¿Tendría sentido hoy un parque de atracciones en Bizkaia?

parque de atraccionesEsta pasada semana pude realizar un recorrido de lo que queda del mítico Parque de Atracciones de Bizkaia, una colosal infraestructura escondida en una montaña sobre Galdakao. Los menores de 30 años, que han conocido Eurodisney o Port Aventura, no se pueden creer que Bilbao tuviera un centro de ocio de este tipo. Lo cierto es que lo tuvo y que lo podría volver a tener.


El parque de Bizkaia cerró por falta de rentabilidad en unos años, los setenta y los ochenta, en que Euskadi no recibía ni un solo turista que no fuera un viajero despistado. Por si fuera poco, el ocio era entonces una de las últimas preocupaciones de la sociedad vasca, muy centrada en la actividad industrial.

Hoy en día el escenario ha cambiado por completo y Bilbao y Donostia se han convertido en iconos turísticos que atraen visitantes durante todo el año. Vienen a visitar el Guggenheim o La Bella Easo y de paso recorren alguno de nuestros paisajes, comen en nuestros restaurantes y duermen en nuestros hoteles y casas rurales.

Y tenemos que buscar fórmulas para que vengan más y se queden más tiempo. Un parque de atracciones es una opción muy recurrida y que no deberíamos dejar de lado. Es más, creo que tenemos una parte de la infraestructura ya construida: el BEC de Barakaldo, que no ha sido capaz de justificar su existencia como feria de muestras.

Nuestro parque de atracciones tendría, eso sí, que diferenciarse de los que promueven las grandes marcas de entretenimiento como Disney o Warner. Estas son algunas de las opciones que se me ocurren para orientarlo:
– El ocio interactivo. Pienso en un parque a lo japonés en el que las atracciones se activen con el móvil y en el que la “experiencia” vaya más allá de la propia estancia en el recinto. La experiencia del Euskal Encounter también podría alargarse y tratar de atrapar a todo tipo de públicos.

– La gastronomía. Es uno de nuestros fuertes. Se trataría de concebir un centro en el que se experimente con sabores y texturas y en el que se pueda uno convertir en Arzak o Karlos Arguiñano durante la estancia.

– El deporte y la aventura. No es lo mismo practicarlo en el exterior que en un interior pero hoy existe tecnología que permite recrear escenarios como olas para hacer surf, paredes para escalar sin riesgo o grandes caídas de rafting.

– Ocio activo para la tercera edad. Se trata de un público cada vez más frecuente y para el que no existen muchas alternativas. Concebir un parque de atracciones para personas mayores sería una diferenciación radical.

Sea como fuere, el viejo parque de atracciones, el que se va a derribar próximamente, fue en su momento revolucionario. Tanto en dimensiones, diez hectáreas, como en algunas de sus atracciones, como la noria, que con sus 26 metros de altura era “una de las más altas de Europa” en aquellos tiempos, 1974. La Diputación asegura que en su momento fue “el más moderno y mejor parque” del continente.

Estos son algunos datos que dan idea de lo que supuso lo que fue un centro de ocio en el que pasamos muchas horas las generaciones que actualmente tenemos entre 35 y 55 años:

– La construcción supuso una inversión de más de 3 millones de euros liderada por Bankunión, las cajas que hoy conforman BBK y el Parque de Atracciones de Madrid. El Opus Dei planeaba tanto sobre Bankunión, el principal promotor, como sobre la constructora, fundada por el creador de la actual Idom. Fue una obra de proporciones gigantescas: 270 trabajadores removieron 300.000 metros cúbicos, habilitaron un aparcamiento para 1.000 coches y construyeron un anfiteatro con asientos para 5.000 personas donde cantaron los mejores artistas de la época.

– El icono del parque fueron sus ocho pirámides rojas hechas en acero con una linterna de cristales en el vértice y que todavía resisten a duras penas. De hecho, durante la visita, no nos permitieron caminar bajo ellas y nos obligaron a llevar casco. La idea era haber hecho más pirámides a medida que el parque se ampliara. Otro edificio representativo era la torre de control situada a la entrada y que recuerda, salvand las distancias, al rascacielos del BEC.

– El espacio tenía fuentes “cibernéticas” con juegos de luz y agua, una montaña rusa de medio kilómetro, un circuito de karts donde posteriormente se entranaron los canes de la Ertzaintza, una casa magnética y otra encantada, tiovivos, motos para niños, trenes, un gusano loco o 30 autos de choque. Estaba concebido como un auténtico centro de ocio con apertura continuada hasta las 12 de la noche. Tenía múltiples restaurantes, uno de ellos de lujo, y hasta una discoteca. Al principio abría todo el año y solo a partir de 1979 se restringió a los meses entre marzo y octubre.

– Fracasó comercialmente. El plan de negocio hablaba de un millón de visitantes anuales y el primer año apenas llegó al medio millón. Y eso que apenas costaba 20 pesetas (10 para los niños). La Diputación se hizo cargo del muerto en 1988 aludiendo a su “valor social” y que 120 personas trabajaban en el recinto, pero no pudo resistir la carga más de dos años. Cerraría en 1990. Hay que tener en cuenta que eran años de fuertes crisis con niveles de paro cercanos al 30%. ¿A qué se debió el fracaso? Al margen de la situación económica general, el emplazamiento estaba muy distante del centro de Bilbao y era muy frío. En todas las fotos que tengo allí de crío estoy bastante abrigado 😉

– ¿Qué se puede hacer con el antiguo Parque de Atracciones? En un extremo, hay un archivo de la Diputación. Además, se ha utilizado para almacenar autobuses de Bizkaibus e incluso marquesinas. También han acudido artistas para hacer obras de arte en su interior. Lo último que he escuchado es que, una vez derribado, es posible que se emplee para ofrecer un mejor emplazamiento para el BBK Live, que por cierto, nos cuesta también mucho dinero a todos.

El vídeo que tomé durante la visita (editado por Nerea Ugartetxea):

Un reportaje de EITB en el que se ven imágenes de cómo era cuando funcionaba:

Términos empleados para llegar hasta aquí:

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