EITB y Netflix: el debate que Euskadi está planteando mal

El Parlamento Vasco ha rechazado una propuesta para que EITB entregue gratuitamente sus audios y subtítulos en euskera a las plataformas de streaming. La iniciativa, impulsada por EH Bildu, perseguía un objetivo loable: aumentar la presencia del euskera en Netflix, Prime Video, Disney+ y otras plataformas que hoy concentran buena parte del consumo audiovisual de las nuevas generaciones.


Sin embargo, el debate se ha planteado de forma equivocada desde el principio. La discusión pública se ha reducido a una cuestión aparentemente sencilla: ¿debe EITB regalar sus doblajes y subtítulos o no? Unos responden que sí, porque así aumentaría la oferta de contenidos en euskera. Otros responden que no, porque esos materiales han costado mucho dinero a los contribuyentes vascos. Ambos tienen parte de razón. Y ambos se están dejando fuera la cuestión verdaderamente importante.

El problema no es si los contenidos de EITB deben regalarse. El problema es que Euskadi sigue sin tener una estrategia para que el euskera sobreviva y gane presencia en el ecosistema audiovisual global. Hace 20 años la batalla consistía en producir contenidos en euskera. Hoy esa batalla está ganada. Euskadi cuenta con una televisión pública consolidada, una industria audiovisual razonablemente desarrollada y miles de horas de contenidos doblados o subtitulados.

El reto actual es otro: conseguir que esos contenidos lleguen a los lugares donde está la audiencia. Y la audiencia ya no está viendo ETB. Las nuevas generaciones consumen cada vez menos televisión lineal y cada vez más plataformas internacionales. Podemos lamentarlo o podemos aceptarlo, pero la realidad es que para muchos jóvenes Netflix tiene hoy más influencia cultural que cualquier canal autonómico europeo.

Por eso resulta sorprendente que sigamos abordando esta cuestión con una mentalidad propia del siglo XX. Regalar los materiales de EITB a Netflix no parece una gran idea. Los doblajes y subtítulos acumulados durante décadas constituyen un activo financiado con dinero público. Han requerido inversiones millonarias, trabajo especializado y una infraestructura cultural construida a lo largo de generaciones. Entregarlos sin contraprestación equivaldría a regalar propiedad intelectual a algunas de las mayores multinacionales del mundo.

Nadie propondría que una empresa tecnológica vasca entregara gratuitamente sus desarrollos a Google o Microsoft. Tampoco parece razonable que una televisión pública haga algo parecido con un patrimonio lingüístico y audiovisual construido con recursos públicos. Pero la alternativa tampoco puede ser guardar esos materiales en un cajón. Porque entonces estaremos protegiendo un patrimonio cultural que cada vez utilizará menos gente.

La cuestión inteligente no es regalar ni esconder. La cuestión inteligente es negociar. Si el Gobierno Vasco considera que la presencia del euskera en las plataformas globales es una prioridad estratégica, debería utilizar los activos de EITB como moneda de cambio. No para obtener ingresos económicos directos, que probablemente serían modestos, sino para conseguir objetivos mucho más importantes.

Por ejemplo, compromisos de incorporación de nuevos contenidos en euskera, acuerdos de visibilidad dentro de las plataformas, programas de cofinanciación de doblajes o la participación de empresas vascas en los procesos de localización y adaptación lingüística. Porque aquí existe además una dimensión económica que suele pasar desapercibida.

La traducción, el doblaje, la subtitulación y, cada vez más, las tecnologías de inteligencia artificial aplicadas a la localización constituyen una industria. Una industria que puede generar empleo cualificado y actividad económica en Euskadi. Cataluña lleva años intentando convertir la promoción del catalán en una palanca para fortalecer su ecosistema audiovisual. Euskadi podría aspirar exactamente a lo mismo.

Lo llamativo es que el Parlamento Vasco parece estar discutiendo sobre un detalle administrativo cuando el verdadero desafío es estratégico. Mientras las grandes plataformas transforman el consumo audiovisual mundial y la inteligencia artificial revoluciona los procesos de traducción y doblaje, aquí seguimos debatiendo si se ceden o no unos subtítulos. Es una discusión legítima, pero insuficiente.

La pregunta relevante no es quién paga los subtítulos de una película. La pregunta relevante es cómo lograr que dentro de diez años cualquier ciudadano pueda acceder en euskera a buena parte de los contenidos audiovisuales que consume diariamente. Responder a esa pregunta exige visión industrial, tecnológica y cultural. Exige pensar en grande. Y eso es precisamente lo que ha faltado en este debate. Porque los contenidos de EITB valen demasiado como para regalarlos. Pero también valen demasiado como para limitarse a conservarlos.

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