Sapa multiplica por cinco el valor de su inversión en Indra, pero los derivados pueden limitar su ganancia

La empresa guipuzcoana Sapa Placencia ha protagonizado una de las inversiones bursátiles más rentables de los últimos años en España. Entre 2021 y 2022 desembolsó aproximadamente 145 millones de euros para hacerse con el 7,9% de Indra, una participación que al cierre de 2025 alcanzaba un valor de mercado de 681 millones y que en octubre de 2026 ronda los 824 millones. Sin embargo, la extraordinaria revalorización de las acciones tiene una contrapartida: los derivados financieros contratados para cubrir la operación acumulaban una valoración negativa superior a 251 millones de euros al terminar 2025.


La cifra ha sido revelada por Okdiario, que señala que el importe negativo de estos instrumentos financieros ha pasado de unos 52 millones en 2024 a más de 251 millones en 2025. Aunque podría interpretarse como un importante quebranto económico, la realidad es más compleja. Los derivados están vinculados precisamente a las acciones de Indra, cuya subida de cotización ha incrementado considerablemente el patrimonio financiero de Sapa.

La operación comenzó en 2021, cuando Sapa adquirió el 5% de Indra por 90,8 millones de euros. Un año después incorporó otros cinco millones de acciones por unos 54 millones, hasta alcanzar el 7,9% del capital. Para financiar las adquisiciones recurrió a una estructura negociada con Deutsche Bank que incluía instrumentos derivados de cobertura.

Estos productos permiten reducir los riesgos asociados a la evolución de una cotización, pero pueden tener un coste considerable cuando las acciones suben mucho. Una de las fórmulas utilizadas en este tipo de operaciones es el collar, que combina una protección frente a determinadas caídas con una limitación de las ganancias por encima de un precio pactado. Si la acción supera ampliamente ese umbral, el derivado puede adquirir una valoración negativa creciente para su titular.

La paradoja es que cuanto más sube Indra, más valen las acciones de Sapa, pero también puede aumentar el coste de las coberturas contratadas. Por eso, los 251 millones no pueden considerarse automáticamente una pérdida efectiva. Se trata de una valoración contable de los instrumentos financieros a una fecha determinada, cuya repercusión definitiva dependerá de las condiciones contractuales y de su liquidación.

Al cierre de 2025, la participación de Sapa en Indra valía aproximadamente 681 millones de euros, frente a los 145 millones invertidos inicialmente. La plusvalía bursátil latente superaba, por tanto, los 536 millones. Si se resta a ese valor la posición negativa de los derivados, resulta una cifra orientativa de unos 430 millones, todavía muy superior al coste de adquisición. No obstante, ese cálculo no representa el valor neto real de la inversión, porque habría que descontar también la financiación pendiente y considerar otras obligaciones contractuales y fiscales.

La subida de Indra ha continuado durante 2026. Con una cotización de referencia de 58,74 euros por acción, el paquete de Sapa alcanzaría aproximadamente 824 millones, cerca de 5,7 veces su coste inicial. Sin embargo, no puede extrapolarse a octubre la valoración negativa de los derivados registrada en diciembre de 2025: también podría haber cambiado sustancialmente.

El impacto de los derivados también se ha trasladado a la cuenta de resultados. Según la información publicada, Sapa registró en 2025 un gasto de 13,6 millones de euros por ineficacia de las coberturas, frente a apenas 427.000 euros en 2024. Se trata de una magnitud distinta de los 251 millones de valoración negativa, pero especialmente significativa para una compañía que cerró el ejercicio con una facturación de 76 millones y un beneficio consolidado de 14,1 millones.

El beneficio de Sapa se multiplicó por cinco durante 2025, aunque en esta evolución influyó otra operación relacionada con Indra: la venta del 8,3% de Tess Defence por 33,7 millones de euros. El importe de esta transacción no equivale íntegramente a beneficio, pero ayuda a explicar el aumento de los resultados de la compañía controlada por la familia Aperribay.

La inversión en Indra tiene, además, una dimensión que va más allá de su rentabilidad financiera. Sapa se ha convertido en uno de los accionistas relevantes del grupo de defensa y ha respaldado las posiciones del Estado, a través de la SEPI, en la reciente disputa por su control. La participación adquirida por 145 millones no solo le ha proporcionado una importante revalorización bursátil, sino también influencia en una de las principales compañías españolas del sector.

La gran incógnita es cuánto dinero obtendría Sapa si decidiera deshacer su inversión. Para calcularlo sería necesario conocer el importe pendiente de devolución a Deutsche Bank, los precios máximos establecidos en los contratos de cobertura, sus vencimientos y las condiciones de cancelación anticipada. También habría que determinar si las acciones de Indra están comprometidas como garantía de la financiación.

Por ahora, la información disponible permite concluir que Sapa ha acertado en la elección de Indra como inversión bursátil, pero no cuantificar su rentabilidad definitiva. Los 679 millones de plusvalías latentes que arroja la cotización actual no son necesariamente ganancias disponibles para sus accionistas. Una parte podría quedar absorbida por las coberturas financieras y por el coste de la deuda utilizada para adquirir los títulos.

La cuestión es especialmente relevante porque la posición de Sapa en Indra combina tres elementos poco habituales en una empresa industrial de su tamaño: una participación bursátil cuyo valor supera ampliamente su facturación anual, una financiación estructurada mediante derivados y una influencia significativa en el accionariado de un grupo estratégico para la defensa española.

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