¿Por qué cae la cotización de Siemens Energy si Gamesa ha vuelto a beneficios?

Siemens Gamesa parece haber dejado atrás lo peor de su crisis. La antigua empresa vasca de aerogeneradores ha conseguido beneficios trimestrales por primera vez desde 2022 y su matriz, Siemens Energy, está batiendo récords de pedidos, ventas y resultados. Sin embargo, ocurre algo aparentemente contradictorio: las acciones de Siemens Energy cotizan alrededor de un 22% por debajo del máximo que alcanzaron en abril.

La explicación es que la Bolsa ya no está juzgando a Siemens Energy por los problemas de Gamesa. El mercado considera que buena parte de esa recuperación está descontada y ahora tiene otras preocupaciones: la elevadísima valoración que alcanzó el grupo, las dudas sobre la sostenibilidad del boom energético asociado a la inteligencia artificial y, sobre todo, la posibilidad de una nueva reorganización corporativa de gran calado.

La situación es paradójica porque los últimos resultados han sido excelentes. Siemens Energy recibió pedidos por 17.900 millones de euros durante su tercer trimestre fiscal y elevó sus ventas un 18,5%, hasta 11.450 millones. El beneficio antes de extraordinarios se disparó hasta 1.623 millones y el beneficio neto trimestral alcanzó 1.188 millones. Y esta vez Gamesa ayudó en lugar de restar.

Siemens Gamesa obtuvo en el trimestre 56 millones de euros de beneficio, frente a unas pérdidas de 425 millones un año antes. Su resultado ajustado antes de intereses, impuestos y amortizaciones (EBITA) fue positivo en 75 millones. Las ventas crecieron un 9,5%, hasta 2.743 millones.

Es una transformación importante para un negocio que durante años ha sido el gran agujero negro de Siemens Energy. La mejora se explica, entre otros factores, por la recuperación de las entregas de las turbinas terrestres 4.X y 5.X, el recorte de costes y una utilización más eficiente de las fábricas. La compañía mantiene además el objetivo de terminar el conjunto del ejercicio 2026 en equilibrio.

Pero hay un dato que invita a la prudencia: los nuevos pedidos de Gamesa cayeron un 77% durante el trimestre. La empresa todavía dispone de una cartera de unos 31.000 millones, por lo que no tiene un problema inmediato de carga de trabajo, pero el desplome de la contratación impide interpretar un trimestre positivo como la demostración definitiva de que todos sus problemas han desaparecido.

La explicación más sencilla de la caída bursátil está en el gráfico de los últimos años. Siemens Energy se ha convertido en una de las grandes estrellas de la Bolsa europea. En apenas dos años su cotización llegó a multiplicarse aproximadamente por siete, impulsada inicialmente por la expectativa de recuperación de Gamesa y posteriormente por el enorme crecimiento de la demanda de turbinas de gas y equipamiento eléctrico.

La acción alcanzó 195,38 euros el 24 de abril. El 21 de agosto cerraba a 151,80 euros. Es decir, ha perdido aproximadamente un 22% desde máximos, aunque todavía acumula una subida cercana al 63% en doce meses.

Por tanto, más que un castigo por el funcionamiento actual de la empresa, puede hablarse de una corrección después de una revalorización extraordinaria. Los inversores que compraron Siemens Energy cuando Gamesa amenazaba incluso la estabilidad financiera del grupo han obtenido enormes plusvalías. Y las expectativas incorporadas al precio son ahora muchísimo mayores.

Además, Gamesa ha dejado de ser el principal argumento de inversión de Siemens Energy. Actualmente son mucho más importantes las turbinas de gas y las redes eléctricas. La explosión de los centros de datos necesarios para la inteligencia artificial ha provocado una enorme demanda de electricidad en Estados Unidos. Las tecnológicas necesitan nuevas centrales y redes para alimentar instalaciones que consumen cantidades gigantescas de energía.

Siemens Energy es uno de los grandes beneficiarios porque fabrica precisamente turbinas de gas y equipos eléctricos. Aproximadamente el 20% de los nuevos pedidos del grupo está relacionado con la demanda energética generada por la IA, según ha explicado su consejero delegado, Christian Bruch. La compañía está incluso preparando una inversión de 1.000 millones de dólares para ampliar su capacidad de producción de turbinas y equipos de redes en Estados Unidos.

Esto explica una parte importante de la espectacular subida de la acción, pero introduce también un riesgo: Siemens Energy ha pasado a cotizar parcialmente como una empresa vinculada al boom de la inteligencia artificial. Si las enormes inversiones previstas en centros de datos se retrasan o reducen, las expectativas sobre fabricantes de turbinas y equipamiento eléctrico también podrían revisarse.

Bruch intenta precisamente combatir esta percepción. Su argumento es que el 80% de los pedidos procede de otros mercados y que el crecimiento mundial del consumo eléctrico, la renovación de las redes y las necesidades de seguridad energética continuarán aunque se enfríe la fiebre de la IA.

A este problema de valoración se ha añadido otro más inmediato. Siemens Energy está estudiando una profunda reorganización del grupo. El proyecto, denominado internamente Voyager, contempla distintas alternativas para separar la división Transformation of Industry, que fabrica, entre otras cosas, compresores y turbinas de vapor y emplea a unas 17.000 personas. El consejo de supervisión está analizando la operación, pero todavía no existe una decisión definitiva.

Desde un punto de vista financiero, la lógica es comprensible. Siemens Energy podría concentrarse todavía más en los negocios que el mercado valora con mayores múltiplos: redes eléctricas, turbinas de gas y, una vez saneada, energía eólica. Pero cualquier escisión introduce costes, incertidumbres laborales y riesgos de ejecución. Y los inversores no saben todavía exactamente qué activos permanecerán dentro del grupo. Esta incertidumbre parece estar pesando actualmente más en Bolsa que la recuperación de Gamesa.

La transformación será incluso nominal. Siemens Energy ya ha anunciado que abandonará progresivamente la marca Siemens, cuyo uso depende de una licencia de su antigua matriz, y adoptará una nueva denominación corporativa: Omterra. La misma marca terminará sustituyendo también a Siemens Gamesa.

La operación permitirá ahorrarse unos 300 millones de euros en licencias de marca, pero tiene también un importante significado simbólico. Siemens Energy quiere dejar definitivamente atrás tanto su dependencia histórica de Siemens como la crisis asociada durante los últimos años a Gamesa. El resultado será una compañía bastante distinta de la que salió a Bolsa en 2020.

Lo más significativo de la actual caída bursátil es precisamente que Gamesa prácticamente ha desaparecido de la lista de principales preocupaciones de los inversores. Hace apenas tres años ocurría exactamente lo contrario. Los fallos de las turbinas terrestres de Gamesa obligaron a provisionar miles de millones, hundieron la cotización de Siemens Energy y llevaron al grupo a necesitar garantías públicas del Gobierno alemán.

Ahora Gamesa gana dinero trimestralmente y Siemens Energy presenta cifras récord. La compañía espera terminar 2026 con unos 4.000 millones de euros de beneficio neto y 8.000 millones de flujo de caja libre antes de impuestos, unas previsiones que había elevado ya en abril. La Bolsa, sin embargo, siempre intenta anticipar lo que sucederá después.

La pregunta ya no es si Gamesa puede dejar de perder dinero. Es cuánto vale una Siemens Energy que ha multiplicado espectacularmente su cotización gracias al boom de las redes, las turbinas de gas y la inteligencia artificial, y que al mismo tiempo prepara una profunda reorganización corporativa.

Por eso pueden suceder simultáneamente dos cosas que solo aparentemente son contradictorias: Gamesa vuelve a beneficios mientras las acciones de Siemens Energy caen. En realidad, la recuperación de Gamesa es precisamente una de las razones por las que Siemens Energy llegó a valer tanto. Ahora que esa recuperación se ha producido, el mercado necesita nuevos argumentos para justificar el precio.

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