Hay que reconocer la virtud del que lo intenta. Y está claro que las administraciones vascas llevan mucho tiempo tratando de reformar las universidades del País Vasco y Deusto para hacerlas más prácticas y menos teóricas. Digo esto porque Diputación de Bizkaia y estos dos centros académicos han puesto en marcha el enésimo proyecto que persigue este objetivo, bajo el nombre de Talentia. Y creo que será el enésimo fracaso.

A mi juicio, las universidades vascas (y españolas) tienen un cáncer interno que solo se solucionará si se extirpa, algo que es ya casi imposible, o si se muere el paciente. Es decir, que lo más fácil sería llevar al cementerio a los dos centros y crear uno nuevo, desde cero. O bien decidir que lo nuestro no es educar y subvencionar a los padres para que sus hijos puedan estudiar en el extranjero.

Son en este sentido, muy reveladores los datos aportados por José Ignacio Goirigolzarri, el ex consejero delegado del BBVA hoy auto-convertido en gurú del emprendizaje. Nuestras universidades no son competitivas y nadie se atreve a cortar por lo sano. Los gobiernos siguen aportando dinero en un pozo sin fondo que solo sabe fabricar autómatas con escasa iniciativa y sin ninguna capacidad de emprendizaje.

Talentia tiene buenas intenciones, las mejores. Busca acercar a los alumnos con mayor potencial a la realidad empresarial y científico-tecnológica. Noble objetivo. Pero el problema es que eso ya lo hacen las empresas. Cuando el alumno sale de la universidad y empieza a trabajar se pega enormes desengaños. Eso se puede evitar con colchones como Talentia, claro está. Pero el problema de fondo, que la universidad está mal concebida, requiere medidas mucho más enérgicas. Y cuanto antes, por favor.

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