Las dudas detrás de la «IA soberana» de Multiverse: china, «sanitizada» y ahora también cuántica

Multiverse Computing está construyendo buena parte de su estrategia comercial alrededor de un concepto atractivo para gobiernos y grandes empresas europeas: la «IA soberana». Pero cuanto más explica la compañía donostiarra qué hay detrás de su modelo Quasar, más difícil resulta determinar exactamente dónde empieza esa soberanía y dónde termina el márketing.

Su modelo estrella parte del GLM-5.2 desarrollado por la china Z.ai, Multiverse modifica después algunas de sus respuestas políticas para adecuarlo a Europa y la última versión incorpora incluso datos generados mediante computación cuántica. Todo ello mientras la empresa continúa presentándolo como «el mejor modelo europeo».

La paradoja empieza por el propio origen de Quasar. Multiverse no ha entrenado desde cero el modelo de 438.000 millones de parámetros que comercializa, sino que ha utilizado como punto de partida GLM-5.2, un modelo de pesos abiertos desarrollado en China. La compañía aplica posteriormente CompactifAI, su tecnología de compresión, para reducir su tamaño y abaratar su funcionamiento. Su propia documentación técnica describe ahora sin ambigüedad a Quasar como «a compressed model built from GLM-5.2».

Esto no resta necesariamente valor tecnológico a lo que hace Multiverse, pero sí plantea una cuestión sobre el significado de «IA soberana». La compañía utiliza ya el término de manera recurrente y prepara incluso Multiverse Computing Foundry, una plataforma que presenta expresamente como infraestructura de «sovereign AI».

Su acuerdo con Zylon permitirá además que bancos, organismos públicos y empresas de defensa ejecuten modelos comprimidos dentro de sus propias instalaciones, sin que los datos abandonen su infraestructura. Esta última característica sí aporta una forma muy concreta de soberanía: control sobre los datos y sobre dónde se ejecuta el modelo.

Pero soberanía sobre los datos, soberanía sobre la infraestructura y soberanía sobre el modelo no son necesariamente lo mismo. Europa puede controlar dónde se ejecuta Quasar y Multiverse puede modificar profundamente su funcionamiento, pero el conocimiento y los recursos empleados para crear originalmente GLM-5.2 siguen procediendo de una empresa china. La pregunta no es tanto si Quasar puede utilizarse soberanamente en Europa como hasta dónde puede calificarse de europeo un modelo cuyo punto de partida tecnológico fundamental se desarrolló fuera del continente.

Enrique Lizaso, CEO de Multiverse, ofreció esta semana una explicación sorprendentemente clara de la estrategia durante un foro organizado por Diario Vasco en San Sebastián. «Nosotros proveemos modelos chinos comprimidos y sanitizados, adecuados a la sensibilidad y regulación europeas», aseguró. Llegó incluso a utilizar la expresión modelos «deschinizados», aunque inmediatamente pareció arrepentirse de la palabra.

La expresión puede ser desafortunada, pero describe bastante bien lo que Multiverse está haciendo. Apenas unos días después, la compañía ha anunciado que Quasar 1.1 elimina parte de las restricciones políticas heredadas de GLM-5.2. Según sus propias pruebas, el modelo chino rechazaba responder al 71,18% de determinadas preguntas políticamente sensibles; Quasar 1.0 lo hacía en el 63,75% de los casos y la nueva versión reduce el porcentaje al 41%. Multiverse asegura al mismo tiempo que ha mantenido intactas las protecciones frente a contenidos dañinos.

Aquí aparece una cuestión ética bastante más interesante que la procedencia geográfica del modelo: quién decide qué debe pensar una inteligencia artificial europea. Eliminar restricciones introducidas por un modelo chino para evitar cuestiones como Tiananmen, Taiwán o la situación política del país puede parecer razonable. Pero «sanitizar» un modelo exige establecer previamente qué comportamientos se consideran contaminados y cuáles aceptables.

Multiverse asegura que no está sustituyendo una ideología por otra, sino reduciendo negativas a responder mediante una técnica de refusal steering. La distinción es importante: conseguir que un modelo responda a una pregunta censurada no equivale a decirle qué debe contestar. Pero quedan preguntas relevantes sobre qué conjunto de cuestiones se utiliza para identificar esos rechazos, qué criterios determinan cuáles deben eliminarse y hasta qué punto el procedimiento modifica otras respuestas del modelo. Si Multiverse quiere convertir la «sensibilidad europea» en una característica de producto, probablemente tendrá que explicar también quién define esa sensibilidad.

La última versión de Quasar añade otro ingrediente todavía más llamativo: computación cuántica. Multiverse la ha presentado como «the first AI model using quantum-generated data» y en redes sociales habla directamente de una «quantum upgrade». Parte de los datos utilizados durante el proceso de healing posterior a la compresión procede de un modelo híbrido cuántico cuyos circuitos fueron ejecutados en el IBM Quantum System Two instalado en Donostia.

La expresión «quantum upgrade» sugiere, sin embargo, una aportación bastante mayor de la que reconoce la propia Multiverse cuando entra en los detalles técnicos. Un documento publicado por la compañía el miércoles aclara expresamente que se trata de un experimento y «no de un atajo hacia un modelo mejor». Las mejoras de Quasar 1.1 proceden, según Multiverse, de utilizar más datos durante el healing, ajustar la verbosidad y modificar las negativas a responder. No atribuye esas mejoras a la computación cuántica.

El IBM Quantum System Two no ha entrenado Quasar, ni lo ha comprimido, ni es necesario para ejecutarlo. Su intervención se produce en una parte auxiliar del proceso: generar una fracción de los datos sintéticos utilizados posteriormente para recuperar capacidades del modelo después de la compresión. La propia Multiverse explica que la aportación cuántica es todavía experimental.

Hay, por tanto, una considerable distancia entre afirmar que se han utilizado datos procedentes de un ordenador cuántico y demostrar que la computación cuántica ha mejorado el producto. El experimento puede tener interés científico y tecnológico, especialmente para una compañía nacida precisamente en el ámbito cuántico. Pero mientras no exista una comparación que demuestre que el procedimiento consigue mejores resultados que una alternativa exclusivamente clásica, el protagonismo concedido al System Two parece tener por ahora bastante más valor comunicativo que comercial.

Algo parecido ocurre con otra afirmación que Multiverse repite insistentemente: Quasar sería «el mejor modelo europeo». La compañía lo presentó inicialmente como «Europe’s Leading AI Model» y en sus comunicaciones posteriores ha endurecido incluso el mensaje hasta definirlo directamente como «the best European AI model».

Hay datos que permiten a Multiverse defender esa afirmación, pero dentro de unos límites bastante concretos. Quasar obtuvo 43 puntos en la versión utilizada del Artificial Analysis Intelligence Index, por encima de los modelos europeos incluidos en aquella comparación. También consiguió resultados especialmente buenos en razonamiento de contexto largo y programación. Pero el propio anuncio inicial de Multiverse precisaba que superaba a modelos europeos comparables en siete de «ocho evaluaciones seleccionadas».

Convertir ese resultado en «el mejor modelo europeo» exige aceptar tanto la selección de benchmarks como la definición de europeo utilizada por la compañía. Quasar puede ser el modelo de una empresa europea y, simultáneamente, derivar del GLM-5.2 chino. Puede liderar una determinada clasificación y quedar por detrás de otros modelos en otras métricas. De hecho, agregadores independientes identifican expresamente el producto como «Quasar 438B (based on GLM-5.2)» y muestran posiciones muy diferentes dependiendo del ámbito analizado.

La discusión empieza además a tener consecuencias reputacionales para Multiverse. Sus últimos anuncios están provocando una reacción crítica creciente en redes sociales, donde desarrolladores y usuarios cuestionan precisamente estos tres elementos: que se presente Quasar como europeo pese a proceder de un modelo chino, que se utilice la etiqueta de soberanía y que se conceda protagonismo a la computación cuántica sin haber demostrado todavía una ventaja frente a los métodos clásicos.

Las respuestas en X no constituyen obviamente una encuesta ni permiten determinar si esas críticas son mayoritarias dentro del sector tecnológico. Tampoco todas tienen el mismo fundamento. Pero el cambio de tono resulta significativo para una empresa que hasta hace poco generaba fundamentalmente admiración por haber creado desde Donostia una tecnología capaz de reducir radicalmente el tamaño de grandes modelos de inteligencia artificial.

Multiverse parece estar descubriendo así una consecuencia inevitable de haberse convertido en una de las startups más valiosas de España: cuanto mayores son sus afirmaciones, mayor es también el escrutinio. Presentar una tecnología como «el mejor modelo europeo», «IA soberana» y ahora además vinculada a computación cuántica invita a investigadores, desarrolladores y competidores a comprobar exactamente qué hay detrás de cada una de esas etiquetas.

La compañía ha reaccionado de una manera inteligente a una parte de esas críticas: publicando más información. Tras las dudas surgidas sobre el origen de Quasar, su documentación identifica ya claramente GLM-5.2 como modelo base. Y después del anuncio cuántico ha publicado un documento técnico que permite distinguir la contribución experimental del System Two de las mejoras reales introducidas en Quasar 1.1. Incluso ha lanzado un desafío que ofrece tokens gratuitos a quienes encuentren fallos verificables en el modelo.

Precisamente esa transparencia permite comprobar que detrás del marketing existe una tecnología potencialmente valiosa que quizá no necesite tantos calificativos. Reducir el coste de ejecutar un modelo gigantesco, conseguir que funcione más deprisa, permitir instalarlo dentro de una empresa europea y eliminar restricciones políticas heredadas de su desarrollador chino constituyen por sí mismos una propuesta tecnológica relevante.

El riesgo para Multiverse es que la comunicación termine eclipsando esa tecnología. Cuanto más insiste en presentar como «soberano» un modelo basado en tecnología china, como «el mejor europeo» el ganador de una determinada selección de benchmarks y como «cuántica» una mejora que su propia documentación no atribuye al ordenador cuántico, más munición proporciona a quienes empiezan a contemplar sus anuncios con escepticismo.

Y ese problema puede terminar siendo más importante que cualquier benchmark. Multiverse aspira a vender tecnología a bancos, gobiernos, empresas industriales y sectores regulados y a convertirse, según Lizaso, en uno de los grandes actores europeos de inteligencia artificial. Para una compañía con semejantes ambiciones hay un activo que no puede obtenerse comprimiendo un modelo chino ni ejecutando circuitos en un ordenador cuántico: la credibilidad.

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