Tubos Reunidos: cuando las vacas eran gordas
En los años de bonanza, cuando el dinero fluía y la empresa mantenía una posición relativamente cómoda, Tubos Reunidos tomó decisiones que, vistas con perspectiva, priorizaron la extracción de valor a corto plazo en lugar de la modernización industrial y la inversión estratégica. Dos operaciones ilustran especialmente este patrón: la gran recompra de acciones de 2008 y la fallida aventura digital de 2000.
En 2008, con Pedro Abasolo como presidente, la compañía ejecutó una masiva recompra de acciones propias por importe de 170 millones de euros. Es decir, que utilizó el dinero para remunerar a sus accionistas. Según las cuentas anuales auditadas de ese ejercicio, este desembolso aparece reflejado en el estado de flujos de efectivo bajo “Cobros y pagos por instrumentos de patrimonio” con una salida neta de aproximadamente 169,7 millones de euros.
Esta operación, que perseguía dar entrada en el capital a los socios de Condesa, compañía que pretendía absorber, se financió principalmente con endeudamiento bancario. El balance de 2008 muestra cómo las deudas con entidades de crédito a largo plazo alcanzaron los 116,6 millones de euros, un aumento significativo respecto al ejercicio anterior. El resultado del ejercicio fue positivo (132 millones, aunque más de la mitad eran resultados financieros), pero la operación supuso una extracción masiva de recursos que redujo notablemente el patrimonio neto y aumentó el apalancamiento.
A partir de entonces, el crédito contraído se convirtió en un lastre estructural. Los años siguientes trajeron resultados más débiles, mayor presión competitiva y dificultades para invertir en la renovación tecnológica y productiva que el sector demandaba. El endeudamiento limitó la flexibilidad financiera precisamente cuando más se necesitaba.
Sin ir más lejos, en 2009 sus ventas se redujeron a la mitad (de 359 a 168 millones de euros) y la compañía cerró con resultados negativos. En ejercicios posteriores empezó a ganar dinero pero muy ligeramente, hasta que en 2015 volvió a entrar en pérdidas por el descenso del precio del petróleo. Desde entonces entre crisis y crisis no ha vuelto a ganar dinero salvo de forma excepcional en 2022 y 2023.
Años antes, en 2000, en pleno auge de la burbuja internet y también bajo el mandato de Abasolo, Tubos Reunidos destinó 2,5 millones de euros a participar en Guay.com, un portal digital sin ninguna relación con su actividad principal de fabricación de tubos de acero sin soldadura. La inversión, típica del espíritu especulativo de la época, se evaporó completamente cuando estalló la burbuja.
Estos ejemplos muestran una misma tendencia: cuando la empresa generaba recursos o tenía acceso fácil al crédito, una parte importante de ellos no se dirigió prioritariamente a modernizar instalaciones, mejorar eficiencia, invertir en I+D o reforzar la competitividad industrial. En su lugar, se optó por repartos extraordinarios a accionistas y apuestas ajenas al core business.
Las cuentas de 2008, auditadas por PricewaterhouseCoopers con opinión favorable, reflejan todavía un ejercicio de resultados positivos en explotación y un resultado financiero inflado por ingresos extraordinarios. Sin embargo, la estructura financiera ya mostraba tensiones: alto endeudamiento, existencias elevadas y un patrimonio neto reducido tras la recompra.
La lección es clara. Las “vacas gordas” no duran para siempre. Las empresas que sobreviven a los ciclos son aquellas que, en los periodos de bonanza, invierten en su propio futuro industrial en lugar de extraer valor masivamente o desviarlo hacia operaciones especulativas. Tubos Reunidos tuvo recursos. Lo que parece haber faltado en aquellos años fue la visión estratégica a largo plazo que debía acompañarlos.
Hoy, con la perspectiva del tiempo, aquellas decisiones de 2008 (y antes) ayudan a entender mejor las dificultades posteriores de una compañía con más de un siglo de historia industrial.
