez notificaciones administrativas acaba recurriendo a la publicación oficial porque no ha podido practicarse por las vías anteriores.

La evidencia disponible ofrece así una respuesta bastante más compleja a la pregunta de si la RGI funciona. Durante buena parte de la última década el número de perceptores disminuyó conforme bajaba el paro, lo que indica que una parte de ellos abandonaba el sistema cuando mejoraba el mercado laboral.

Pero la RGI cayó mucho menos que el desempleo y sigue existiendo un importante colectivo de larga duración. Saber si ese diferencial se explica por trabajadores y pensionistas —que legítimamente permanecen en la prestación— o por desempleados que se cronifican exige un dato que Lanbide debería publicar: cuántos de sus perceptores desempleados llevan cinco y diez años cobrando la RGI y cuántos salen cada año porque encuentran trabajo.

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