Multiverse justifica el uso de modelos chinos: «Los comprimimos y sanitizamos para adaptarlos a Europa»

Multiverse Computing no pretende desarrollar desde cero los grandes modelos de inteligencia artificial con los que compiten OpenAI, Anthropic o Google. Su estrategia pasa por coger los mejores modelos abiertos disponibles, que actualmente proceden en buena medida de China, comprimirlos y modificarlos para eliminar los sesgos y controles que puedan resultar incompatibles con Europa. Así lo explicó este martes su CEO, Enrique Lizaso, durante el foro Gipuzkoa al Día organizado por Diario Vasco en San Sebastián: «Nosotros proveemos modelos chinos comprimidos y sanitizados, adecuados a la sensibilidad y regulación europeas».


Lizaso llegó a utilizar una expresión todavía más gráfica: modelos «deschinizados». Inmediatamente se arrepintió de la palabra, pero el término resume bastante bien el negocio que Multiverse quiere construir. La compañía donostiarra considera que Europa difícilmente puede asumir el coste de entrenar los mayores modelos fundacionales y que una alternativa consiste en aprovechar los modelos abiertos desarrollados en otros lugares, fundamentalmente China, y convertirlos en productos utilizables con garantías por empresas europeas.

La explicación resulta especialmente interesante después de la polémica provocada por Quasar 438B, que Multiverse presentó como el modelo de IA más inteligente de Europa sin explicar inicialmente que procedía de un modelo chino. Quasar está basado en GLM-5.2, desarrollado por la china Z.ai, algo que ya aparecía en documentación anterior de CompactifAI y que actualmente también identifica expresamente Artificial Analysis. La aportación tecnológica de Multiverse consiste fundamentalmente en comprimir y optimizar el modelo mediante su tecnología CompactifAI.

Nadie preguntó a Lizaso durante el foro por esta polémica, pero el CEO de Multiverse terminó ofreciendo una explicación bastante detallada de por qué su compañía ha elegido precisamente ese camino. En su opinión, el problema debe analizarse desde una perspectiva europea. Entrenar los modelos más avanzados requiere inversiones de miles de millones y enormes cantidades de capacidad de computación, dos recursos en los que Europa está muy por detrás de Estados Unidos y China.

La tesis de Lizaso es, por tanto, pragmática: si Europa no puede construir todos esos modelos, al menos debe controlar la tecnología que finalmente utiliza. Ahí es donde Multiverse pretende encontrar su hueco. Su tecnología permite reducir el tamaño y las necesidades de computación de un modelo ya existente y, además, la compañía quiere «sanitizarlo», eliminando los condicionantes incorporados por sus desarrolladores originales para adecuarlo a la regulación y sensibilidad europeas.

El planteamiento introduce una nueva dimensión en la polémica sobre el origen chino de Quasar. La dependencia de GLM-5.2 deja de aparecer como una circunstancia accidental para convertirse en parte de la estrategia empresarial de Multiverse: utilizar tecnología china como materia prima y añadir sobre ella una capa europea de compresión, adaptación y control.

Hay, sin embargo, una importante excepción a la afirmación de Lizaso de que Europa no tiene capacidad para desarrollar modelos propios: Mistral. La compañía francesa sí entrena sus propios modelos y pretende controlar progresivamente toda la cadena tecnológica, incluida la infraestructura. Mistral acaba de captar 3.000 millones de euros y alcanzar una valoración de 21.000 millones, convirtiéndose en la tecnológica privada europea de mayor valor.

Lizaso evitó detenerse en esta aparente contradicción, aunque dejó claro que Mistral es su gran referencia europea: «Competimos con ellos». Y puso además una cifra a su ambición: Multiverse quiere llegar algún día a valer los mismos 21.000 millones de euros que la compañía francesa. Actualmente la empresa donostiarra supera los 2.000 millones de valoración después de haber captado 500 millones este año.

Las estrategias de las dos compañías son, sin embargo, muy diferentes. Mistral está apostando por desarrollar modelos e infraestructura propia, mientras Multiverse no considera que tenga actualmente músculo financiero suficiente para recorrer ese camino. Lizaso reconoció que la francesa está construyendo su propio centro de datos, mientras la compañía donostiarra utiliza habitualmente capacidad de terceros, fundamentalmente AWS, y no se plantea por el momento levantar un centro de datos propio.

Multiverse quiere hacer negocio precisamente reduciendo esa gigantesca necesidad de infraestructura. CompactifAI comprime los modelos para disminuir la memoria y capacidad de cálculo necesarias para ejecutarlos. La compañía considera que esa misma tecnología puede terminar utilizándose para mejorar la eficiencia de los centros de datos, uno de los principales cuellos de botella de la expansión mundial de la IA.

Eso no significa que Multiverse quiera quedarse fuera de las grandes infraestructuras que Europa prepara para intentar recuperar terreno. La empresa forma parte de uno de los consorcios que aspiran a desarrollar una gigafactoría europea de IA, un proyecto que necesitará financiación comunitaria y que pretende proporcionar a empresas europeas una capacidad de computación difícilmente accesible actualmente.

Lizaso recurrió continuamente durante su intervención a comparaciones financieras para explicar la magnitud del desafío. Mencionó las valoraciones que están alcanzando las grandes compañías estadounidenses y comparó el tamaño al que podría llegar Anthropic con el PIB de España. Más allá de la exactitud de la comparación, su argumento es que desarrollar IA de frontera se ha convertido en un negocio intensivo en capital a una escala que Europa difícilmente puede reproducir empresa por empresa.

Esa visión financiera también condiciona el futuro de Multiverse. Lizaso dejó caer que la salida que considera más lógica para la compañía es la Bolsa. Su expectativa es que primero lleguen al mercado las grandes empresas estadounidenses de inteligencia artificial, particularmente Anthropic y OpenAI, abriendo así el camino para que posteriormente puedan cotizar compañías de menor tamaño especializadas en esta tecnología.

Pero el CEO de Multiverse planteó también una segunda posibilidad mucho más política y europea: crear una especie de Airbus de la inteligencia artificial. Europa podría terminar agrupando empresas, tecnología y financiación de diferentes países para construir un gran campeón continental capaz de competir con Estados Unidos y China, siguiendo el modelo utilizado hace décadas para crear el fabricante aeronáutico Airbus.

Según Lizaso, esta posibilidad no es puramente teórica. Explicó que en Europa ya se está valorando una estrategia semejante para las tecnologías cuánticas, otro sector en el que la fragmentación empresarial y la enorme necesidad de capital dificultan competir con los gigantes estadounidenses.

Multiverse también aspira a desempeñar un papel tractor en Gipuzkoa. Lizaso reconoció que alrededor de su tecnología podría desarrollarse un ecosistema de empresas encargadas de adaptar sus modelos a sectores industriales concretos. Multiverse aportaría la tecnología horizontal y otras compañías desarrollarían las aplicaciones especializadas que necesita la industria, reproduciendo en cierta manera el tradicional modelo vasco de empresa tractora y proveedores especializados.

Para construir ese ecosistema será imprescindible atraer talento internacional y Lizaso concedió una importancia especial a la fiscalidad. Los salarios elevados son necesarios para captar ingenieros y científicos especializados, pero considera igualmente importantes las deducciones fiscales que permiten competir por profesionales que pueden elegir prácticamente cualquier lugar del mundo para trabajar.

La intervención de Lizaso permite, en definitiva, entender mucho mejor qué quiere ser Multiverse. No pretende convertirse necesariamente en una OpenAI europea que gaste decenas de miles de millones en entrenar modelos cada vez mayores. Quiere situarse en otra parte de la cadena: coger modelos ya existentes, reducir radicalmente sus necesidades de computación y transformarlos para que puedan ser utilizados por empresas europeas.

Y eso conduce a una paradoja especialmente interesante. La procedencia china de Quasar, que ha generado dudas sobre la forma en que Multiverse presentó el modelo, es al mismo tiempo una pieza central de su oportunidad de negocio. Si Europa no dispone del dinero ni de la infraestructura necesarios para desarrollar todos sus grandes modelos, alguien tendrá que adaptar los que llegan desde fuera. Multiverse quiere ser la empresa que coja esos modelos chinos, los comprima y, utilizando la desafortunada pero reveladora expresión de Lizaso, los «deschinice».

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