Informe Pisa en Euskadi: Si las escuelas públicas son más caras y dan peores resultados que las concertadas, ¿nos conviene privatizar toda la educación básica?

Los malos resultados de Euskadi en el Informe PISA 2025 han vuelto a provocar el habitual debate sobre la educación vasca. Pero esta vez hay una pregunta particularmente incómoda que merece la pena plantear. Euskadi dispone de dos grandes redes educativas financiadas con dinero público: una gestionada directamente por la Administración y otra formada por centros de titularidad privada concertados. La primera cuesta bastante más por alumno y obtiene peores resultados que la segunda. ¿Nos convendría entonces extender el modelo concertado a toda la educación básica?
PISA 2025 sitúa a Euskadi en 419 puntos en lectura, 459 en ciencias y 460 en matemáticas. Especialmente preocupante es la comprensión lectora, donde queda 32 puntos por debajo de los 451 de España. En matemáticas, por el contrario, los 460 puntos vascos están ligeramente por encima de los 457 españoles, mientras que en ciencias Euskadi vuelve a quedar claramente por debajo de los 477 estatales.
Conviene aclarar que PISA no puntúa sobre 1.000 ni tiene una puntuación máxima. La escala se construyó originalmente alrededor de los 500 puntos, con una desviación estándar próxima a 100. Por eso, diferencias aparentemente pequeñas de 20, 30 o 40 puntos son estadísticamente importantes.
Cuadro 1. La paradoja: más gasto, peores resultados
| ESO en Euskadi | Pública | Privada/concertada | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Coste por alumno | 9.954 € | 6.129 € | Pública +62,4% |
| Coste por aula | 160.405 € | 139.110 € | Pública +15,3% |
| PISA lectura | — | — | Privada +31 puntos |
| PISA ciencias | — | — | Privada +35 puntos |
| PISA matemáticas | — | — | Privada +28 puntos |
Fuente: Eustat (costes 2022/23-2023) e Informe PISA 2025.
Y precisamente una de las mayores diferencias aparece dentro del propio sistema educativo vasco. Los centros privados/concertados aventajan a los públicos en PISA 2025 en aproximadamente 31 puntos en lectura, 35 en ciencias y 28 en matemáticas. Estamos hablando de diferencias de alrededor de 0,3 desviaciones estándar.
Lo sorprendente es que la red que obtiene peores resultados es también la que utiliza muchos más recursos. Los últimos datos publicados por Eustat permiten realizar una comparación casi contemporánea con los alumnos evaluados por PISA. En el curso 2022/23, el gasto de enseñanza de un alumno de ESO pública ascendía a 9.954 euros anuales. En la enseñanza privada vasca, el coste equivalente en 2023 era de 6.129 euros.
La diferencia es enorme: un alumno de ESO pública cuesta un 62,4% más que uno de la privada. La comparación por aula reduce considerablemente la distancia, pero no la elimina. Eustat calcula 160.405 euros por unidad escolar de ESO pública frente a 139.110 en la privada, aproximadamente un 15% más.
La diferencia entre ambas comparaciones aporta además una pista importante sobre dónde está parte del dinero: la pública tiene menos alumnos por aula y, por tanto, dedica más recursos humanos a cada estudiante. En principio debería ser una ventaja educativa. Menos alumnos y más profesores deberían permitir atender mejor a cada estudiante, detectar antes sus dificultades y dedicar más tiempo a quienes se quedan atrás.
PISA muestra, sin embargo, que los resultados son peores. Euskadi ofrece así una especie de experimento natural sobre dos formas diferentes de prestar un mismo servicio público. Aproximadamente la mitad de los alumnos estudia en centros públicos y la otra mitad en privados, fundamentalmente concertados. Estos últimos no son colegios privados convencionales: reciben financiación pública, forman parte del Servicio Público Vasco de Educación y la enseñanza obligatoria que imparten está sometida al principio de gratuidad.
En un caso, la Administración posee el centro, contrata a los profesores y gestiona directamente la enseñanza. En el otro, financia el servicio pero su gestión corresponde a una entidad privada. El segundo modelo cuesta menos y obtiene mejores resultados.
La primera objeción es evidente: no escolarizan exactamente a los mismos alumnos. La pública concentra más inmigración. En ESO, el 11,9% de sus estudiantes tenía nacionalidad extranjera en 2024/25, frente al 8,3% de la privada. Si utilizamos conceptos más amplios de origen inmigrante, la diferencia resulta mayor. Esto perjudica necesariamente el resultado medio de la pública. Pero difícilmente explica una brecha PISA próxima a 30 puntos.
Cuadro 2. ¿La inmigración explica la diferencia?
| ESO 2024/25 | Pública | Privada | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Alumnos | 42.733 | 47.171 | — |
| Alumnos extranjeros | 5.086 | 3.898 | — |
| % extranjeros | 11,9% | 8,3% | +3,6 puntos |
| Efecto teórico si un extranjero obtiene 50 puntos PISA menos | — | — | ≈1,8 puntos PISA |
| Diferencia PISA observada entre redes | — | — | 28-35 puntos |
Fuente: Eustat. El efecto de 1,8 puntos es una simulación, no un resultado de PISA.
Podemos hacer un ejercicio meramente ilustrativo. Incluso suponiendo que un alumno extranjero obtuviera nada menos que 50 puntos PISA menos que uno español, los 3,6 puntos porcentuales de diferencia en su presencia entre ambas redes explicarían apenas 1,8 puntos de distancia en la puntuación media. Hay también diferencias socioeconómicas y una mayor concentración de alumnado vulnerable en determinados centros públicos. Todo ello debe corregirse antes de atribuir causalmente la totalidad de la brecha a la gestión.
Pero tampoco parece razonable trasladar automáticamente a Euskadi la explicación de que la concertada obtiene mejores resultados porque sólo pueden acceder a ella las familias acomodadas. En la enseñanza obligatoria vasca las dos redes reciben financiación pública y la concertada está sometida al principio de gratuidad.
Existe segregación educativa y hay que medir su efecto. Pero no existe una barrera económica formal equivalente a pagar la matrícula de un colegio privado no concertado. La prueba estadística definitiva sería comparar estudiantes con el mismo nivel socioeconómico, mismo origen, misma lengua familiar, mismas necesidades educativas y mismo modelo lingüístico. Eso permitiría calcular cuánto queda de la llamada «prima concertada» después de descontar las diferencias entre sus alumnos.
Pero tenemos otra evidencia independiente que apunta en la misma dirección. La Evaluación Diagnóstica 2026 del propio Gobierno Vasco, mucho más amplia que PISA, utilizó una muestra de 10.642 estudiantes de 252 centros seleccionados por Eustat para ser representativos por territorio, red educativa y modelo lingüístico. En 4º de ESO participaron 2.284 alumnos públicos y 3.196 concertados.
El Gobierno Vasco reconoce que en 2026 han mejorado los resultados de la pública y que “se reduce la distancia respecto a la red concertada”. Es una buena noticia para la pública, pero la propia formulación confirma que la distancia continúa existiendo.
Una de las diferencias estructurales entre las dos redes está en la utilización de sus profesores. En Secundaria pública vasca la carga lectiva se mueve actualmente alrededor de las 17-18 horas semanales, mientras que en distintos ámbitos de la concertada alcanza aproximadamente 21-22, dependiendo del convenio, etapa y responsabilidades del docente.
Esto no significa que un profesor público trabaje sólo 17 o 18 horas. El resto de su jornada incluye preparación de clases, correcciones, reuniones, guardias, coordinación y formación. Pero desde el punto de vista económico tiene una consecuencia evidente: para proporcionar el mismo número de horas lectivas a los alumnos hacen falta más profesores en la pública.
Y el dato de Eustat parece reflejarlo. De los 9.954 euros anuales de gasto de enseñanza por alumno de ESO pública, 9.258 corresponden a personal. Es decir, aproximadamente el 93% del coste. La cuestión no parece ser, por tanto, que falten profesores.
Varios profesionales del sector consultados apuntan precisamente a la gestión del profesorado como una de las principales diferencias entre ambas redes. En los centros concertados existiría generalmente un seguimiento más estrecho de cada estudiante, especialmente cuando empieza a tener dificultades, además de una mayor presión sobre los equipos docentes para probar nuevas metodologías y encontrar soluciones.
También hay diferencias importantes en los incentivos. Los centros concertados necesitan atraer y conservar alumnos. Aunque la enseñanza sea gratuita, las familias pueden cambiar de colegio y una pérdida sostenida de estudiantes termina teniendo consecuencias económicas y laborales para el centro.
En la pública, el mecanismo es diferente. Una parte sustancial de sus docentes son funcionarios y disfrutan de una estabilidad laboral extraordinariamente elevada. Esa protección tiene razones perfectamente defendibles, pero también hace mucho más difícil que una dirección pueda actuar ante un profesor cuyo desempeño sea persistentemente deficiente. Un excelente profesor público y otro que se limite durante años a cumplir los mínimos disfrutan de una seguridad laboral y unos incentivos profesionales muy similares.
Eso no significa que los docentes públicos sean peores. Hay profesores extraordinarios y mediocres en las dos redes. La pregunta relevante es qué organización consigue sacar el máximo rendimiento de sus profesionales y qué capacidad tiene para reaccionar cuando alguno no funciona.
Hay una pista adicional que merece ser investigada. En los cuestionarios de contexto de PISA de anteriores ediciones, sólo alrededor del 27% de los alumnos vascos afirmaba que sus profesores mostraban interés por el aprendizaje de cada estudiante en todas las clases, y Euskadi aparecía entre las comunidades con menor apoyo docente percibido.
Todavía necesitamos ese indicador desagregado por titularidad para saber si existe una diferencia entre pública y concertada. Pero plantea una paradoja evidente: tener más profesores por alumno no garantiza que el alumno reciba más atención personal.
Y en Euskadi esa atención puede ser especialmente importante por una peculiaridad lingüística. El modelo D, en el que el euskera es la principal lengua vehicular, es ampliamente mayoritario, mientras que para una parte importante de los estudiantes el castellano sigue siendo su lengua materna y la que utilizan habitualmente en casa.
Esto no demuestra que estudiar en euskera produzca peores resultados académicos. Lo que sí muestran evaluaciones educativas realizadas en Euskadi es que para determinados alumnos aprender y ser evaluados en una lengua distinta de la familiar puede introducir una dificultad adicional, especialmente cuando todavía no han alcanzado una competencia suficiente en esa segunda lengua.
Por eso el modelo lingüístico exige precisamente aquello que los expertos consultados consideran especialmente importante: detectar rápidamente qué alumno no está siguiendo correctamente una materia y proporcionarle apoyo individual. La abundancia de profesores de la pública debería convertir esto en una de sus grandes ventajas. Si dispone de más recursos humanos, menos alumnos por aula y un gasto por estudiante un 62% superior, pero aun así consigue peores resultados, la cuestión que debemos plantearnos es si esos recursos están siendo bien gestionados.
Además, Euskadi tampoco puede explicar sus malos resultados por una población particularmente pobre. Su nivel socioeconómico y cultural se encuentra históricamente por encima de la media española y entre los más favorables de las comunidades autónomas.
Tenemos, por tanto, una paradoja difícil de esquivar: más gasto + más profesores por alumno + entorno socioeconómico favorable = peores resultados.
El debate educativo vasco suele centrarse en los recursos. Ante cualquier problema aparecen reclamaciones de más profesores, menores ratios, más especialistas o mayores presupuestos. PISA obliga a plantear una cuestión diferente: la productividad educativa.
La educación transforma recursos económicos y humanos en aprendizaje. Y si una organización necesita muchos más recursos para obtener un resultado inferior al de otra que presta el mismo servicio, existe como mínimo un problema de eficiencia que merece una explicación.
Cuadro 3. Dos modelos para prestar el mismo servicio
| Escuela pública | Escuela concertada | |
|---|---|---|
| Financiación pública | Sí | Sí |
| Enseñanza obligatoria gratuita | Sí | Sí |
| Titularidad | Pública | Privada |
| Gestión | Administración | Entidad privada |
| Profesorado | Mayoritariamente funcionario | Laboral |
| Horas lectivas en Secundaria* | ≈17-18 | ≈21-22 |
| Coste ESO/alumno | 9.954 € | 6.129 € |
| Resultados PISA | Inferiores | Superiores |
| Capacidad de dirección sobre plantilla | Menor | Mayor |
| Incentivo por atraer/conservar alumnado | Menor | Mayor |
*Las horas dependen de etapa, convenio, funciones y curso; son órdenes de magnitud, no una jornada universal para todos los docentes.
¿Significa esto que Euskadi debería privatizar toda su educación básica? La palabra «privatizar» puede resultar engañosa. No significaría necesariamente vender colegios o hacer pagar a las familias. Euskadi ya tiene privatizada la gestión de aproximadamente la mitad de su sistema educativo mediante centros de titularidad privada financiados públicamente y sometidos a obligaciones de servicio público: los concertados.
Y, con los datos disponibles, podemos afirmar dos cosas. Obtienen mejores resultados académicos. Y su coste de enseñanza por alumno es considerablemente inferior. Lo que todavía no podemos afirmar es que la titularidad privada sea por sí sola la causa de ambas cosas. La diferente composición del alumnado explica una parte de la brecha y necesitamos medir exactamente cuánto. Pero tampoco parece razonable ignorar el resultado del experimento que Euskadi lleva décadas realizando.
Quizá la solución no sea convertir todos los colegios públicos en concertados, sino trasladar a la pública aquellos mecanismos de gestión que funcionan mejor en la concertada. Mayor autonomía de las direcciones, capacidad para configurar equipos, evaluación efectiva del desempeño docente, consecuencias ante un rendimiento insuficiente, incentivos para innovar y un seguimiento mucho más individualizado del estudiante serían algunos de los aspectos que merece la pena estudiar.
La cuestión no debería plantearse como una batalla ideológica entre educación pública y privada. Tenemos dos modelos financiados con dinero público, sometidos al mismo currículo y que educan a los mismos jóvenes vascos. Uno cuesta 9.954 euros por alumno de ESO y el otro 6.129: un 62% menos en el primero respecto al coste superior de la pública. Y, pese a ello, el más barato obtiene mejores resultados.
PISA 2025 no demuestra que Euskadi deba convertir mañana todos sus colegios públicos en concertados. Pero sí obliga a responder a una pregunta mucho más incómoda: si podemos prestar el mismo servicio público mediante dos modelos de gestión y el más barato obtiene mejores resultados, ¿por qué damos por supuesto que la solución consiste en seguir aportando más recursos precisamente al más caro?
