Así ha reducido Salto el absentismo hasta la mitad de la media vasca

El absentismo, esa plaga que invade las empresas vascas, se sitúa en Salto Wecosystem en la mitad de la media de Euskadi: 4,2% frente a más del 8%. ¿Cómo ha conseguido amortiguar esta epidemia este unicornio guipuzcoano que emplea a 1.800 personas y vende en 90 países del mundo?
Las claves las dio ayer en una charla en el Ateneo de Madrid uno de sus fundadores y quien la ha dirigido durante 25 años, Javier Roquero. Y son relativamente sencillas: valores compartidos por toda la gerencia, especialmente la humildad, que se trasladan constantemente al resto de la organización.
De hecho, Roquero empezó su charla haciendo valer precisamente esa cualidad: «Yo solo sé hacer cerraduras». Y después explicó que las seis personas que participaron en la fundación de Salto en 2000 partían con una ventaja fundamental: «Ya nos conocíamos (todos venían de una empresa anterior, Tesa) y estábabamos muy alineados. Nuestros valores eran muy parecidos».
«Nos pusimos fácilmente de acuerdo en qué iba a hacer cada uno y cómo nos íbamos a repartir las acciones. Había un claro alineamiento de intereses de la propiedad, que hemos ido traspasando a las siguientes capas de la dirección. Una cuestión fundamental es que queríamos crear una empresa donde nos sintiéramos a gusto», añadió, antes de recordar, en un nuevo recurso de humildad, que ninguno podía imaginar hasta dónde iba a llegar la compañía con el tiempo.
Roquero reveló algunos detalles de los primeros tiempos de Salto, que se gestó en un piso de Irun en el que llegaron a trabajar 15 personas, repartidas por habitaciones para I+D, finanzas, operaciones, ventas y marketing. Los viernes al mediodía pedían al bar de abajo que les subiera una bandeja con pintxos como acompañamiento de una reunión en la que comentaban el discurrir de la compañía.
Ese «pintxo de los viernes» se ha mantenido como costumbre hasta hoy, cuando en la planta de Oiartzun trabajan 500 personas. «Ahora hay dos restaurantes que se pasan toda la mañana preparándolos. Es una forma de recordar el origen humilde de esta empresa». Y a ellos se les han añadido algunos detalles para los trabajadores como fruta y frutos secos y oficinas abiertas sin despachos individuales.
Roquero destacó también el proceso de selección de todas las personas que entran en Salto, que trata de asegurar su integración cultural: «Hacemos hasta cinco entrevistas con nuestro personal. Son 20 horas de media de dedicación por cada persona que contratamos, a las que se añaden día y medio de onboarding y un seguimiento personal durante los tres primeros meses».
En este capítulo de la cultura de la compañía, Roquero destacó la labor que está realizando la patronal con Fabrika. «Gipuzkoa ha pasado de ser el territorio más conflictivo a todo lo contrario. Las empresas están viendo que vale la pena. Hay que tener en cuenta que venimos de unos tiempos, con ETA activa, en los que el movimiento sindical tenía mucha fuerza en las grandes empresas», añadió.
