¿Por qué los vascos hacen tantas huelgas? Euskadi concentra un tercio de las de toda España

Hay un dato sobre el mercado laboral vasco que resulta difícil de explicar: Euskadi apenas concentra el 4,5% de los trabajadores españoles pero en 2025 acogió prácticamente una de cada tres huelgas de todo el Estado. Fueron 208 de un total de 648 y provocaron 163.857 jornadas no trabajadas, el 23% de todas las perdidas en España.

Dicho de otra manera, en relación con su población ocupada, en Euskadi se convocan unas siete veces más huelgas de las que le corresponderían si la conflictividad laboral estuviera repartida uniformemente por España.

Y no se trata de una anomalía de un año concreto. Los datos del Consejo de Relaciones Laborales (CRL) contabilizan 2.523 huelgas en Euskadi durante la última década, con 472.777 participantes y 1,68 millones de jornadas no trabajadas. Son unas 250 huelgas anuales.

El récord reciente se produjo en 2022, cuando Euskadi llegó a concentrar 342 de las 679 huelgas registradas en España. Es decir, la mitad. Aquel año fueron especialmente conflictivos el metal de Bizkaia, Mercedes-Benz en Vitoria, Bizkaibus y las residencias.

¿Por qué se hacen tantas huelgas en Euskadi? La primera explicación que puede venir a la cabeza es su mayor peso industrial. Las grandes fábricas facilitan la organización sindical porque concentran cientos o miles de trabajadores en un mismo centro y cuentan generalmente con plantillas estables y comités de empresa potentes.

Pero esta explicación no sirve para 2025. De hecho, el 62% de las huelgas vascas de ese año se produjeron en los servicios, que concentraron además el 86,5% de los participantes y nada menos que el 92,9% de las jornadas no trabajadas. Tres de cada cuatro huelguistas trabajaban además en el sector público.

La principal responsable fue la enseñanza pública no universitaria, donde las sucesivas movilizaciones generaron por sí solas 112.020 jornadas no trabajadas. Es decir, aproximadamente dos terceras partes de todas las jornadas perdidas por huelgas en Euskadi.

La industria sí explica, sin embargo, buena parte de la elevada conflictividad de otros años. En 2021 y 2022 generó respectivamente el 80,9% y el 79,8% de las jornadas perdidas. El propio CRL advierte por ello de que uno o dos grandes conflictos sectoriales pueden alterar completamente las estadísticas de cada ejercicio.

ELA y LAB tienen el 60% de los delegados

Hay otra particularidad vasca que probablemente explica mucho mejor la diferencia con el resto de España: su estructura sindical. Euskadi es la única comunidad autónoma en la que CCOO y UGT han quedado relegados a un papel secundario por dos organizaciones, ELA y LAB, con estrategias mucho más orientadas hacia la movilización.

Según los datos oficiales de las elecciones sindicales de mediados de 2025, ELA concentraba el 40,46% de la representación y LAB otro 20,53%. Entre ambos sumaban por tanto el 61% de los delegados sindicales vascos. CCOO tenía un 17,62% y UGT apenas un 10,27%.

La diferencia no es simplemente ideológica. ELA ha construido buena parte de su estrategia alrededor de una elevada autonomía financiera y de la capacidad de sostener huelgas largas. Tiene más de 100.000 afiliados entre Euskadi y Navarra y una estructura económica que le permite financiar una caja de resistencia para compensar a los trabajadores que dejan de percibir su salario durante determinados conflictos.

Eso modifica sustancialmente el equilibrio entre empresa y trabajadores. Una de las principales armas de una compañía ante una huelga prolongada es precisamente el coste económico que soportan los empleados al dejar de cobrar. Una caja de resistencia reduce este problema y permite prolongar considerablemente algunos conflictos.

También introduce un incentivo adicional para afiliarse: un trabajador puede comprobar de forma muy tangible la utilidad económica de pertenecer al sindicato cuando empieza una huelga. Se produce así una especie de círculo que se retroalimenta: una elevada afiliación permite disponer de más recursos, esos recursos hacen posibles conflictos más prolongados y la capacidad de obtener resultados mediante esos conflictos refuerza a su vez al sindicato.

Hacer muchas huelgas no significa necesariamente trabajar en peores condiciones

Este fenómeno permite cuestionar otra explicación intuitiva. Que en Euskadi haya muchas más huelgas no significa necesariamente que las condiciones laborales sean mucho peores. Podría suceder justamente lo contrario: que haya más huelgas porque los trabajadores tienen mayor capacidad para hacerlas.

Declararse en huelga resulta relativamente sencillo para un trabajador fijo de una gran industria con un comité de empresa fuerte, varios sindicatos detrás y eventualmente una caja de resistencia. Es bastante más complicado para un empleado temporal de una pequeña empresa de servicios en una comunidad con escasa implantación sindical.

La estadística de huelgas mide por tanto la conflictividad, pero también indirectamente el poder de negociación de los trabajadores. Esto ayudaría a explicar una aparente paradoja. Euskadi combina salarios superiores a la media española, una tasa de paro inferior, mayor presencia de empleos industriales y una elevada negociación colectiva con una conflictividad laboral extraordinariamente superior.

No necesariamente son fenómenos contradictorios. Parte de esas mejores condiciones podría ser precisamente consecuencia de una mayor capacidad sindical para presionar a las empresas.

La competencia sindical también influye

Hay además un elemento específicamente vasco difícil de medir: la competencia entre sindicatos. ELA y LAB compiten por una parte considerable del mismo electorado laboral y mantienen estrategias reivindicativas más agresivas que CCOO y UGT. En determinados conflictos, aceptar un convenio que otro sindicato considera insuficiente puede tener posteriormente consecuencias en las elecciones sindicales de la empresa.

Esta competencia puede elevar las reivindicaciones y dificultar los acuerdos, aunque resulta prácticamente imposible determinar qué parte de la excepcional conflictividad vasca responde a este fenómeno. También existe una tradición histórica propia de relaciones laborales.

El fuerte peso de la industria, la existencia durante décadas de grandes concentraciones obreras y una implantación sindical muy superior a la de otras zonas españolas han generado estructuras que permanecen incluso ahora que la economía vasca se ha terciarizado.

De hecho, ELA ya tiene prácticamente tantos afiliados en servicios y sector público como en industria. De sus 104.159 afiliados contabilizados a comienzos de 2025, unos 39.000 pertenecían a industria y construcción, 34.000 a servicios públicos y otros 31.000 al resto de servicios.

En 2025 fueron sobre todo funcionarios

El dato de 2025 exige además una importante matización. Presentarlo simplemente como que «los trabajadores vascos realizaron un tercio de las huelgas españolas» puede llevar a pensar en fábricas paralizadas por conflictos salariales. La realidad fue bastante diferente.

El 75,7% de los participantes en las huelgas vascas eran trabajadores del sector público y estos generaron el 74,7% de las jornadas perdidas. La enseñanza pública fue con enorme diferencia el principal conflicto. También ocurrió algo parecido, aunque con menor intensidad, en el conjunto de España. Las jornadas perdidas por huelgas en el sector público aumentaron un 68% en 2025, hasta 374.705, mientras que en el privado cayeron un 29%, hasta 307.054.

Pero incluso teniendo en cuenta esta circunstancia, la sobrerrepresentación vasca sigue siendo extraordinaria. España tenía una media de 22,2 millones de ocupados en 2025 y Euskadi rondaba el millón. Por tanto, aproximadamente uno de cada 22 trabajadores españoles era vasco. Sin embargo, casi una de cada tres huelgas se desarrolló aquí y prácticamente una de cada cuatro jornadas laborales perdidas correspondió a Euskadi.

Es difícil encontrar una única explicación. La peculiar estructura sindical vasca, el dominio de ELA y LAB, las cajas de resistencia, la tradición industrial, la fortaleza de la negociación colectiva, la competencia entre organizaciones y el importante peso del empleo público probablemente se superponen.

Lo que sí parece claro es que no estamos ante una casualidad estadística. En los últimos diez años Euskadi ha registrado una media de unas 250 huelgas anuales y en algunos ejercicios ha llegado a concentrar la mitad de todas las celebradas en España.

Los vascos no parecen hacer más huelgas porque trabajen necesariamente en peores condiciones que los demás. Una explicación bastante más plausible es que tienen sindicatos mucho más fuertes y, por tanto, una capacidad considerablemente mayor para hacerlas.

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