La ‘slow tech’ quiere reparar el mayor fallo de Silicon Valley: nuestra capacidad de atención
Durante quince años, las grandes tecnológicas han competido por un objetivo muy concreto: conseguir que pasemos el mayor tiempo posible delante de una pantalla. Cuantos más minutos dedicábamos a una aplicación, más anuncios podíamos ver y más datos generábamos. El tiempo del usuario se convirtió en la principal materia prima de Internet.
Ahora está empezando a surgir un movimiento que pretende exactamente lo contrario. Se conoce como slow tech (tecnología lenta) y reúne a un número creciente de startups, fabricantes y desarrolladores que quieren diseñar productos para que el usuario utilice menos la tecnología, no más. Puede parecer una contradicción, pero detrás de ella empieza a vislumbrarse un nuevo mercado.
La economía digital ha estado dominada durante años por la llamada economía de la atención. Redes sociales, videojuegos, plataformas de vídeo y aplicaciones móviles se diseñaron para captar continuamente la mirada del usuario mediante notificaciones, desplazamiento infinito, recomendaciones personalizadas y recompensas variables.
El resultado ha sido una auténtica inflación de estímulos. Según explica TechCrunch, cada vez más consumidores manifiestan una sensación de saturación tecnológica y buscan herramientas que les ayuden a recuperar el control sobre su tiempo y su concentración. No se trata de abandonar la tecnología, sino de utilizarla de una forma más consciente.
Este cambio está generando un fenómeno curioso. Durante años las empresas tecnológicas prometían añadir funciones continuamente. Hoy algunas startups están teniendo éxito precisamente eliminándolas. Han reaparecido dispositivos con pantallas de tinta electrónica, teléfonos con funcionalidades limitadas, reproductores de música sin acceso a redes sociales, aplicaciones cuyo objetivo es bloquear otras aplicaciones y asistentes de inteligencia artificial diseñados para reducir el tiempo frente a la pantalla. El consumidor ya no busca necesariamente el dispositivo más potente, sino el que menos le distraiga.
La slow tech abre un nuevo espacio para el emprendimiento. Las grandes plataformas viven de maximizar el tiempo de uso. Su modelo de negocio depende precisamente de mantener al usuario conectado el mayor número de horas posible. Las nuevas empresas, sin embargo, pueden diferenciarse ofreciendo exactamente lo contrario: productos que respeten la atención del usuario.
Empiezan a aparecer aplicaciones que agrupan las notificaciones para evitar interrupciones constantes, agendas inteligentes que reducen el número de decisiones diarias, dispositivos diseñados para leer sin distracciones o herramientas de IA cuya misión consiste en ejecutar tareas en segundo plano para que el usuario no tenga que abrir continuamente el móvil.
Paradójicamente, la inteligencia artificial puede convertirse en una de las principales aliadas de la slow tech. En lugar de generar más contenido y más notificaciones, puede actuar como un filtro que elimine ruido y automatice procesos cotidianos.
El fenómeno recuerda a lo ocurrido en la industria alimentaria. Durante décadas predominó la producción masiva de alimentos ultraprocesados. Más tarde apareció un mercado creciente de productos ecológicos, de proximidad y elaborados de forma más natural. Nadie dejó de comer.
Simplemente apareció una categoría premium basada en la calidad en lugar de la cantidad. Con la tecnología podría ocurrir algo parecido. Tras años de perseguir más funciones, más aplicaciones y más horas de pantalla, comienza a surgir una demanda de dispositivos más simples, interfaces más tranquilas y experiencias digitales menos invasivas.
Durante muchos años el lujo tecnológico consistía en tener el último smartphone. Quizá el próximo lujo sea precisamente necesitarlo menos. Para muchas personas, disponer de varias horas diarias sin interrupciones constantes empieza a ser un bien tan escaso como valioso.
Si esa percepción continúa extendiéndose, la slow tech dejará de ser una curiosidad para convertirse en una nueva categoría de negocio. Y eso obligará a muchas empresas a responder una pregunta incómoda: ¿es posible ganar dinero ayudando a que los clientes utilicen menos tus productos? Cada vez hay más emprendedores convencidos de que sí. Y esa respuesta podría marcar una de las próximas grandes tendencias de la industria tecnológica.
