Aquacría Basordas: lenguado sí, pero rodaballo o salmón no. ¿Por qué?

El Gobierno Vasco ha presentado Aquacría Basordas como uno de los grandes proyectos industriales de la legislatura. La antigua central nuclear de Lemoiz, convertida durante décadas en símbolo del fracaso energético español, se transformará ahora —según la versión oficial— en un polo acuícola de referencia europea. La idea es atractiva. Tanto que precisamente por ello merece algunas preguntas incómodas. Porque cuanto más se analiza el expediente, más interrogantes aparecen.


El primer misterio: ¿por qué Basordas? Llevamos años escuchando que los terrenos de la antigua central nuclear son excepcionales para la acuicultura. Así lo sostienen Azti y el Gobierno Vasco. Entre las ventajas citadas figuran la disponibilidad de agua marina, la existencia de infraestructuras previas, la accesibilidad y la posibilidad de disponer también de agua dulce.

Sin embargo, nunca se ha explicado de forma convincente por qué estas ventajas convierten a Basordas en un emplazamiento prácticamente único en Euskadi. La cuestión resulta especialmente llamativa porque uno de los argumentos más repetidos es precisamente la disponibilidad de agua dulce gracias al embalse existente en la antigua central. Pero la empresa finalmente seleccionada, Sea Eight, pretende criar lenguado, una especie marina que vive en agua salada.

Si el acceso a agua dulce es una de las grandes ventajas competitivas del emplazamiento, ¿por qué se apuesta por una especie que no la necesita como elemento principal de producción? Quizá exista una explicación técnica sólida. Pero hasta ahora nadie la ha contado.

El precedente incómodo de Elgeta. La segunda pregunta es todavía más relevante. Euskadi ya tuvo una experiencia importante con el cultivo industrial de pescado. Se llamó Agiti. La empresa operó durante años en Elgeta criando rodaballo y acabó cerrando tras demostrar que el negocio no era económicamente viable.

La pregunta es inevitable. ¿Qué ha cambiado para que el rodaballo no funcionara y el lenguado sí vaya a hacerlo? El lenguado es una especie de alto valor comercial y producción más limitada que otras alternativas. Pero también presenta dificultades técnicas importantes, ciclos largos de crecimiento y costes elevados.

¿Existen estudios de mercado que demuestren que la demanda europea absorberá sin problemas las entre 3.000 y 4.000 toneladas anuales previstas por Sea Eight? ¿Qué diferencia fundamental existe respecto al fracaso del rodaballo? Son cuestiones especialmente importantes cuando se anuncian inversiones de hasta 170 millones de euros.

Un proceso sin concurso público. Quizá el aspecto más sorprendente de todo el proyecto sea la forma en que se ha elegido al socio privado. No hubo concurso público. No hubo licitación abierta. No hubo una convocatoria internacional formal para seleccionar al operador de una instalación llamada a recibir un importante respaldo institucional y posiblemente financiación pública europea.

Lo que sí hubo fue un encargo del Gobierno Vasco a Azti para identificar posibles inversores interesados. Solo gracias a las preguntas parlamentarias del PP hemos conocido los detalles de este procedimiento. Según la documentación oficial, Azti realizó una búsqueda proactiva y únicamente dos empresas llegaron a presentar propuestas completas: la asturiana Sea Eight y la noruega Haugland Gruppen. Resulta difícil no preguntarse si realmente solo existen dos empresas en toda Europa interesadas en desarrollar un proyecto acuícola en unas instalaciones tan singulares.

La oferta noruega parecía mejor sobre el papel. Los datos conocidos generan todavía más dudas. La propuesta de Haugland contemplaba una inversión cercana a 350 millones de euros, la producción de hasta 25.000 toneladas anuales de salmón y la creación de 250 empleos. La de Sea Eight plantea una inversión de aproximadamente 54 millones, una producción de entre 3.000 y 4.000 toneladas de lenguado y 190 empleos.

A simple vista, la oferta noruega parecía superior en inversión, volumen productivo y empleo. Sin embargo, el Gobierno Vasco optó por Sea Eight. La explicación oficial es que la propuesta española encajaba mejor con el territorio y permitía reutilizar parte de las infraestructuras existentes, mientras que Haugland apostaba por demolerlas prácticamente por completo.

Y aquí aparece otra contradicción. Porque el propio Gobierno reconoce que todavía deben redactarse y aprobarse proyectos de demolición para parte de las instalaciones. Si parte relevante de las estructuras va a desaparecer igualmente, ¿hasta qué punto la reutilización de instalaciones justifica renunciar a una inversión seis veces superior?

¿Lenguado o salmón? Hay una cuestión puramente empresarial que tampoco ha sido respondida. ¿Es más atractivo comercialmente producir lenguado que salmón? El salmón es uno de los productos acuícolas más consumidos del mundo y cuenta con cadenas de distribución globales perfectamente desarrolladas.

El lenguado tiene un mayor valor unitario, pero su mercado es mucho más reducido. La apuesta por Sea Eight implica asumir que existe una oportunidad económica más sólida en una especie de nicho que en el principal producto acuícola internacional. Puede que sea así. Pero nuevamente no se conocen los análisis que sustentan esa decisión.

David contra Goliat. También resulta llamativo el perfil de las empresas. Haugland es un grupo empresarial noruego consolidado. Sea Eight, por el contrario, es una compañía de creación reciente (2021) impulsada por el entorno empresarial de Atitlan, el grupo inversor vinculado a la familia Roig.

No se trata de cuestionar la capacidad de Sea Eight. Pero sí de preguntarse por qué una empresa nacida hace apenas un año resulta considerada una apuesta más segura que una multinacional con experiencia consolidada en acuicultura. Especialmente cuando la propia documentación oficial reconoce que la propuesta noruega movilizaba mucha más inversión y empleo.

El convenio que no existe. La última incógnita es probablemente la más sorprendente. El proyecto fue presentado oficialmente por el lehendakari el 27 de abril de 2026. Sin embargo, un mes después el propio consejero de Industria reconoce por escrito que todavía no existe ningún convenio firmado con Sea Eight. No existe convenio. No existe desglose definitivo de las aportaciones públicas. No existe calendario detallado de inversiones.

Ni siquiera existe una definición cerrada del reparto accionarial futuro, que se decidirá cuando se conozca la inversión definitiva. Y aun así el proyecto ya ha sido presentado como uno de los grandes éxitos industriales del Gobierno Vasco.

Más transparencia para un proyecto estratégico. Quizá Aquacría Basordas termine siendo un éxito extraordinario. Ojalá sea así. Euskadi necesita nuevas actividades industriales y la acuicultura puede convertirse en una de ellas. Pero precisamente por tratarse de un proyecto estratégico, financiado parcialmente con recursos públicos y desarrollado sobre unos terrenos singulares que pertenecen a todos los vascos, la transparencia debería ser absoluta.

¿Por qué lenguado y no rodaballo? ¿Por qué lenguado y no salmón? ¿Por qué Sea Eight y no Haugland? ¿Por qué sin concurso público? ¿Y por qué presentar un gran proyecto industrial cuando todavía no existe ni siquiera un convenio firmado? Son preguntas razonables. Lo extraño no es que alguien las formule. Lo extraño sería que nadie las hiciera.

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