¡Cuidado con la euforia cinematográfica vasca!

La industria audiovisual vasca vive un momento de euforia. Después de años intentando atraer rodajes, Euskadi ha pasado a competir en las grandes ligas internacionales gracias a uno de los incentivos fiscales más generosos del mundo. El resultado no solo se aprecia en el aumento de películas y series que se ruedan en el territorio. También empieza a verse en ladrillo, hormigón e infraestructuras.


La última muestra ha llegado esta misma semana con la inauguración de Casa Mundo Cero en Orduña, un nuevo centro dedicado a la formación, creación y postproducción audiovisual impulsado por el cineasta Ibon Cormenzana y respaldado por la Diputación Foral de Bizkaia. El proyecto se integra en el Hub Audiovisual Bilbao Bizkaia, que tendrá uno de sus dos grandes nodos en Orduña junto al previsto en Punta Zorrotza, en Bilbao.

El objetivo es que Euskadi deje de ser únicamente un lugar donde se rueda para convertirse también en un territorio donde se produce, se edita y se genera empleo audiovisual estable. No se trata de una iniciativa aislada. La Diputación de Bizkaia ha anunciado una inversión de 4,6 millones de euros para transformar el antiguo colegio de la Compañía de María de Orduña en una de las sedes físicas del Hub Audiovisual Bilbao Bizkaia.

Se trata de un complejo de casi 30.000 metros cuadrados llamado a convertirse en una de las principales infraestructuras audiovisuales del norte de España. Detrás de esta fiebre constructora hay una razón muy sencilla: el dinero.

Desde la reforma aprobada por las haciendas forales, empezando por la de Bizkaia, las producciones audiovisuales pueden beneficiarse en Euskadi de deducciones fiscales que, en condiciones normales, alcanzan el 50% del coste de producción. Sobre el papel pueden llegar a ser incluso superiores, pero las exigencias de gasto local necesarias para acceder a los porcentajes más elevados son tan altas que pocas producciones consiguen encajarlas en la práctica.

Además, la cifra real que perciben las productoras suele ser algo inferior. La razón es que el incentivo se monetiza a través de entidades financieras o inversores fiscales que adelantan el dinero a cambio de una comisión. En el sector se asume que aproximadamente un 12% del incentivo termina en manos de quienes aportan esa financiación puente.

Aun así, pocas jurisdicciones pueden competir con un apoyo efectivo cercano al 40%-45% del presupuesto. No es extraño que Bizkaia registrara en 2025 cifras récord: 219 rodajes, casi 10.000 contrataciones vinculadas a producciones audiovisuales y más de 138 millones de euros de impacto económico, según los datos presentados por las instituciones forales.

El problema: todos están copiando el modelo. La cuestión es cuánto tiempo podrá mantenerse esta ventaja competitiva. Durante años, los territorios forales disfrutaron de una posición prácticamente única en el mundo. Pero el éxito ha llamado la atención de otros competidores.

Canarias ya ofrece incentivos equivalentes para determinadas producciones y se ha convertido en un destino habitual para grandes rodajes internacionales. Al mismo tiempo, numerosos estados de Estados Unidos están reforzando sus programas de ayudas para evitar que una industria que tradicionalmente consideraban propia se traslade a otros países.

La preocupación se ha intensificado en los últimos meses, coincidiendo con el debate político estadounidense sobre la pérdida de actividad audiovisual y las tensiones comerciales impulsadas por Donald Trump. Sin embargo, la verdadera amenaza quizá no venga ni de Canarias ni de Estados Unidos. Malta y Arabia Saudí suben la apuesta

Malta lleva años consolidándose como uno de los destinos favoritos para superproducciones internacionales gracias a un sistema mucho más sencillo para los productores. Mientras en Euskadi la ayuda llega a través de complejas estructuras fiscales y financieras, la isla mediterránea ofrece devoluciones directas de dinero que pueden cobrarse con rapidez. En la práctica, supone para muchas productoras recibir una parte muy importante de la subvención por adelantado.

Pero incluso Malta empieza a quedarse corta frente a nuevos actores. Arabia Saudí ha decidido convertir el audiovisual en una pieza estratégica de su diversificación económica y ha anunciado incentivos de hasta el 60% para determinadas producciones. Es una cifra superior incluso a la que podría alcanzarse teóricamente en Euskadi.

Cuando un estudio de Hollywood o una gran plataforma de streaming compara localizaciones, la belleza del paisaje o la calidad de los profesionales siguen siendo importantes. Pero pocas variables pesan tanto como la cuenta de resultados.

¿Industria o burbuja fiscal? La pregunta relevante no es si los incentivos funcionan. Está claro que funcionan. Los datos de actividad, empleo y rodajes así lo demuestran. La cuestión es otra: qué ocurrirá cuando aparezca alguien dispuesto a ofrecer más.

Las instituciones vascas parecen haber entendido el riesgo. De ahí la apuesta por crear estudios, centros de formación, empresas de postproducción y una cadena de valor más completa. La inauguración de Casa Mundo Cero en Orduña y el desarrollo del Hub Audiovisual Bilbao Bizkaia responden precisamente a esa lógica: aprovechar la ventana de oportunidad actual para construir una industria que pueda sobrevivir cuando la ventaja fiscal deje de ser diferencial.

Porque los incentivos fiscales atraen producciones. Pero las industrias duraderas se construyen con talento, empresas y conocimiento. La buena noticia es que Euskadi está invirtiendo precisamente en eso. La mala es que la carrera global por atraer rodajes acaba de empezar y cada año aparecen nuevos competidores dispuestos a poner más dinero encima de la mesa.

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