La excusa tecnológica de las txosnas de Bilbao para cobrar solo en efectivo no se sostiene
Bilboko Konpartsak ha decidido que las txosnas de Aste Nagusia no acepten este año ni tarjetas ni Bizum y que todos los pagos tengan que realizarse en efectivo. La explicación ofrecida es tecnológica: la concentración de decenas de miles de personas puede saturar las redes de telecomunicaciones y dejar inutilizados los sistemas electrónicos de pago.
El argumento resulta difícil de sostener. Existen desde hace años soluciones técnicas específicamente diseñadas para garantizar los cobros en eventos multitudinarios y, sobre todo, una eventual caída de las comunicaciones no obliga a prohibir preventivamente las tarjetas durante nueve días. Bastaría con aceptar efectivo mientras durase la incidencia.
La decisión resulta especialmente llamativa porque coincide con la incorporación de las txosnas al sistema Batuz de la Hacienda Foral de Bizkaia, después de años de resistencia de las comparsas. TicketBAI persigue precisamente registrar todas las operaciones de venta y dificultar la existencia de ingresos que queden fuera de la contabilidad.
Para empezar, un punto de venta no tiene por qué depender de una única conexión. Los TPV móviles pueden utilizar redes 4G o 5G y una instalación profesional puede disponer de routers con tarjetas SIM de diferentes operadores, de forma que la caída o saturación de una red permita utilizar otra.
También se pueden desplegar redes WiFi específicas para el recinto festivo y utilizar conexiones redundantes. Es el tipo de infraestructura que se instala habitualmente en festivales, conciertos, ferias y acontecimientos deportivos en los que miles de personas realizan pagos electrónicos simultáneamente. La cuestión es fundamentalmente de inversión y planificación, no de imposibilidad tecnológica.
Pero existe una solución todavía más evidente: los pagos offline. Diversos sistemas de TPV permiten seguir aceptando tarjetas aunque desaparezca temporalmente Internet. La operación queda almacenada de forma cifrada en el terminal y se transmite al procesador cuando se recupera la conexión.
Este procedimiento tiene ciertas limitaciones y supone para el vendedor el riesgo de que alguna operación sea rechazada posteriormente, por lo que normalmente se establecen límites. Pero las consumiciones de una txosna son precisamente operaciones de pequeño importe para las que este tipo de contingencia puede resultar especialmente útil.
Por tanto, ni siquiera una caída completa y simultánea de las comunicaciones tendría necesariamente que paralizar todos los pagos con tarjeta. Hay además un problema lógico en el argumento utilizado para justificar la decisión. Admitir tarjetas no obliga a dejar de aceptar dinero en metálico.
Si durante Aste Nagusia se produjera una saturación excepcional de las redes, las txosnas podrían simplemente avisar durante esos minutos de que únicamente pueden cobrar en efectivo. Cuando volviera la conexión, los TPV volverían a funcionar. Utilizar la posibilidad de una incidencia temporal como argumento para prohibir los pagos electrónicos durante toda la Semana Grande equivaldría a que un restaurante dejara de aceptar tarjetas todo el año porque alguna vez puede caerse Internet.
Existe, sin embargo, una diferencia mucho más importante entre ambos sistemas de pago: su trazabilidad. Un cobro realizado mediante tarjeta o Bizum genera automáticamente un registro en el sistema financiero. Queda constancia de la cantidad cobrada, el momento de la operación y la cuenta que recibe el dinero. El efectivo no proporciona esa huella bancaria.
Esto adquiere especial relevancia precisamente este año. Las txosnas de Bilbao se incorporan finalmente a Batuz y TicketBAI, el sistema desarrollado por la Hacienda Foral de Bizkaia para registrar las ventas y combatir el fraude fiscal. La propia Diputación define TicketBAI como un sistema de facturación destinado a asegurar «la declaración de todas las operaciones de venta realizadas».
En teoría, por tanto, que una cerveza se pague con una moneda de dos euros o mediante tarjeta debería ser irrelevante: la txosna tiene que registrar la venta en ambos casos. La diferencia aparece a la hora de comprobarlo.
Si una txosna declara mediante TicketBAI ingresos por 80.000 euros pero en su cuenta bancaria aparecen 120.000 euros procedentes de pagos con tarjeta, Hacienda dispone de una señal evidente de que algo no cuadra. Si prácticamente todos los ingresos se producen en efectivo, esa comprobación cruzada resulta mucho más difícil.
El problema no es, por tanto, que el efectivo permita legalmente dejar de registrar una venta. No lo permite. El problema es que reduce extraordinariamente la trazabilidad externa del dinero que pasa por la caja. El contexto hace todavía más llamativa la decisión. Bilboko Konpartsak lleva años mostrando sus reticencias a la implantación de Batuz.
En 2024 argumentaba que las comparsas no eran empresas, que estaban formadas por voluntarios y que carecían de los conocimientos y medios técnicos necesarios para cumplir las nuevas obligaciones. También aseguraban estar en contra del fraude fiscal y defendían que el dinero obtenido se destinaba a financiar las propias fiestas y diferentes proyectos populares.
Dos años después, las txosnas han terminado incorporándose a TicketBAI. Pero al mismo tiempo han optado por eliminar precisamente los sistemas de pago que generan una trazabilidad financiera adicional e independiente del registro realizado por la propia txosna.
Eso no demuestra por sí solo la existencia de fraude fiscal ni permite afirmar que las comparsas estén ocultando ingresos. Pero sí convierte en especialmente relevante que la Hacienda Foral compruebe si las ventas declaradas se corresponden con el volumen real de actividad. Porque técnicamente hay soluciones para cobrar con tarjeta aunque Internet falle. Y, si excepcionalmente todas ellas fallaran, siempre se podría cobrar temporalmente en efectivo.
La tecnología difícilmente explica, por tanto, que durante toda Aste Nagusia únicamente se pueda pagar en metálico. La consecuencia indiscutible de esa decisión es otra: cuanto mayor sea el peso del efectivo, menor será la trazabilidad bancaria del enorme volumen de dinero que mueve cada año el recinto festivo de Bilbao.
Un negocio de varios millones del que no se conoce la facturación
La dimensión económica de las txosnas tampoco es menor. No existe un dato público agregado sobre cuánto facturan las 27 instaladas en Aste Nagusia, pese a que algunos datos de consumo permiten hacerse una idea del volumen de dinero que pasa por sus cajas.
La cerveza ofrece una referencia especialmente útil. En 2025 La Salve suministraba cerveza a 25 de las 27 txosnas mediante un sistema de depósitos que, según explicó entonces la propia cervecera, evitaba la utilización de más de 4.000 barriles durante las fiestas. Si se toma como referencia el barril de 30 litros mencionado al describir el sistema anterior, estaríamos hablando de más de 120.000 litros de cerveza.
A los precios habituales de las txosnas —unos 2,50 euros por una caña y entre 5 y 6 euros por un katxi—, esos 120.000 litros podrían representar del orden de 700.000 euros de ventas únicamente en cerveza. Y la cifra no incluye las dos txosnas no abastecidas por La Salve ni el resto de bebidas.
Otro dato permite comprobar que la magnitud no resulta disparatada. En 2024, Deia relató que Moskotarrak, que no figura entre las txosnas más grandes, había consumido 17 barriles de 50 litros en menos de doce horas: 850 litros. Si, a efectos meramente orientativos, se extrapolaran 850 litros diarios durante los nueve días de fiestas a las 27 txosnas, el resultado superaría los 200.000 litros y 1,2 millones de euros de ventas de cerveza.
A ello habría que sumar una parte muy importante de la caja: kalimotxo, combinados, chupitos, vino, txakoli, refrescos, agua, bebidas energéticas y comida. La propia Moskotarrak tenía preparados aquel año, además de siete cañeros, cinco dispensadores de kalimotxo y 2.000 botellines refrigerados.
Los datos disponibles permiten, por tanto, pensar razonablemente que el conjunto de las txosnas mueve varios millones de euros durante los nueve días de Aste Nagusia, aunque no permiten determinar una cifra exacta. Precisamente por eso resulta llamativo que no exista una cifra pública agregada de sus ventas.
La llegada de TicketBAI debería cambiar radicalmente esta situación. Por primera vez Hacienda debería disponer de información digital sobre cada operación registrada y, por tanto, conocer con mucha mayor precisión cuánto factura cada txosna. Pero la decisión de cobrar exclusivamente en efectivo elimina una segunda fuente independiente de información: los movimientos generados por tarjetas y Bizum que permitirían contrastar la facturación declarada con el dinero efectivamente cobrado.
