Bizigune crece, pero a un ritmo insuficiente para afrontar la emergencia de vivienda

Bizigune, uno de los principales instrumentos del Gobierno Vasco para aumentar rápidamente la oferta de vivienda asequible, vuelve a crecer después de varios años prácticamente estancado. El problema es que lo hace a un ritmo muy inferior al que exigiría la actual crisis de acceso a la vivienda: en el último año apenas ha incorporado 207 pisos netos.

El programa gestionado por la sociedad pública Alokabide cuenta actualmente con 7.665 viviendas, un 2,8% más que hace un año. El dato es positivo, pero resulta modesto si se tiene en cuenta que hay más de 80.000 personas inscritas actualmente en Etxebide como demandantes de una vivienda en alquiler.

Curiosamente, el propio Gobierno Vasco exageró inicialmente de manera considerable este crecimiento. La primera versión de la noticia publicada en Irekia aseguraba que Bizigune había incorporado 511 viviendas durante el último año y que el parque había crecido un 7,1%. Posteriormente, la información fue modificada y esas cifras fueron sustituidas por 207 viviendas y un 2,8%, respectivamente. Es decir, el incremento anunciado inicialmente era más del doble del real.

La corrección no se explica en la noticia y todavía pueden encontrarse rastros de la primera versión en buscadores y medios que reprodujeron los datos facilitados inicialmente por el Gobierno Vasco. La versión corregida mantiene además alguna aparente inconsistencia: asegura que desde el cierre de 2025 se han incorporado 109 viviendas, un 2,5% más, pese a que otras estadísticas oficiales situaban el parque al terminar aquel año en torno a las 7.500 viviendas.

Bizigune es especialmente importante porque permite aumentar el parque público de alquiler mucho más rápidamente que construyendo nuevas VPO. Su funcionamiento consiste en captar viviendas de propietarios particulares, garantizarles el cobro y hacerse cargo de su gestión para alquilarlas posteriormente a personas inscritas en Etxebide a precios adaptados a sus ingresos. La diferencia entre lo que cobra el propietario y lo que paga el inquilino la asume la Administración.

Sobre el papel existe, por tanto, un importante potencial para ampliar el programa sin esperar los varios años que requiere promover y construir nuevas viviendas. En la práctica, sin embargo, Bizigune lleva mucho tiempo creciendo muy lentamente.

A finales de 2023 disponía de 7.376 viviendas y un año después incluso había retrocedido ligeramente, hasta 7.375. En 2025 volvió a avanzar hasta situarse en torno a las 7.500 y ahora alcanza las 7.665. Es decir, en casi tres años el Gobierno Vasco sólo ha conseguido añadir unas 300 viviendas netas a Bizigune.

La evolución contrasta además con la registrada en los primeros años de esta década. El programa pasó de 6.451 viviendas en 2020 a 7.001 en 2021, lo que supuso incorporar unas 550 en un solo ejercicio. En 2022 sumó otras 200. Desde entonces, el crecimiento se ha ralentizado considerablemente.

El Gobierno Vasco es consciente de este problema y ha decidido utilizar el incentivo más evidente para intentar resolverlo: pagar más a los propietarios. El consejero de Vivienda, Denis Itxaso, ha explicado que el canon medio abonado por Bizigune ha pasado de 675 a 786,30 euros mensuales, un incremento del 16,5%.

«Necesitábamos recuperar un cierto atractivo económico, actualizar los precios, sobre todo en zonas tensionadas donde el precio de la vivienda libre en alquiler se ha disparado», reconoce Itxaso.

La reforma permite adaptar las cantidades abonadas a la evolución del mercado y pagar todavía más en las localidades donde el alquiler es especialmente caro. La intención es evitar que un propietario obtenga una diferencia demasiado grande entre entregar su vivienda a Bizigune y alquilarla directamente en el mercado.

Los primeros resultados apuntan a una recuperación de las captaciones, pero todavía muy limitada. Mientras el importe medio pagado a los propietarios ha aumentado un 16,5%, el parque disponible sólo ha crecido un 2,8% en el último año.

El problema es que Bizigune no sólo necesita captar nuevos pisos, sino compensar los que abandonan cada año el programa. Este efecto explica que el número de nuevas incorporaciones pueda ser considerablemente superior al crecimiento neto final. En el tercer trimestre de 2025, por ejemplo, entraron 119 viviendas pero el parque únicamente aumentó en seis, porque prácticamente el mismo número salió del programa.

Esta elevada rotación convierte la captación de propietarios en uno de los principales retos de la política vasca de vivienda. El Gobierno pretende que los distintos programas de intermediación superen las 8.000 viviendas durante el periodo de vigencia del Plan Director de Vivienda 2025-2027, una cifra que ya está relativamente próxima pero que sigue siendo pequeña frente a las necesidades existentes.

El propio Ejecutivo reconoce que Euskadi atraviesa una emergencia habitacional y se ha marcado como objetivo incrementar de manera relevante el parque de alquiler asequible. Pero construir lleva tiempo y precisamente por ello Bizigune debería ser una de las vías más rápidas para aumentar la oferta.

La diferencia de escala es considerable. Frente a las 7.665 viviendas actualmente incorporadas a Bizigune hay más de 80.000 demandantes de alquiler inscritos en Etxebide. Aunque ambas cifras no son directamente comparables —una vivienda puede atender sucesivamente a distintas familias y no todos los demandantes tienen las mismas necesidades—, permiten hacerse una idea de la magnitud del problema.

Itxaso lo reconoce abiertamente. «Lo que nos va a sacar del tensionamiento es incrementar la oferta y en eso hay que poner todos los esfuerzos», asegura.

La cuestión es que, al ritmo actual, Bizigune difícilmente va a contribuir a ese incremento en la escala necesaria. Crecer 207 viviendas al año supone avanzar, pero también necesitar casi cinco años para añadir apenas otras 1.000 viviendas. Y eso en un momento en el que decenas de miles de personas esperan acceder a un alquiler asequible a través de Etxebide.

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