Mazzucato deja de estar de moda… en Euskadi

Hubo un tiempo en que la economista italiana Mariana Mazzucato se convirtió en una de las referencias intelectuales favoritas de la política vasca. El PNV la contrató como asesora. Bildu la citaba con frecuencia. Sus libros circulaban por despachos institucionales y foros económicos. En una de sus visitas a Bilbao llegó incluso a fotografiarse junto a Andoni Ortuzar y otros dirigentes nacionalistas.


Sin embargo, hace años que su nombre ha desaparecido prácticamente del debate público vasco. No porque sus tesis hayan sido refutadas, sino porque Euskadi nunca terminó de aplicar aquello que Mazzucato defendía.

La economista italiana alcanzó notoriedad internacional con una idea tan sencilla como incómoda: los grandes avances tecnológicos y económicos no surgen únicamente de la iniciativa privada, sino también de administraciones públicas capaces de asumir riesgos, definir misiones estratégicas y construir capacidades propias. Frente a la visión de un Estado que se limita a regular o subvencionar, Mazzucato reivindica un sector público emprendedor.

Y ahí es precisamente donde comenzaron los problemas. Las instituciones vascas mostraron inicialmente entusiasmo por sus planteamientos. Sobre el papel parecía existir una coincidencia de objetivos. Sin embargo, mientras Mazzucato defendía administraciones fuertes y con capacidad técnica propia, en Euskadi se consolidó un modelo basado en la externalización creciente de la estrategia pública hacia grandes consultoras internacionales.

No es un asunto menor. De hecho, una de las críticas más recurrentes de Mazzucato se dirige precisamente contra firmas como PwC, Deloitte, KPMG o EY, a las que acusa de sustituir progresivamente la capacidad de análisis y decisión de las administraciones públicas en beneficio de intereses privados.

El caso del Bilbao Accelerator Tower (BAT) ilustra bien esta contradicción. La torre del emprendimiento impulsada por la Diputación de Bizkaia nació como uno de los grandes proyectos para fortalecer el ecosistema innovador del territorio. Sin embargo, la gestión y definición del proyecto quedaron ampliamente apoyadas en PwC. Lo que inicialmente se presentaba como un ejemplo de administración emprendedora acabó pareciendo un ejemplo más de dependencia de las consultoras.

El tiempo ha dejado imágenes especialmente simbólicas. Andoni Ortuzar, uno de los dirigentes que compartió protagonismo con Mazzucato durante aquellos años, terminaría incorporándose posteriormente a PwC como asesor. Más allá de la valoración personal que cada uno quiera hacer, el movimiento refleja la estrecha relación existente entre política institucional y consultoría privada, precisamente uno de los fenómenos que la economista italiana lleva años denunciando.

Algo parecido ocurrió con la llamada «fiscalidad ODS», uno de los proyectos más ambiciosos impulsados por la Diputación de Bizkaia para convertir el territorio en un referente europeo de las finanzas sostenibles. La idea era relativamente sencilla. Bizkaia otorgaría certificaciones específicas a fondos de inversión que destinaran al menos el 75% de sus activos a inversiones alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El objetivo era atraer vehículos financieros internacionales y construir alrededor de ellos una nueva industria especializada, siguiendo en cierta medida modelos como Luxemburgo o Irlanda. La propuesta encajaba perfectamente con algunas de las áreas de trabajo en las que Mazzucato había participado como asesora internacional.

Sin embargo, el proyecto nunca alcanzó el desarrollo esperado. La adaptación normativa necesaria no llegó a completarse y la iniciativa fue perdiendo protagonismo hasta desaparecer prácticamente del debate económico. Lo paradójico es que muchas de las ideas defendidas por Mazzucato siguen presentes en las políticas públicas actuales.

La semana pasada Bilbao reunió a cerca de 200 representantes de gobiernos, entidades financieras, organismos internacionales e inversores de impacto para debatir nuevas fórmulas de financiación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El encuentro, organizado con el respaldo de Naciones Unidas, perseguía movilizar cientos de millones de dólares hacia proyectos vinculados a la Agenda 2030.

Es difícil encontrar una iniciativa más alineada con la visión de Mazzucato sobre el papel de las instituciones públicas como movilizadoras de capital hacia grandes misiones colectivas. La diferencia es que ya casi nadie menciona su nombre.

Quizá porque el problema nunca fueron las ideas de Mazzucato. El problema era que aplicarlas exigía construir capacidad propia dentro de las administraciones, asumir riesgos y reforzar equipos públicos capaces de liderar transformaciones económicas complejas. Y eso resulta mucho más difícil que contratar a una consultora para que redacte la estrategia.

Mazzucato dejó de estar de moda en Euskadi. Pero no porque sus ideas hayan envejecido mal. Más bien porque obligaban a las instituciones a convertirse en aquello que siempre dijeron querer ser y nunca terminaron de construir.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *