¿Es Multiverse un Amazon o un Pets.com?

La inteligencia artificial está probablemente inmersa en una burbuja. Eso no significa que vaya a fracasar. Internet también protagonizó una de las mayores burbujas financieras de la historia y acabó transformando la economía mundial. La cuestión verdaderamente difícil no consiste, por tanto, en determinar si existe una burbuja, sino en distinguir qué empresas sobrevivirán cuando se desinfle.
Un reciente artículo de Constraint Lab recupera una comparación especialmente útil. En el año 2000 se podía pensar simultáneamente que las empresas de Internet estaban disparatadamente sobrevaloradas y que Internet iba a cambiar el mundo. Ambas cosas eran ciertas. El Nasdaq cayó un 78% entre 2000 y 2002; Pets.com salió a bolsa en febrero de 2000 y había desaparecido en noviembre. Amazon perdió más del 90% de su valor, pero siguió vendiendo libros y terminó convirtiéndose en una de las mayores compañías del planeta.
La pregunta interesante para Euskadi es evidente: ¿es Multiverse Computing un Amazon o un Pets.com? No es una comparación gratuita. La startup donostiarra acaba de anunciar una ronda de hasta 500 millones de euros que la valora en un mínimo de 1.500 millones antes de recibir el nuevo capital, cinco veces más que un año antes. Entre sus inversores están HP, Santander, Orange, Scania, BNP Paribas, el Estado español, el Gobierno Vasco y Kutxa Fundazioa. Si completa la operación, habrá captado unos 800 millones de dólares desde su nacimiento.
Son cantidades extraordinarias para una empresa vasca y también lo son para prácticamente cualquier startup española. Pero precisamente por eso conviene someter a Multiverse al mismo test que propone Constraint Lab para diferenciar Amazon de Pets.com: ¿qué permite hacer su tecnología que antes no se podía hacer?
La respuesta de Multiverse es CompactifAI. Su tecnología utiliza redes tensoriales, herramientas matemáticas procedentes de la física cuántica, para comprimir modelos de inteligencia artificial. Según la compañía, puede reducir su tamaño entre un 80% y un 95% manteniendo prácticamente intactas sus prestaciones. Esto ataca uno de los mayores problemas económicos de la actual revolución de la IA: hacer funcionar los modelos cuesta muchísimo dinero.
La industria está invirtiendo centenares de miles de millones en centros de datos, GPU, redes eléctricas y sistemas de refrigeración porque cada consulta realizada a un modelo consume recursos. Si Multiverse consigue que un modelo necesite una fracción de la memoria y capacidad de cálculo que requería anteriormente, no está introduciendo una mejora cosmética. Está reduciendo uno de los principales costes de toda la industria.
Hay una segunda ventaja potencialmente todavía más importante. Un modelo suficientemente pequeño puede salir del centro de datos y funcionar directamente en un ordenador, un teléfono móvil, un coche, un dron, una cámara o una máquina industrial. Multiverse asegura que sus modelos ya se están desplegando en millones de dispositivos y sistemas y trabaja con compañías como Bosch, Iberdrola, Indra y Telefónica. TechCrunch destacaba precisamente que ejecutar la IA localmente permite además utilizarla donde la conexión es deficiente o inexistente y mantener los datos sensibles dentro del propio dispositivo.
Ese es el argumento Amazon. Amazon utilizó Internet para conseguir algo que una librería física difícilmente podía ofrecer: poner a disposición del cliente un catálogo prácticamente ilimitado con una atención al cliente exquisita, a la altura de la mejor de las tiendas. Multiverse podría estar utilizando la compresión para conseguir algo equivalente: llevar modelos potentes a dispositivos en los que hasta ahora era técnica o económicamente inviable ejecutarlos.
La reciente demostración de que una versión comprimida de Llama 3.3 70B puede funcionar sobre procesadores Intel Xeon 6 convencionales apunta precisamente en esa dirección. Si las empresas pueden ejecutar determinadas aplicaciones de IA sin comprar tantas GPU extremadamente caras, existe una propuesta de valor perfectamente comprensible.
Pero también existe un argumento Pets.com. El problema es que Multiverse no opera en un mercado estático. La comida para perros que vendía Pets.com seguía pesando 18 kilos independientemente de lo rápido que mejorase Internet. En inteligencia artificial, en cambio, el producto que Multiverse comprime está cambiando continuamente.
Los grandes fabricantes están desarrollando por sí mismos modelos cada vez más pequeños, baratos y eficientes. Además, existen numerosas técnicas alternativas de cuantización, pruning, distillation y otras formas de optimización. Multiverse no compite únicamente contra otras empresas especializadas en compresión: compite indirectamente contra la propia evolución de los modelos.
Ahí aparece una de las principales dudas sobre su modelo de negocio. Si una empresa paga una cantidad importante para comprimir un modelo, necesita utilizarlo durante suficiente tiempo para recuperar esa inversión. Pero ¿qué ocurre si unos meses después aparece otro modelo de origen que ofrece prestaciones similares siendo ya mucho más pequeño y barato?
La inversión realizada en comprimir el anterior puede perder buena parte de su valor. Esta objeción es especialmente importante porque la velocidad de mejora de la IA es extraordinaria. Un modelo que hoy representa el estado del arte puede quedar relegado en cuestión de meses. La vida económica de una optimización puede ser, por tanto, mucho más corta que la de un producto tradicional.
Multiverse necesita demostrar que la velocidad a la que puede abaratar los modelos es superior a la velocidad a la que los propios modelos se abaratan solos. Probablemente la propia Multiverse es consciente de este riesgo. Su estrategia ya no consiste simplemente en vender CompactifAI como una herramienta para adelgazar modelos.
La compañía está ampliando su propuesta hacia una plataforma completa de eficiencia para IA. Ha desarrollado CompactifAI Router para decidir qué cargas deben ejecutarse localmente y cuáles enviarse a la nube y pretende convertirse en una capa de software para centros de datos que combine compresión, gestión de GPU, servicios de IA y controles relacionados con la soberanía de los datos.
Es un movimiento importante. Porque el verdadero negocio quizás no esté en comprimir un modelo una vez, sino en gestionar permanentemente qué modelo debe ejecutar cada tarea utilizando la menor cantidad posible de recursos. Eso cambia sustancialmente la tesis de inversión. Multiverse dejaría de ser simplemente una empresa con un algoritmo de compresión para intentar convertirse en una especie de sistema operativo de la eficiencia de la IA.
Y eso sí podría constituir un negocio mucho más difícil de sustituir. Existe además otra cuestión que no tiene que ver con la calidad de la tecnología: una gran empresa puede ser una mala inversión si se paga demasiado por ella. Amazon sobrevivió a la crisis puntocom, pero quien compró sus acciones en el máximo de 1999 tuvo que soportar una caída superior al 90% antes de comprobar que su tesis era correcta.
Multiverse ha pasado en aproximadamente un año de una ronda de 189 millones de euros a buscar otros 500 millones con una valoración pre-money de 1.500 millones. La propia compañía asegura que desde junio de 2025 ha multiplicado por más de diez sus ingresos anualizados y que las ventas del primer trimestre de 2026 fueron 96 veces superiores a las del mismo periodo anterior. Son crecimientos espectaculares, aunque las cifras absolutas de facturación que permitirían contextualizarlos no se han hecho públicas junto a la ronda.
Y aquí conviene separar dos preguntas que a menudo se mezclan. Una es si Multiverse tiene una buena tecnología. Otra, mucho más exigente, es si esa tecnología justifica una empresa valorada en 1.500 millones de euros y financiada con centenares de millones adicionales.
Para responder afirmativamente a la segunda no basta con demostrar que CompactifAI funciona. Multiverse tendrá que convertir esa ventaja tecnológica en ingresos recurrentes, márgenes elevados y, sobre todo, una barrera competitiva que siga existiendo dentro de cinco o diez años.
Hay además una paradoja interesante. Multiverse puede ser al mismo tiempo beneficiaria y víctima de la burbuja de la IA. Cuanto más dinero gasten OpenAI, Google, Meta, Microsoft y el resto de la industria en aumentar el tamaño y capacidad de sus modelos, más importante será reducir el coste de ejecutarlos. Cada nueva GPU que haya que instalar y cada megavatio adicional que consuma un centro de datos refuerzan el argumento comercial de CompactifAI.
Pero si la economía obliga a los fabricantes a desarrollar modelos mucho más eficientes desde su origen, parte de esa oportunidad podría desaparecer. Multiverse apuesta, en definitiva, a que la demanda de inteligencia artificial crecerá más deprisa que la eficiencia nativa de los modelos.
No parece una apuesta absurda. Es posible que ocurra algo parecido a los procesadores: los ordenadores consumen hoy infinitamente menos energía por operación que hace décadas, pero realizamos tantas más operaciones que la demanda total de capacidad informática no ha dejado de crecer. Si sucede lo mismo con la IA, hacerla más eficiente no reducirá el mercado de Multiverse. Lo multiplicará.
Entonces, ¿Amazon o Pets.com? Todavía es demasiado pronto para saberlo, pero Multiverse supera al menos el primer test. Pets.com utilizaba una tecnología revolucionaria para resolver de una manera económicamente peor un problema que ya estaba resuelto. Enviar gratuitamente enormes sacos de comida para perros por Estados Unidos destruía valor con cada venta.
Multiverse hace lo contrario: intenta eliminar un coste que se está convirtiendo en uno de los mayores problemas de la industria tecnológica mundial. Eso la coloca inicialmente bastante más cerca de Amazon que de Pets.com. Pero hay una diferencia fundamental. Amazon construyó progresivamente almacenes, logística, una marca y una red de clientes extremadamente difíciles de replicar. Todavía está por ver cuál será el equivalente de ese foso competitivo para Multiverse.
Su gran riesgo no parece que CompactifAI sea inútil. Todo apunta a que comprimir modelos tiene valor. El riesgo es que la compresión termine convirtiéndose en una funcionalidad y no en una empresa: algo que incorporen los propios desarrolladores de modelos, fabricantes de chips, plataformas cloud o proyectos de código abierto.
Por eso los próximos años serán decisivos. Habrá que observar menos sus rondas de financiación y sus valoraciones y mucho más tres indicadores: cuánto facturan realmente sus productos, cuántos clientes siguen pagando después de las primeras pruebas y hasta qué punto su tecnología mantiene una ventaja frente a modelos que cada vez nacen más pequeños y eficientes.
La burbuja puntocom enseñó que acertar sobre una tecnología no basta para acertar sobre una empresa. Internet era el futuro. Pets.com no. La inteligencia artificial probablemente también lo sea. Ahora Multiverse tiene que demostrar que ella también lo es.
