Cuatro años de cárcel por una «estafa del amor» de casi 400.000 euros a un viudo donostiarra de 82 años

La Audiencia Provincial de Gipuzkoa ha condenado a cuatro años de prisión a una joven por utilizar una falsa relación sentimental para estafar 397.205 euros a un viudo donostiarra de 82 años. La mujer consiguió que el hombre le entregara importantes cantidades de dinero, le donara la mitad de una vivienda y le permitiera acceder a su tarjeta bancaria. La propia sentencia encuadra los hechos en la modalidad conocida como «estafa del amor».


La historia comenzó en enero de 2022 en un restaurante de Bruselas, donde residía desde hacía décadas la víctima, que había sido profesor de guitarra clásica en el Conservatorio de la ciudad. Había enviudado tres años antes después de 60 años de matrimonio y reconoció durante el juicio que no soportaba bien la soledad. La acusada, de nacionalidad rumana y entonces de 22 años, se interesó por él y esa misma noche le envió un mensaje diciéndole que era «un hombre excepcional». Poco después se ofreció a acompañarle en su proyecto de trasladarse a España.

La Audiencia considera que aquel primer encuentro ni siquiera parece haber sido casual. Según relató el hombre, la encargada del restaurante sentó junto a él a la joven y a un supuesto primo y posteriormente llegó a la conclusión de que ambos disponían previamente de información sobre él. La acusada le pidió clases de guitarra, que nunca llegaron a celebrarse, y comenzó inmediatamente a mostrar interés sentimental.

Para el tribunal, «la joven, por sí sola o en compañía de otros, preparó un escenario» destinado a hacerle creer que estaba interesada afectivamente en él. La sentencia concluye que la víctima «cayó en la trampa que le había sido diseñada», favorecida por su soledad y por una especial vulnerabilidad en el terreno afectivo.

Tras trasladarse ambos a España, el hombre compró una vivienda por 264.110 euros. Aunque pagó íntegramente el inmueble, la propiedad se escrituró al 50% entre ambos porque previamente donó a la acusada 132.055 euros, la cantidad correspondiente a su mitad. La sentencia destaca que la intención inicial del comprador era adquirir él la vivienda y dejársela posteriormente en herencia, pero fue ella quien insistió en convertirse inmediatamente en copropietaria.

La joven llegó a recurrir a una abogada rumana para asegurarse de que la operación quedara correctamente formalizada a su favor. La letrada viajó desde Madrid acompañada de su marido y estuvo presente en la escrituración. Según la Audiencia, fue la acusada, directamente o a través de esta abogada, quien convenció al hombre para optar por la donación y la copropiedad. Los gastos de la letrada y de su estancia también los pagó él.

La segunda parte de la estafa comenzó después de que el viudo vendiera por más de 300.000 euros la vivienda que poseía en Bruselas. La acusada sabía que había recibido ese dinero y comenzó entonces a explicarle que su madre necesitaba urgentemente una casa en Rumanía. Ante la objeción del hombre de que podía alquilar una vivienda, ella le aseguró que eso no era posible porque su madre carecía de ingresos y le prometió que la casa que compraran quedaría a nombre de él.

Con ese argumento consiguió que entre noviembre de 2022 y septiembre de 2023 realizara cuatro transferencias de 50.000, 70.000, 75.000 y 38.500 euros. En total, 233.500 euros. Después fueron apareciendo nuevas necesidades de dinero para supuestas obras en el inmueble. La Audiencia concluye que la historia era falsa: «ni hubo casa, ni tal casa en Rumanía iba a ser puesta nunca a nombre del Sr. Lucas».

La acusada disponía además de otra vía para acceder al patrimonio del hombre. Él mismo le había facilitado el PIN de su tarjeta bancaria para que pudiera sacar dinero en alguna ocasión. La sentencia considera probado que ella aprovechó ese conocimiento para utilizar después la tarjeta sin su consentimiento: entre enero de 2023 y febrero de 2024 efectuó 63 retiradas de efectivo por 21.770 euros. También realizó varias transferencias a familiares suyos.

El hombre llegó a advertir en alguna ocasión que la tarjeta había desaparecido de su cartera coincidiendo con una salida precipitada de la acusada y que después volvía a aparecer. Cuando preguntaba por las retiradas, ella le decía que probablemente le habían copiado la tarjeta y nunca reconocía haber sacado el dinero.

La sentencia recoge además indicios de que la relación sentimental que ella presentaba al viudo no se correspondía con su vida real. La acusada pasaba largos periodos fuera de casa alegando viajes a Rumanía o un supuesto trabajo en un restaurante. La Audiencia comprobó, entre otras cosas, que había pernoctado acompañada de otro hombre en una habitación de matrimonio de un hostal y en otros hoteles, con gastos que terminaban saliendo de la cuenta de la víctima. El tribunal considera esa «otra vida» poco compatible con una auténtica relación sentimental con el viudo.

La defensa sostuvo precisamente lo contrario: que la relación había sido auténtica y que todas las entregas de dinero fueron voluntarias. La acusada declaró que había estado con él porque le quería, que el hombre decidió regalarle la mitad de la vivienda y que le había entregado la tarjeta y su clave para que pudiera comprar ropa, perfumes y otros productos. Incluso aseguró durante el juicio que todavía hablaban y que él estaba dispuesto a volver con ella.

Uno de los elementos determinantes del caso es que la víctima no padecía deterioro cognitivo. Los peritos apreciaron que conservaba la memoria, el lenguaje y sus capacidades intelectuales. Su vulnerabilidad era de otra naturaleza: presentaba una deficiencia en sus habilidades socioafectivas que le hacía especialmente influenciable cuando entraban en juego sus sentimientos. La perito describió un «claro enganche afectivo» y explicó que el hombre se había construido una idea fantástica de la relación que le llevaba a entregar prácticamente todo lo que ella le pedía.

De hecho, cuando personas de su entorno intentaron advertirle, él siguió confiando en la joven. Durante la evaluación llegó a explicar así lo sucedido: «yo quise creer que había tenido mucha suerte». La Audiencia entiende que precisamente esa necesidad de compañía y su vulnerabilidad afectiva fueron explotadas para mantener durante casi dos años un engaño que terminó provocándole un perjuicio de 397.205 euros.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *