cafEl nacionalismo tiene cosas buenas pero también malas, cuando supone aplicar conceptos discriminatorios respecto a “los de fuera”. Es lo que le ha sucedido a la ferroviaria CAF, favorita en un contrato público en Quebec, pero que se ha quedado fuera al beneficiar el Gobierno de esta región canadiense a una empresa local, Bombardier.

Al parecer, esta compañía, que curiosamente tiene una planta en Bizkaia, está atravesando una mala situación y necesitaba un estímulo. Y claro, el Gobierno de Quebec ha preferido salvar puestos de trabajo en casa que beneficiar a una empresa foránea, por muy vasca que fuera. Así que el contrato para la renovación de los vagones del metro de Montreal se lo ha llevado Bombardier, pese a que su oferta era casi un 100% más cara que la de CAF.

Hasta Rodríguez Zapatero ha enviado una carta de protesta, pues ya se sabe que la firma vasca tiene muy buenos amigos en las altas esferas políticas. Según el periódico The Montreal Gazette, la carta del presidente del Gobierno español mostraba “enfado” e “indignación”, aunque el contenido no se ha hecho público. Lo cierto es que el caso ha desatado un conflicto comercial que podría llegar a los tribunales de Canadá o incluso a los internacionales.

Y llueve sobre mojado. A la firma vasca le pasó algo muy parecido hace dos semanas en Houston. Esta vez su oferta, la más competitiva, ha sido rechazada por una agencia federal por no respetar una regulación que exige que una parte importante de todos los concursos públicos sea fabricada en territorio norteamericano. Una vez más, el nacionalismo perjudica a CAF, que según las últimas informaciones, está dispuesta a demandar judicialmente a la entidad pública que inicialmente le adjudicó el contrato.

Lo curioso del caso es que nosotros habríamos hecho lo mismo en Euskadi. De hecho, no hay contrato ferroviario vasco que no se lo haya llevado CAF. Desde el metro hasta los trenes de Euskotren pasando por los tranvías de Bilbao y Donostia. Como es una empresa vasca, hay que favorecerla. Y en Canadá y EE.UU. no han hecho más que lo mismo, esta vez en nuestra contra.

El nacionalismo es positivo en la medida en que ayuda a cuidar las cosas propias y a trabajar por lo que tenemos más cerca y próximo. Pero es negativo cuando es excluyente y se convierte en proteccionismo. Por eso estoy en contra de todos los concursos públicos que benefician a los de casa. Desde luego que debemos favorecer la creación de empresas y darles todo el cariño del mundo, pero nunca en contra de la competencia.

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