graficaUltimamente estoy recopilando previsiones positivas sobre la economía en boca de políticos. Especialmente desde que Caja Laboral rebatiera con contundencia las expectativas de crecimiento del Gobierno Vasco. Mi conclusión es clara: los políticos necesitan ser optimistas, para mostrar esperanza, aunque los datos reales no les acompañen. Dicho de otra forma: las previsiones económicas en tiempos de crisis son otra gran mentira.

Uno de los casos que más me han llamado la atención ha sido la nota de prensa de la Diputación de Bizkaia para comunicar un incremento de la recaudación fiscal en junio de este año respecto al mismo periodo de 2009 superior al 13%. Me sorprendió tanto que me leí todo el texto y al final venía la explicación: la recaudación de IVA crece un 14%, pero en “esta figura tiene un impacto importante el ajuste interno como consecuencia del cobro del IVA de Rover por parte de Alava”.

Es decir, una circunstancia particular, una especie de accidente, hace que suban los ingresos fiscales, pero eso no significa para nada que se esté recuperando la actividad económica. De hecho, el Impuesto de Sociedades cae un 20,6%. Es otro caso de políticos, en este caso la Diputación de Bizkaia, interesados en vender imagen de recuperación, aunque los números reales nos muestren que de eso, por ahora, nada. Algo parecido ha ocurrido en Gipuzkoa, aunque parece haber también algo más.

En Vitoria-Gasteiz las cosas son más graves. La Consejería de Economía del Gobierno Vasco dio mucha publicidad al hecho de que la economía había crecido durante dos trimestres seguidos, el último de 2009 y el primero de 2010. Sin embargo, todavía no ha dicho nada sobre lo ocurrido en el segundo trimestre de este año, con lo que podemos imaginar que las cosas ya no han ido tan bien.

De ahí el rapapolvos reciente de Joseba Madariaga, director del Departamento de Estudios de Caja Laboral, que calificó como “un tanto optimista” la previsión del Gobierno Vasco de crecer un 1,6% en 2011. A su juicio, eso es casi imposible, puesto que los expertos internacionales hablan de decrecimiento para el conjunto de España el año que viene. Algo parecido ocurrirá en lo que queda de 2010.

Pero en esto no somos muy distintos al resto de países. Incluso el Gobierno griego espera que su país crezca en 2012, algo que todo el mundo da por hecho que es un sueño casi irrealizable. Hablar bien del futuro es una forma de vender esperanza en momentos de depresión. Es la receta que cualquier asesor de comunicación entregaría inmediatamente a su cliente.

Pero esta vez puede que el engaño no cuele durante mucho tiempo. Y es que las reformas estructurales que es preciso adoptar y las limitaciones que se están alcanzando en la capacidad de consumir recursos naturales nos van a pasar factura durante mucho tiempo. Es más que posible que España se quede anclada económicamente durante muchos años, como sucedió en Japón hace diez años. Euskadi tendrá seguramente un mejor comportamiento, porque exporta más, pero dentro de la tónica general de estabilización.

¿Es esto malo? Obviando el paro, no tendría por qué serlo. Estamos acostumbrados a que nos cuenten que el crecimiento económico es necesario, pero esto no deja de ser otra gran mentira. Un país puede vivir perfectamente sin que el consumo aumente. Es más, la humanidad tiene que empezar a pensar seriamente en esta posibilidad si no quiere acabar con el Planeta. Todo el mundo no puede tener coche. O mejoramos la tecnología, que es la otra opción, o tendremos que pensar en consumir menos para que otros puedan hacerlo en mayor medida.

Y como los políticos no están preparados para este tipo de escenario, creo que vamos a vivir interesantes tiempos de cambios y revoluciones. No sé si el sistema capitalista, basado precisamente en incrementos constantes del consumo, se va a resquebrajar. Lo que sí tengo claro es que el día menos pensado, aprovechando la fuerza de los medios sociales, van a aparecer nuevos líderes políticos que no necesitan de los partidos y que ofrecerán solución a muchos problemas que el régimen actual no va a poder resolver. Si Mario Conde hubiera llegado a su momento álgido 20 años más tarde…

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