El Gobierno Vasco calcula que el idioma del examen explica más de la mitad del desplome de Euskadi en Pisa
El hundimiento de Euskadi en comprensión lectora en Pisa 2025 tiene una explicación parcial que hasta ahora había pasado prácticamente inadvertida: el 45% de los alumnos realizó la prueba en una lengua diferente de la que habla en casa. El propio Gobierno Vasco calcula que, si los centros hubieran seguido la propuesta del ISEI-IVEI para decidir individualmente la lengua del examen, la caída habría sido aproximadamente la mitad de los 47 puntos registrados.
El dato fue aportado este lunes en el Parlamento Vasco por Eduardo Ubieta, exdirector del ISEI-IVEI y miembro del comité de expertos que asesora al Departamento de Educación en materia de evaluación. Su explicación resulta especialmente relevante porque el instituto había comunicado previamente a cada centro en qué lengua proponía que realizara Pisa cada estudiante.
El criterio utilizado tradicionalmente por el ISEI-IVEI era la lengua familiar y no necesariamente la de escolarización. Según Ubieta, así se había hecho hasta 2022. La razón es que Pisa no pretende comprobar si el alumno conoce el currículo impartido en una determinada lengua, sino medir competencias y su capacidad para utilizar los conocimientos adquiridos.
Los centros se apartaron masivamente de esta recomendación en 2025. La proporción de estudiantes vascos que hizo Pisa en una lengua diferente de la familiar pasó del 22% en la anterior edición al 45%. El cambio afectó especialmente a alumnos castellanohablantes escolarizados en euskera.
El resultado es llamativo. Sólo alrededor del 23% de los estudiantes habla euskera en casa, pero el 66,5% de la muestra realizó Pisa en esta lengua. En el resto de España, descontando a los alumnos de origen extranjero, aproximadamente el 14% hizo el examen en una lengua diferente de la familiar, según explicó en el Parlamento la catedrática Jasone Cenoz. En Euskadi el porcentaje rondó el 44-45%.
Ubieta ha puesto además una cifra al posible impacto. Según explicó, si los estudiantes hubieran hecho la prueba en la lengua propuesta individualmente por el ISEI-IVEI, «la disminución de la puntuación hubiera sido la mitad». Esto situaría el deterioro de la comprensión lectora en alrededor de 20-25 puntos, en lugar de los 47 realmente registrados.
La afirmación coincide con el análisis independiente realizado por Gananzia a partir de los microdatos publicados por la OCDE, aunque estos no permiten demostrar por sí solos que el idioma sea la causa de la diferencia. La muestra vasca está formada por 1.856 estudiantes de 55 centros. Entre ellos hay 1.265 que declaran hablar castellano habitualmente en casa. De estos, 546 hicieron las pruebas en castellano y 719 en euskera.
Las diferencias iniciales son enormes:
| Alumnos que hablan castellano en casa | Pisa en castellano | Pisa en euskera | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Lectura | 464,6 | 390,5 | −74,1 |
| Matemáticas | 470,3 | 452,9 | −17,4 |
| Ciencias | 488,5 | 438,5 | −49,9 |
Los castellanohablantes que hicieron lectura en castellano obtuvieron 465 puntos, frente a los 391 de quienes la realizaron en euskera. Es una diferencia de 74 puntos, suficientemente grande como para modificar por completo la posición de Euskadi en la clasificación autonómica.
Pero sería incorrecto concluir que hacer el examen en euskera resta 74 puntos. Los dos grupos no son comparables directamente. Hay colegios en los que prácticamente todos los castellanohablantes hicieron Pisa en castellano y otros en los que prácticamente todos lo hicieron en euskera. El resultado bruto mezcla, por tanto, el idioma de la prueba con las diferencias existentes entre centros y alumnos.
Gananzia ha intentado aislar parcialmente ambos fenómenos comparando estudiantes del mismo colegio. El análisis tiene también en cuenta el nivel socioeconómico, la condición de inmigrante y el curso del estudiante, además de utilizar los valores plausibles y ponderaciones de Pisa.
El resultado cambia considerablemente:
| Examen en euskera entre alumnos castellanohablantes | Diferencia ajustada |
|---|---|
| Lectura | −38,7 puntos |
| Matemáticas | +11 aprox. |
| Ciencias | −17 aprox. |
En matemáticas y ciencias la diferencia deja de ser estadísticamente significativa. En lectura, en cambio, permanece una brecha de aproximadamente 39 puntos. Es decir, incluso comparando alumnos castellanohablantes del mismo centro y descontando algunas de sus principales diferencias observables, quienes realizaron la prueba en euskera obtuvieron una puntuación sensiblemente inferior.
La estimación no significa que el idioma provoque exactamente esa pérdida. Los centros no asignaron aleatoriamente la lengua de evaluación y pueden existir características del alumno que influyan simultáneamente en la elección del idioma y en su capacidad lectora.
Gananzia ha realizado además una segunda prueba para comprobar que el resultado no esté provocado por uno o dos colegios anómalos. Hay 21 centros donde encontramos castellanohablantes examinados tanto en castellano como en euskera. Hemos repetido el cálculo eliminando sucesivamente cada uno de ellos.
| Prueba de robustez | Resultado en lectura |
|---|---|
| Diferencia bruta | −74,1 puntos |
| Diferencia ajustada | −38,7 |
| Menor diferencia al eliminar un centro | −34,5 |
| Mayor diferencia al eliminar un centro | −45,4 |
| Centros eliminados sucesivamente | 21 |
| Casos en que desaparece la significación | 0 |
La asociación permanece en los 21 casos. La diferencia oscila entre aproximadamente 35 y 45 puntos y continúa siendo estadísticamente significativa independientemente del colegio que se retire de la muestra. El fenómeno no parece proceder, por tanto, de un único centro extraordinariamente malo.
La explicación ofrecida por los expertos introduce además una precaución importante: el problema no tendría por qué ser específicamente el euskera, sino realizar una prueba de comprensión en una lengua diferente de la familiar. Cenoz aseguró en el Parlamento que el efecto es bidireccional y que también aparece entre estudiantes que hablan euskera en casa y hacen Pisa en castellano.
Los microdatos públicos vascos permiten comprobar muy mal esta segunda situación porque sólo hay alrededor de una decena de euskaldunes familiares examinados en castellano. La muestra es demasiado pequeña para extraer conclusiones equivalentes a las obtenidas entre castellanohablantes.
Tampoco puede confundirse este resultado con una evaluación del modelo D. Los microdatos públicos identifican la lengua familiar y la lengua de la prueba, pero no permiten separar adecuadamente los modelos A, B y D de cada alumno. Que un estudiante obtenga peor resultado al hacer Pisa en una lengua distinta de la que habla habitualmente no demuestra que escolarizarse en esa lengua perjudique su aprendizaje.
De hecho, hay otro dato que impide explicar todo el mal resultado vasco por la lengua del examen. Los alumnos que hablan euskera en casa y realizaron Pisa en euskera obtuvieron alrededor de 424 puntos en lectura, una cifra también muy baja pese a que este grupo presenta un nivel socioeconómico y cultural relativamente favorable.
El idioma puede explicar, por tanto, una parte del desplome de Pisa, pero no todo. Los expertos señalaron en el Parlamento un segundo problema: la repetición de curso. Luis Lizasoain, miembro del Foro de Evaluación y profesor de Métodos de Investigación en Educación, cifró en el 14% la proporción de alumnos de la muestra vasca que, teniendo 15 años, se encuentra todavía en 2º o 3º de ESO en lugar de 4º.
Según los datos expuestos por Lizasoain, la proporción equivalente en la OCDE ronda el 7-8% y en algunos países se sitúa alrededor del 4%. El investigador lleva años señalando la relación entre retraso escolar y resultados en Pisa. Ya había advertido públicamente de que este indicador perjudica las comparaciones españolas porque Pisa selecciona estudiantes por edad y no por curso.
Pero la repetición tampoco se distribuye aleatoriamente. Según Lizasoain, ha repetido curso el 34% de los estudiantes pertenecientes al quintil socioeconómico más bajo, frente a apenas el 2% del 20% de familias con mayor nivel socioeconómico.
| Situación expuesta por Lizasoain | Porcentaje de repetidores |
|---|---|
| Total de la muestra vasca | 14% |
| 20% con menor nivel socioeconómico | 34% |
| 20% con mayor nivel socioeconómico | 2% |
| Referencia aportada para la OCDE | 7-8% |
La diferencia tiene además implicaciones para otra de las grandes anomalías de Pisa 2025: los peores resultados de la red pública frente a la concertada. Lizasoain señaló que los estudiantes socioeconómicamente más desfavorecidos y con mayores tasas de repetición se escolarizan fundamentalmente en la pública.
Esto obliga a ser especialmente cuidadoso al interpretar la diferencia entre redes. Que la concertada obtenga mejores puntuaciones no demuestra por sí mismo que su gestión sea responsable de toda la ventaja. Una parte puede proceder de que escolariza una proporción diferente de alumnos con dificultades educativas y socioeconómicas.
La repetición tampoco debe interpretarse mecánicamente como la causa del resultado. Lizasoain afirmó que esos estudiantes no han visto todavía contenidos que encuentran en Pisa, pero la evaluación internacional no pretende medir el currículo de 4º de ESO. La relación puede responder a que el repetidor ha acumulado dificultades educativas, lleva menos años de escolarización efectiva en determinados niveles o pertenece con mayor frecuencia a entornos desfavorecidos.
Lengua, repetición y nivel socioeconómico aparecen así entrelazados en el resultado vasco. Y precisamente por eso las medias generales de Pisa dicen bastante menos de lo que parece. Hay además una decisión del propio Gobierno Vasco que ha reducido la capacidad para profundizar en el análisis. Euskadi había utilizado tradicionalmente una muestra ampliada para disponer de resultados representativos por modelos lingüísticos y redes educativas.
En 2022 participaron más centros concertados precisamente para poder diferenciar, entre otras cosas, el modelo B del D. En 2025 se decidió equilibrar la muestra entre centros públicos y concertados. El resultado fueron 55 centros y 1.856 estudiantes. Según explicó Ubieta, la reducción impide disponer ahora de una muestra suficientemente representativa del modelo B concertado, pese a que todavía agrupa a aproximadamente una cuarta parte del alumnado de ESO.
La paradoja es evidente: en la edición en la que el idioma de evaluación se convierte en una variable potencialmente decisiva, Euskadi dispone de menos capacidad para comparar estadísticamente sus modelos lingüísticos. Todo esto cambia sustancialmente la interpretación del desplome vasco. Euskadi obtuvo 419 puntos en lectura, 47 menos que en 2022. Si el cálculo anunciado por el ISEI-IVEI es correcto, aproximadamente la mitad de esa caída habría ocurrido igualmente aunque los estudiantes hubieran sido evaluados en la lengua propuesta por el instituto.
El problema educativo, por tanto, seguiría siendo importante. Pero la otra mitad podría tener una naturaleza diferente. No necesariamente reflejaría que los alumnos hayan perdido competencias en semejante magnitud, sino que cambió la manera en que una parte muy importante de ellos realizó la prueba que pretendía medirlas.
Eso convierte en imprescindible publicar el cálculo completo realizado por el ISEI-IVEI. El Gobierno conoce la lengua familiar de cada estudiante, el idioma que recomendó para su examen, el que finalmente escogió el centro, su modelo lingüístico y sus resultados. Con esos datos puede determinar mucho mejor que cualquier análisis de la base pública cuánto influyó cada factor.
Hay dos preguntas especialmente sencillas que Educación debería contestar. La primera es por qué, si el ISEI-IVEI comunicó a cada centro la lengua que consideraba adecuada para evaluar a cada estudiante, el porcentaje examinado en otra lengua pasó del 22% al 45%. La segunda es cómo ha calculado que seguir aquella recomendación habría reducido aproximadamente a la mitad el desplome de la comprensión lectora. Porque, si ese cálculo se confirma, una parte importante del peor resultado vasco de Pisa no estaría describiendo únicamente lo que saben los alumnos. También estaría midiendo cómo decidió Euskadi examinarlos.
