Nadie se ha sorprendido realmente de la dimisión de Pedro Luis Uriarte como presidente de Innobasque. Era un secreto a voces que ni él estaba cómodo ni al nuevo Gobierno Vasco le gusta Innobasque.

Uriarte tenía muchas razones para irse y muy pocas para quedarse. Para irse:
- No cobraba. Es por tanto, un trabajo que hacía por pura afición. En esas circunstancias, lo que menos quiere uno son problemas.
- A su familia no le hacía mucha gracia que un jubilado estuviera todo el día liado y que se llevara trabajo a casa. Es conocido que Uriarte responde mails a altas horas de la madrugada.
- El proyecto Innobasque no fue bien recibido en Lakua. Su visita a Patxi López fue semi-secreta y, según algunos medios, muy fría. Valga como muestra una conversación telefónica del vicenconsejero de Innovación, Pedro Hernández, captada por una simpatizante del PNV en plena calle: “Le estuve enseñando las cuentas de Innobasque al lehendakari. ¿Qué estos quieren que se mantenga? Que lo mantengan ellos, con iniciativa privada, pero que no esperen ni un euro de presupuesto público. Total, no se sostiene, es un txiringito que se cae por su propio peso”.
- La crisis ha quitado a la innovación de la agenda política. Ya no es tan prioritaria. Ahora es más importante “salvar los muebles” (valga el juego de palabras, por lo del plan renove de muebles).
- En el seno de Innobasque ha habido alguna queja hacia el estilo “bancario” de Uriarte, quizás no muy operativo en un mundo más o menos creativo.

Y las razones para quedarse eran escasas:
- El proyecto lo había comenzado él mismo y, por tanto, su renuncia puede dar la sensación de fracaso personal. De hecho, los únicos logros que manifestó se refieren a altas de socios y menciones en Google.
- Ha implicado en el proyecto a muchos amigos y conocidos que, sin él, pueden alejarse progresivamente de Innobasque. Es posible, en fin, que la iniciativa muera.

La cuestión ahora es qué va a hacer Patxi López con Innobasque. Dudo que lo cierre, aunque ganas no le habrán faltado. La principal acusación que se escucha en las filas socialistas es que en Innobasque hay muchos “enchufados”. Los escasos resultados tampoco juegan a su favor, si bien es cierto que su objetivo inicial era captar adhesiones y no tanto incrementar el porcentaje del PIB dedicado a la I+D.

En el lado positivo, Innobasque cuesta relativamente poco dinero, aunque casi todo sale de las arcas públicas. Además, sus objetivos fundacionales siguen siendo necesarios y su capacidad de captar las inquietudes del sector empresarial nunca la va a poder tener la Administración pública. Pero si López nombra a alguien con perfil político, este último argumento dejaría de tener sentido.

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