El colmo de la impunidad: La Gilda del Norte entra hasta en el Alderdi Eguna
Hay empresas que, después de una condena por explotar laboralmente a trabajadores extranjeros, intentarían pasar una temporada desapercibidas. Y hay otras que parecen no tener ningún problema en seguir dejándose ver y, como si sintieran un halo de impunidad absoluta, lo hacen de la mano de los políticos del PNV, que gobiernan la mayor parte de las instituciones vascas. La Gilda del Norte pertenece claramente al segundo grupo y lo más sorprendente es que el partido jeltzale acepte a esta empresa hasta en su cocina.
El último episodio resulta difícil de superar. La Gilda del Norte dispuso este domingo de un puesto en el mercadillo del Alderdi Eguna, el principal acto anual del PNV. No estamos hablando de una feria cualquiera ni de un acontecimiento organizado por una entidad remotamente vinculada al partido. Estamos hablando de la gran fiesta anual del PNV, celebrada este año por quincuagésima vez.
Y tampoco estamos hablando de una vieja polémica olvidada. Nueve días antes, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco había confirmado íntegramente la condena al propietario de La Gilda del Norte por un delito contra los derechos de los trabajadores. La resolución considera acreditada la explotación laboral de ciudadanos extranjeros en situación irregular.
Los hechos probados son especialmente graves. El empresario empleó reiteradamente a personas extranjeras sin permiso de trabajo y sin darlas de alta en la Seguridad Social. Según las resoluciones judiciales, se aprovechaba de su situación de vulnerabilidad y había advertido a algunos de ellos de que debían esconderse cuando aparecieran los inspectores.
Después de una primera inspección, parte del trabajo pasó incluso a realizarse de noche para tratar de evitar nuevos controles. El TSJPV confirmó la multa de 18.000 euros y las indemnizaciones de 7.500 euros establecidas por la Audiencia de Bizkaia. No había, por tanto, ninguna posibilidad de alegar desconocimiento. El caso había tenido una amplia repercusión pública y la sentencia del TSJPV acababa de conocerse.
Pero lo del Alderdi Eguna tampoco constituye un accidente aislado. En abril ocurrió algo todavía más revelador. Sólo 72 horas después de la primera condena, el Gobierno vasco llevó a La Gilda del Norte al Salón Gourmets de Madrid dentro del expositor institucional Euskadi Basque Country, gestionado por la fundación pública Hazi. La Administración explicó entonces que la sentencia todavía no era firme y que por ello no podía impedir a la empresa participar en su programa de promoción.
Cinco meses después, aquella explicación ya no sirve. El TSJPV ha rechazado el recurso y ha confirmado la condena. Y apenas nueve días después, ahí estaba nuevamente La Gilda del Norte, esta vez no bajo el paraguas comercial del Gobierno vasco, sino dentro de la fiesta del partido que lo dirige.
Ese es precisamente el aspecto más inquietante del asunto. No se trata solamente de preguntarse quién concedió el puesto o qué procedimiento se siguió para seleccionar a los vendedores del mercadillo. Lo sorprendente es la aparente normalidad con la que una empresa cuyo propietario acaba de ser condenado por vulnerar los derechos de trabajadores extranjeros puede aparecer en el escaparate del principal partido de Euskadi.
La cuestión ya no afecta únicamente al dueño de La Gilda del Norte. Afecta a quienes deciden que no pasa nada: que en Euskadi es más importante llevarse bien con el partido que cumplir con la legalidad y que existe un ámbito de impunidad para aquellos que tengan una determinada filiación política.
El PNV defiende públicamente la inclusión, los derechos sociales y la protección de las personas más vulnerables. Pero esos principios adquieren verdadero significado cuando tienen algún coste. Resulta bastante sencillo proclamarlos desde una tribuna. Lo difícil es decirle que no a una empresa conocida, relacionada, generosa (con algunos) o comercialmente atractiva cuando sus antecedentes aconsejan mantener las distancias.
Hay todavía una cuestión que debería aclarar el PNV: cómo llegó La Gilda del Norte hasta ese mercadillo. El blog Landalarrazabal ha publicado, sin aportar pruebas, que “dicen que Iturrate le llevó al Alderdi”, en aparente referencia al dirigente jeltzale Iñigo Iturrate. Mientras no exista confirmación, no puede darse esa afirmación por cierta. Pero precisamente por eso sería conveniente que el partido explicara quién seleccionó a La Gilda del Norte, quién autorizó su presencia y bajo qué condiciones.
Porque quizá haya una explicación perfectamente razonable. Pero, a falta de ella, queda una imagen bastante difícil de justificar: nueve días después de que el TSJPV confirmara que su propietario explotó laboralmente a trabajadores extranjeros, La Gilda del Norte estaba haciendo negocio en la gran fiesta anual del PNV.
Eso es lo que convierte el episodio en algo más que una anécdota del Alderdi Eguna. La impunidad no consiste únicamente en eludir una condena judicial. También puede consistir en comprobar que, después de recibirla, todo sigue exactamente igual.
