¿Puede Multiverse convertirse en un problema para Donostia?

El espectacular crecimiento de Multiverse Computing es probablemente una de las mejores noticias económicas que ha recibido Gipuzkoa en los últimos años. La startup donostiarra de inteligencia artificial ha superado los 400 trabajadores, ha alcanzado una valoración superior a los 2.000 millones de euros y pretende seguir incorporando centenares de profesionales altamente cualificados. Pero un éxito de semejante magnitud también empieza a provocar efectos secundarios: Gananzia ha podido confirmar que empresas tecnológicas de Donostia están teniendo dificultades para competir con Multiverse a la hora de contratar y retener determinados perfiles.


Lo que está sucediendo en Boise permite entender el fenómeno. La capital de Idaho, donde residen muchas personas de origen vasco, está viviendo una transformación alrededor de Micron, el gigante estadounidense de los semiconductores, que está invirtiendo miles de millones de dólares para ampliar allí su capacidad de fabricación. La creación de miles de empleos directos e indirectos, muchos de ellos bien remunerados, genera actividad económica y atrae población, pero también aumenta la competencia por trabajadores, viviendas y servicios. Es la otra cara de conseguir atraer una gran inversión tecnológica.

Las magnitudes no son comparables, pero el mecanismo sí puede serlo. Multiverse no va a crear miles de puestos de trabajo en Donostia de la noche a la mañana y su inversión está muy lejos de la necesaria para levantar una fábrica de semiconductores. Pero Donostia tampoco es una gran metrópoli. Tiene unos 190.000 habitantes (325.000 con su área metropolitana) y un mercado relativamente reducido de ingenieros, matemáticos, físicos, informáticos y especialistas en inteligencia artificial. La aparición de un empleador dispuesto a contratar varios centenares de ellos puede alterar considerablemente ese mercado.

Multiverse ha pasado en muy pocos años de startup a convertirse en uno de los grandes empleadores tecnológicos de la ciudad. La compañía cerró 2024 con alrededor de 180 trabajadores y en marzo de 2026 ya superaba los 400 en todo el mundo. Los planes vinculados a la inversión pública estatal contemplan la creación de hasta 300 nuevos puestos directos altamente cualificados en San Sebastián y alrededor de 1.000 indirectos.

El efecto ya empieza a percibirse entre las empresas tecnológicas donostiarras. Gananzia ha podido confirmar que compañías de la ciudad están teniendo dificultades para competir con Multiverse por determinados profesionales. La empresa de inteligencia artificial dispone de una capacidad financiera muy superior a la de una pequeña tecnológica local y, además, compite por talento en un mercado internacional. Algunas empresas se enfrentan así a una alternativa incómoda: mejorar salarios y condiciones para retener a sus profesionales o asumir que una parte de ellos puede marcharse.

Para una pyme el problema puede ser especialmente importante. Multiverse pesca en un ecosistema compuesto por universidades, centros de investigación y tecnológicos, empresas industriales y numerosas pequeñas compañías de software. Una organización con cientos o miles de empleados puede absorber la marcha de varios profesionales. Para una startup o una pyme tecnológica, perder uno o dos buenos programadores puede suponer la desaparición de una parte importante de su conocimiento interno.

Multiverse puede estar elevando así indirectamente los salarios tecnológicos de Donostia. No hace falta que todos los ingenieros terminen trabajando para ella. Si otra compañía quiere impedir que sus mejores profesionales se marchen, tendrá que acercar sus condiciones a las que ofrece el nuevo competidor. Y si necesita sustituir a quienes se van, tendrá que presentar ofertas suficientemente atractivas para captar trabajadores en un mercado en el que ahora existe un comprador adicional con muchos recursos.

Los escasos datos salariales disponibles apuntan en esa dirección, aunque deben manejarse con cautela. Las remuneraciones comunicadas anónimamente por trabajadores a portales como Glassdoor sitúan algunos puestos sénior de ingeniería de software de Multiverse claramente por encima de los salarios habituales de muchas empresas tecnológicas locales. La compañía ofrece además en determinadas vacantes ayudas para el traslado, patrocinio de visados y otros incentivos propios de una organización que busca profesionales internacionalmente.

La paradoja es considerable. Durante décadas, las instituciones vascas han destinado dinero público a crear un ecosistema capaz de generar precisamente compañías como Multiverse: empresas tecnológicas globales que creen empleo cualificado, atraigan profesionales internacionales y eviten que los mejores ingenieros vascos tengan que marcharse a Madrid, Londres o Estados Unidos. Ahora que finalmente ha aparecido una de ellas, el problema de retención de talento no desaparece necesariamente: puede trasladarse desde Euskadi hacia las empresas vascas más pequeñas.

Y Multiverse no es el único nuevo gran empleador científico de Donostia. Viralgen ha protagonizado durante los últimos años un crecimiento igualmente llamativo en otro sector. Creada en 2017 para producir vectores virales destinados a terapias génicas, cuenta ya con más de 400 profesionales en sus instalaciones donostiarras. En menos de una década, Multiverse y Viralgen han generado conjuntamente centenares de empleos científicos y tecnológicos en una ciudad relativamente pequeña.

Viralgen pudo provocar ya un primer shock sobre determinados perfiles científicos y técnicos. Su crecimiento exigió contratar rápidamente especialistas en biotecnología, producción, calidad y laboratorio, algunos procedentes necesariamente del ecosistema existente y otros atraídos desde fuera. Multiverse está reproduciendo ahora ese proceso entre ingenieros, matemáticos y especialistas en software e inteligencia artificial. La suma de ambos fenómenos es probablemente más importante que cualquiera de ellos por separado.

La siguiente consecuencia puede aparecer en un lugar especialmente delicado: la vivienda. Donostia tenía uno de los mercados inmobiliarios más caros de España mucho antes de que existieran Multiverse y Viralgen. Sería absurdo responsabilizar a estas compañías de un problema estructural que viene de décadas atrás. Pero precisamente porque la oferta es escasa y los precios ya son extraordinariamente elevados, la llegada de nuevos profesionales con salarios altos puede añadir presión sobre determinados segmentos del mercado.

Donostia se disputa actualmente con Madrid, Barcelona y Palma los primeros puestos del alquiler más caro de España, dependiendo de la fuente y la metodología utilizada. En compraventa la situación es todavía más extrema: el precio por metro cuadrado se encuentra entre los mayores del país y diversos estudios la sitúan como la ciudad española en la que mayores ingresos necesita un hogar para poder comprar una vivienda. Para una empresa que quiere traer ingenieros desde Madrid, Londres, Berlín o cualquier otra ciudad europea, encontrar dónde alojarlos puede convertirse en parte del problema de contratación.

Aquí aparece una segunda paradoja. Los salarios elevados que ofrece una empresa como Multiverse permiten que sus trabajadores soporten mejor esos alquileres. Pero precisamente esa capacidad adquisitiva puede hacer todavía más difícil competir por determinadas viviendas a profesionales locales con remuneraciones más bajas. Unos cientos de ingenieros no pueden explicar por sí solos el precio de la vivienda de Donostia, pero sí pueden generar presión adicional en un mercado pequeño, rígido y previamente tensionado.

El fenómeno podría terminar extendiéndose incluso fuera de San Sebastián. Si los trabajadores no encuentran vivienda asumible en la ciudad, localidades conectadas como Errenteria, Pasaia, Hernani, Lasarte-Oria o incluso otros puntos de Gipuzkoa pueden absorber una parte de esa demanda. La mejora de las conexiones y el teletrabajo amplían el mercado residencial disponible, aunque también pueden trasladar gradualmente parte de la presión inmobiliaria hacia el entorno metropolitano.

Pero el efecto Multiverse tiene también una vertiente potencialmente muy positiva. Si la compañía llega a concentrar varios centenares de ingenieros y científicos en Donostia, algunos terminarán probablemente creando sus propias empresas. Es el mecanismo que explica buena parte del desarrollo de los grandes ecosistemas tecnológicos: una compañía crece, forma trabajadores y directivos, atrae profesionales internacionales y capital y, con el tiempo, algunos empleados salen para poner en marcha nuevos proyectos.

Viralgen podría producir un fenómeno parecido alrededor de la biotecnología. La concentración en una ciudad pequeña de Multiverse y Viralgen, junto a DIPC, CIC nanoGUNE, CIC biomaGUNE, Tecnalia, Vicomtech, CEIT y las universidades, aumenta considerablemente la densidad de conocimiento. Donostia puede acabar teniendo algo que las administraciones llevan años intentando fabricar mediante incubadoras, aceleradoras y subvenciones: un mercado laboral científico suficientemente grande para que los profesionales puedan cambiar de empresa sin tener que abandonar el territorio.

El verdadero desafío consiste en conseguir que este círculo virtuoso no termine expulsando a los actores más débiles. Si las startups locales no pueden competir por ingenieros, si los investigadores no pueden permitirse vivir en la ciudad o si las nuevas empresas necesitan pagar salarios desproporcionados simplemente para compensar el coste de la vivienda, una parte de las ventajas de la concentración tecnológica puede terminar perdiéndose.

Donostia puede estar descubriendo así el precio de conseguir aquello que llevaba décadas buscando. Multiverse y Viralgen representan exactamente el tipo de compañías que Euskadi quería crear y atraer: internacionales, intensivas en conocimiento, capaces de pagar buenos salarios y de generar empleo cualificado. El problema ya no es cómo conseguir que aparezcan. Es cómo adaptar una ciudad pequeña y extraordinariamente cara a las consecuencias de su éxito.

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