Eliseo Gil, administrador solidario de Lurmen, la sociedad que realizaba las excavaciones arqueológicas de Iruña-Veleia, haría mejor en quedarse callado. Su comparecencia ante la prensa sólo ha servido para despertar más dudas sobre su profesionalidad. Si tan seguro está de lo que encontró, ¿por qué no ha aceptado preguntas?

Como bien dice Luis Alfonso Gámez: “O bien estaba al tanto del engaño o bien había sido engañado. El mal menor era el segundo, presentarse como víctima de un montaje urdido por otros, como un ingenuo, aunque en cualquier caso su reputación científica quedara hecha trizas”. Y sin embargo, ha seguido en su argumentación anterior, llegando a descalificar a los científicos que han analizado los descubrimientos. Habla incluso de “linchamiento mediático”.

Por cierto, además de la Diputación de Alava, en su momento en manos del PP, y EuskoTren, que financió los estudios, de este asunto también sale mal parado Diario de Noticias de Alava, que en 2006 decidió entregar un premio a Eliseo Gil “por su trayectoria”. Así lo explicaba entonces su director: “Por un consenso generalizado de nuestros lectores hemos decidido que sea él, porque ha contribuido con su trabajo a poner a Álava en el mundo”. Eso sí, todos nos equivocamos en esta vida.

Y en el lado positivo, un aplauso a la Wikipedia y a sus wikipedistas, ya que la entrada de Eliseo Gil ya está actualizada con un “ex”. Incluso hay ya una página dedicada a los “falsos hallazgos de Iruña-Veleia“. En fin, una lección de colaboración y de actualización.

Actualización (22.11.08) Eliseo Gil ha vuelto a hablar, esta vez en exclusiva con María José Carrero, que le hace una buenísima entrevista. La entrevista tiene dos partes. En una primera, Gil se defiende alegando que, desde un punto de vista arqueológico, las piezas son reales pero que no tiene capacidad de evaluarlas con la perspectiva de un historiador. En una segunda, viene a reconocer su capacidad de equivocarse y lamenta que le hayan cerrado el acceso al yacimiento con guardia de seguridad incluido. Sea como fuere, sorprende que el responsable de una excavación tan importante reconozca escasos conocimientos de historia. Si realmente era tan incapaz, ¿qué hacía en ese puesto?

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