Si hace unos meses nuestras administraciones solo sabían hablar de coches eléctricos, últimamente parece que la moda son las redes inteligentes. En principio, experimentar con tecnologías que pueden revolucionar un sector tan importante para la economía vasca como el de la energía es algo positivo. Y es normal que se haga con dinero público, puesto que las inversiones son cuantiosas. Lo que me genera más dudas es que sea preciso duplicar esfuerzos: Bizkaia por una parte y Gipuzkoa por otra.

De la red inteligente que se va a instalar en Portugalete y Bilbao entre Iberdrola y el EVE (Gobierno Vasco) ya se ha hablado mucho. Es un proyecto que me consta que se ha tratado con mucho sigilo, pese a que alguien se fue de la lengua en su momento, y que consiste básicamente en renovar toda la infraestructura eléctrica para digitalizarla y convertirla en una especie de sistema inteligente que es capaz de funcionar por sí mismo.

Esto hoy en día sirve para muy pocas cosas: apagar o enchufar en función de ciertos eventos que ocurren en la red y que se detectan automáticamente. Su interés es fundamentalmente tecnológico. Es decir, conseguir que las empresas vascas puedan experimentar con los sistemas del futuro para diseñar productos que después puedan incluir en sus catálogos, con la ventaja de que lo harán antes que los demás.

Es la misma estrategia que se quiere acometer con el coche eléctrico: empezamos a fabricar vehículos para involucrar a las empresas locales en el proceso y permitirles así conocer la tecnología por dentro. Discrepo de la decisión de hacerlo en colaboración con Mercedes, pero reconozco que la visión es muy acertada, en cuanto se hace en colaboración con todas las organizaciones vascas involucradas en el sector.

Lo que es absurdo y debe llevarnos a reflexionar seriamente sobre nuestro entramado institucional es que se creen al mismo tiempo dos redes inteligentes para experimentar. ¿No es suficiente con la de Portugalete y Bilbao? Para evitar herir susceptibilidades, ¿no habría sido más fácil elegir Eibar o Ermua en lugar de la localidad natal de Patxi López?

Sea como fuere, unas líneas para comentar el proyecto guipuzcoano, bautizado como i-Sare. Costará 6,6 millones de euros, financiados por todas las instituciones salvo el Gobierno Vasco, e implicará a las empresas y centros tecnológicos Jema, Cegasa Internacional, Cidetec, Electro TAZ, Ingesea, Oasa Transformadores, Tekniker y Ceit. A diferencia de las redes a instalar en Bizkaia, estará más orientada al vehículo eléctrico.

Se trata de un sistema de generación eléctrica bidireccional que permite la distribución de electricidad desde los proveedores hasta los consumidores, utilizando tecnología digital y favoreciendo la integración de las fuentes de generación de origen renovable, con el objetivo de ahorrar energía, reducir costes e incrementar la fiabilidad. Los elementos de los que consta son: Sistemas de generación distribuida; sistemas de almacenamiento de energía; técnicas para la gestión de cargas; sistemas de monitorización y control del flujo de potencia; y técnicas y procedimientos de mantenimiento preventivo.

Tendrá los siguientes componentes:
- Sistemas Electromecánicos: Transformadores; Protecciones media y baja tensión.
- Sistemas de almacenamiento: Baterías, volantes de inercia y supercondensadores.
- Sistemas de generación: Eólicos, fotovoltaica, grupo de cogeneración, generador diesel y pila de combustible.
- Arquitectura microred, compuesta a su vez por: infraestructura interoperable de comunicaciones; centro de control; contadores inteligentes; y puntos de recarga para vehículos eléctricos.

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