Moderna, MSD, BioNTech y Roche toman posiciones ante la revolución de las vacunas personalizadas contra el cáncer

Moderna y MSD han tomado la delantera en una carrera que puede abrir uno de los mayores nuevos mercados de la industria farmacéutica: las vacunas personalizadas contra el cáncer. Sus principales perseguidores son BioNTech y Roche, a través de su filial Genentech, que desarrollan una tecnología muy similar. Más atrás aparecen compañías como Arcturus Therapeutics, mientras otras biotecnológicas, como Strand Therapeutics, exploran formas diferentes de utilizar ARN programable contra los tumores. La gran diferencia es que Moderna y MSD (Merck Sharp & Dohme) ya han conseguido lo que nadie había logrado hasta ahora: superar con éxito un ensayo de fase 3 con una terapia oncológica de ARN mensajero diseñada individualmente para cada paciente.
El resultado puede ser para Moderna y BioNTech mucho más importante a largo plazo que las vacunas contra la covid que las hicieron famosas. Aquellas demostraron que el ARN mensajero podía convertirse en una plataforma farmacéutica industrial. Ahora las dos compañías están intentando aplicar la misma tecnología al cáncer, que era en realidad uno de los objetivos que perseguían antes de la pandemia. BioNTech fue fundada en 2008 alrededor del ARNm y la inmunoterapia contra el cáncer y Moderna nació dos años después centrada igualmente en medicamentos de ARN.
La pareja Moderna-MSD lleva actualmente una ventaja considerable. Su intismeran autogene —también conocido como V940 o mRNA-4157— acaba de cumplir tanto el objetivo principal como uno de los secundarios del ensayo INTerpath-001, de fase 3, realizado sobre 1.137 pacientes con melanomas cutáneos en estadios IIB a IV que habían sido completamente extirpados mediante cirugía. Los enfermos recibieron intismeran más Keytruda, la inmunoterapia superventas de MSD, o solamente Keytruda. La combinación produjo mejoras estadísticamente significativas y clínicamente relevantes tanto en supervivencia libre de recurrencia como en supervivencia sin metástasis a distancia.
Todavía falta conocer cuánto mejora exactamente los resultados, porque las compañías se han reservado los datos detallados para un próximo congreso médico. Esto obliga a ser prudente antes de hablar de una revolución terapéutica. Pero se trata del primer ensayo de fase 3 positivo de una terapia individualizada contra neoantígenos y también del primero de una terapia oncológica basada en ARNm. Moderna y MSD ya preparan conversaciones con los reguladores para solicitar su autorización.
Los resultados anteriores explican el optimismo. En el ensayo de fase 2b, tras cinco años de seguimiento, añadir intismeran a Keytruda redujo un 49% el riesgo de recurrencia o muerte y un 59% el de metástasis a distancia o muerte respecto a utilizar únicamente Keytruda. Moderna y MSD ya tienen nueve ensayos de fases 2 y 3 alrededor de esta plataforma, que además del melanoma se está probando en cáncer de pulmón no microcítico, riñón y vejiga, entre otros tumores.
La tecnología supone llevar la personalización farmacéutica prácticamente hasta su extremo. Después de extraer el tumor del paciente, se secuencia su material genético y se compara con células sanas para localizar las mutaciones que generan neoantígenos. Un algoritmo bioinformático selecciona cuáles parecen más adecuados para provocar una respuesta inmunitaria. En el caso de intismeran se incorporan hasta 34 neoantígenos a una molécula de ARNm que se fabrica específicamente para ese enfermo. Una vez administrada, proporciona a sus células las instrucciones necesarias para producir esos antígenos y entrenar a los linfocitos T para reconocer las células cancerosas que los presentan.
BioNTech y Roche son probablemente quienes están mejor situados para disputar este mercado a Moderna y MSD. Su plataforma iNeST (individualized neoantigen-specific immunotherapy) utiliza el mismo principio: analizar el tumor y fabricar para cada paciente una terapia de ARNm que puede codificar hasta 20 neoantígenos. BioNTech aporta su experiencia en ARNm y Roche participa a través de Genentech, uno de los grandes especialistas mundiales en oncología.
Pero BioNTech y Roche acaban de recibir un serio aviso sobre la dificultad de trasladar la tecnología de un cáncer a otro. Nueve días después del éxito de Moderna y MSD, cancelaron un ensayo de fase 2 de autogene cevumeran, su vacuna personalizada, en pacientes con cáncer colorrectal operado. El comité independiente encargado de vigilar el ensayo detectó un desequilibrio numérico en supervivencia global entre los grupos y consideró improbable que continuar el estudio cambiase su resultado de eficacia. BioNTech recalcó que no se había identificado una nueva señal de seguridad.
Las dos experiencias no son directamente comparables. Moderna está actuando sobre melanoma, considerado un tumor inmunológicamente «caliente», con una elevada carga de mutaciones y, por tanto, numerosos neoantígenos susceptibles de convertirse en objetivos. El cáncer colorrectal estudiado por BioNTech es mucho más «frío» y tradicionalmente responde peor a la inmunoterapia. Además, Moderna administra su vacuna junto con Keytruda, mientras que el ensayo cancelado de BioNTech utilizaba autogene cevumeran como monoterapia. BioNTech y Genentech mantienen otro ensayo en cáncer de páncreas en el que combinan la vacuna con inhibidores de checkpoint y quimioterapia.
BioNTech tiene además una segunda baza: no está apostándolo todo a las vacunas individualizadas. Su plataforma FixVac utiliza combinaciones fijas de antígenos tumorales y, por tanto, puede fabricar el mismo medicamento para muchos pacientes. Su candidato BNT113, dirigido contra dos proteínas asociadas al HPV16 en determinados cánceres de cabeza y cuello, se encuentra ya en desarrollo avanzado. Es una estrategia industrialmente mucho más sencilla que producir un medicamento diferente para cada enfermo.
| Empresas | Principal tecnología | Situación |
|---|---|---|
| Moderna + MSD | Intismeran autogene, ARNm personalizado | Fase 3 positiva. Líder actual |
| BioNTech + Roche/Genentech | Autogene cevumeran, ARNm personalizado | Fase 2; revés en colorrectal, continúa en páncreas |
| BioNTech | FixVac | Vacunas de ARNm no individualizadas; programas avanzados |
| Arcturus + Achilles | ARNm autoamplificable + selección de neoantígenos mediante IA | Investigación/preclínica en vacunas personalizadas |
| Strand Therapeutics | ARNm autorreplicante y programable | Fase 1/2 en oncología; enfoque diferente |
El verdadero cuello de botella puede no estar, sin embargo, en descubrir las vacunas, sino en fabricarlas. La industria farmacéutica lleva más de un siglo construida alrededor de la producción de grandes cantidades de un mismo medicamento. Las vacunas contra la covid llevaron este modelo al extremo: una fábrica podía producir millones de dosis esencialmente idénticas. Las vacunas personalizadas contra el cáncer invierten completamente esa lógica: cada paciente constituye un lote de fabricación diferente.
La industria tiene que pasar del «scale up» al «scale out». Ya no se trata de aumentar el tamaño de los lotes, sino de fabricar simultáneamente decenas de miles de lotes minúsculos y distintos. Cada uno empieza con una biopsia, pasa por secuenciación genética y análisis informático, continúa con el diseño y síntesis del ARN, su purificación y control de calidad y termina con la entrega del medicamento al paciente del que salió originalmente el tumor.
Esto convierte una futura fábrica de vacunas contra el cáncer en algo parecido a una mezcla de laboratorio farmacéutico, centro de datos y planta automatizada. Es necesaria una trazabilidad absoluta para garantizar que cada paciente recibe exactamente el medicamento fabricado a partir de su tumor. Y cada lote requiere sus propios procesos de producción, purificación y control de calidad. Es un problema industrial muy diferente al de fabricar millones de comprimidos o vacunas iguales.
Moderna ya ha construido una fábrica específicamente para resolver este problema. Su planta de Marlborough, en Massachusetts, dispone de un proceso automatizado que permite fabricar en paralelo lotes individualizados de intismeran. Empezó a suministrar producto para ensayos clínicos en septiembre de 2025 y está siendo preparada para una eventual comercialización. La compañía asegura que el proceso de fabricación propiamente dicho puede completarse normalmente en unas pocas semanas.
El tiempo es especialmente importante porque aquí no existe la posibilidad de fabricar primero y buscar al cliente después. El paciente ya está esperando cuando comienza la producción. La aspiración de la industria es reducir a entre seis y ocho semanas todo el periodo comprendido entre la biopsia y la administración de la vacuna. En determinados cánceres agresivos, cada semana adicional puede convertirse en una limitación clínica.
Y queda por resolver el problema económico. Fabricar decenas de miles de medicamentos diferentes será necesariamente más caro que producirlos por millones. Existe además un precedente poco tranquilizador: Provenge, una inmunoterapia celular personalizada contra el cáncer de próstata aprobada en Estados Unidos en 2010. Su precio inicial fue de 93.000 dólares y sus costes de fabricación llegaron a aproximarse inicialmente al 77% del precio de venta. Su desarrollador, Dendreon, terminó declarándose en quiebra menos de cinco años después. Provenge continúa comercializándose, pero nunca alcanzó las expectativas que había generado.
La automatización, la bioinformática y la inteligencia artificial pueden resultar por ello tan importantes como la propia biología. Elegir automáticamente los mejores neoantígenos entre las mutaciones de cada tumor, generar el diseño del medicamento, coordinar miles de órdenes de producción diferentes y controlar su trazabilidad son tareas difíciles de realizar a gran escala sin una infraestructura informática muy potente. El medicamento empieza, en la práctica, siendo un fichero digital que posteriormente debe transformarse en una molécula física.
El éxito de Moderna y MSD ha revalorizado además todo el ecosistema del ARN. El día en que se anunció el resultado de fase 3, las acciones de Moderna llegaron a subir un 177% y otras biotecnológicas relacionadas con ARNm avanzaron hasta un 20%. Arcturus Therapeutics, por ejemplo, desarrolla ARN autoamplificable y mantiene desde 2024 una colaboración con Achilles Therapeutics para combinar esa tecnología con Peleus, una plataforma de IA que identifica neoantígenos específicos de cada paciente.
Eso no significa que todas estas compañías estén compitiendo en igualdad de condiciones. Moderna/MSD tienen un producto personalizado con una fase 3 positiva y son hoy los claros líderes; BioNTech/Roche cuentan con la plataforma alternativa más comparable y experiencia industrial suficiente para convertirse en su principal rival; el resto trabaja con tecnologías más tempranas o diferentes. La reacción bursátil refleja tanto las expectativas como el enorme grado de incertidumbre que todavía rodea al sector.
La gran pregunta ya no es únicamente si es posible fabricar una vacuna de ARNm contra el cáncer. Moderna y MSD han demostrado por primera vez en fase 3 que una terapia creada específicamente a partir del tumor de cada enfermo puede mejorar los resultados de una inmunoterapia consolidada. Falta conocer la magnitud exacta de esa mejora, comprobar que funciona en otros cánceres y conseguir autorización regulatoria.
Pero después vendrá posiblemente una prueba todavía más interesante desde el punto de vista empresarial: demostrar que se pueden convertir sistemáticamente tumores en datos, datos en diseños de medicamentos y esos diseños en decenas de miles de medicamentos diferentes cada año, entregándolos en pocas semanas y a un precio que puedan pagar los sistemas sanitarios. Si Moderna, MSD, BioNTech y Roche consiguen resolver también ese problema, el ARNm no habrá creado simplemente otra familia de fármacos contra el cáncer. Habrá cambiado la propia definición industrial de medicamento: de un producto fabricado para millones de personas a un producto fabricado para una sola.
