IVF: Mucho músculo, pocas inversiones y demasiadas explicaciones

Hay entrevistas que sirven para conocer al personaje. Y hay otras que sirven para poner a prueba su discurso. La que Mikel Calvo publica en Diario Vasco con la directora general del Instituto Vasco de Finanzas (IVF), Amaia del Villar, pertenece a la segunda categoría. Es una buena entrevista porque el periodista no se limita a ofrecer un escaparate institucional: mete el dedo en el ojo varias veces y obliga a la entrevistada a justificar decisiones muy discutibles.


El resultado es interesante. No tanto porque las respuestas despejen las dudas, sino porque en varios momentos las refuerzan. Uno de los ejemplos más llamativos llega con la compra de Ayesa Digital (Ibermática). Preguntada por la decisión de Kutxa Fundazioa de quedarse fuera de la operación por considerar excesivo el riesgo, Del Villar responde:

Nosotros corroboramos interna y externamente que el precio era de mercado, y lo avalan los socios privados que sí entraron (Kutxabank, BBK, Vital y Teknei).

La afirmación merece detenerse un momento. ¿Dónde está la prueba de que el precio era «de mercado»? No aparece ninguna valoración independiente, ningún múltiplo comparable, ninguna referencia a operaciones similares ni ningún dato financiero. El único argumento consiste en decir que otros socios «privados» también participaron.

Pero llamar «socios privados» a BBK, Vital o Kutxabank resulta, cuanto menos, discutible. Son entidades cuya vinculación histórica e institucional con el ecosistema público vasco es evidente y que forman parte de la propia Alianza Financiera Vasca impulsada por el Gobierno. Presentarlas como una validación independiente del precio es un ejercicio bastante creativo.

La entrevista deja otra confesión interesante cuando se repasa la actividad del IVF. La directora enumera como grandes operaciones recientes: Iparlat, Arteche, Ohmnia, Enagás, Talgo, Ayesa o Grupo Arania. Pero el listado plantea una pregunta incómoda. ¿Cuántas inversiones realmente nuevas ha realizado el IVF?

Porque incluir Iparlat o Arteche como ejemplos de actividad resulta discutible. En ambos casos, más que generar nuevas inversiones, lo que se ha producido es un cambio de manos dentro del propio perímetro público o parapúblico. Es decir, el dinero apenas ha salido del mismo circuito institucional.

No parecen precisamente ejemplos del dinamismo inversor que justificaría la creación de una gran maquinaria pública de inversión. Y ese quizá sea el aspecto más llamativo de toda la entrevista. El IVF ha pasado de ser una institución relativamente pequeña a contar con 19 profesionales y dos nuevas contrataciones en marcha. La propia directora presume de ello:

Hemos crecido el último año hasta ser 19 personas ahora mismo y estamos contratando a dos personas más.

La pregunta inevitable es qué volumen de operaciones justifica semejante estructura. Porque, repasando la cartera, cuesta encontrar una sucesión de inversiones complejas que requieran un equipo de casi veinte especialistas en fusiones, banca de inversión, análisis de riesgos, consultoría estratégica y despachos de abogados.

Al contrario. Varias de las operaciones generan dudas por motivos diferentes. En CAF o Enagás hablamos de compañías cotizadas. Comprar acciones de empresas que cotizan en Bolsa difícilmente requiere disponer de un ejército de analistas propios. Miles de gestores profesionales lo hacen cada día.

En Ohmnia resulta difícil desligar la operación de la estrategia política de crear un «campeón industrial vasco» alrededor de José Antonio Jainaga. Una apuesta legítima, si se quiere, pero claramente política. En Ayesa siguen sin despejarse las dudas sobre el precio pagado. Y Talgo es una operación antigua que se hizo para traspasar acciones que Kutxabank iba a poner en el mercado.

Quizá el único caso que, visto desde fuera, parece responder claramente a la misión original del IVF sea Vicinay. Ahí sí existe un empresario dispuesto a apostar por una actividad industrial de alto riesgo tecnológico y el apoyo público puede tener sentido como mecanismo para compartir riesgo y favorecer una transformación industrial. Pero también con una perspectiva a largo plazo y cero financiera.

Precisamente por eso sorprende aún más otra de las respuestas de la entrevista. Cuando Del Villar explica el Fondo de Deuda reconoce que éste está «liderado por la gestora Oquendo Capital». Es decir, el IVF ha sido capaz de ampliar plantilla, incorporar perfiles de banca de inversión y consultoría, pero a la hora de gestionar uno de los instrumentos financieros más importantes termina externalizando la gestión.

Lo que inevitablemente lleva a preguntarse para qué sirve exactamente toda esa estructura interna si una parte relevante del trabajo especializado debe realizarla un tercero. La entrevista también deja una frase reveladora:

Nuestro objetivo no es como el del sector privado, que tiene la urgencia o la necesidad de hacer operaciones sí o sí.

Probablemente sea cierto. Pero el problema quizá sea justamente el contrario. Después de ampliar plantilla, crear nuevos vehículos, movilizar cientos de millones y presentar la Alianza Financiera Vasca como uno de los grandes proyectos económicos de la legislatura, cuesta identificar un historial de inversiones verdaderamente transformadoras que justifique semejante despliegue institucional.

Y esa es quizá la principal conclusión que deja la entrevista. No tanto por lo que Mikel Calvo pregunta, sino por lo que las respuestas terminan revelando. El IVF transmite la imagen de una institución que ha crecido mucho más deprisa que su capacidad para demostrar resultados. Mucha estructura. Muchos fondos. Muchos anuncios. Pero todavía pocas operaciones capaces de convencer por sí mismas, sin necesidad de pedir al lector un acto de fe.

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