El software libre iba a ser, a priori, una de las principales bazas del nuevo Gobierno Vasco, hasta el punto de que figuraba en el programa electoral del PSE. Sin embargo, con el paso del tiempo, la apuesta inicial se ha ido desinflando. ¿Qué ha ocurrido? El Gobierno Vasco alega que la crisis impide apostar por cambios tecnológicos, pero creo que también hay miedo y cierta desorientación.

Es sabido que lo fácil es mantener las cosas como estaban. En el mundo de las TICs, existe ya toda una forma de hacer, unos procedimientos y unos estándares informáticos que han sido construidos a lo largo de los años y de los que vela una sociedad pública, Ejie, que en teoría se mantiene fiel a sus principios, gobierne quien gobierne.

Esto último es positivo en la medida en que evita que caprichos puntuales puedan dar al traste con esfuerzos anteriores, como está sucediendo en algunas instituciones públicas que no trabajan con esta entidad. Pero puede convertirse en un lastre si en la propia Ejie no se introducen sistemas de innovación interna y de gestión del conocimiento capaces de generar en la organización cierta creatividad.

Me consta que esto se hizo en la legislatura anterior. No tengo conocimiento de que se esté haciendo en la actual. Y mi sensación personal es que esto tiene mucho más que ver con la absoluta descoordinación que sufre el Gobierno Vasco en todo lo que tiene que ver con la informática (y en muchas otras cosas más) que con un problema interno de Ejie.

Es sintomático lo que ha ocurrido con el Observatorio del Software Libre y con la implementación de OpenOffice, un producto libre y en principio gratuito de características similares a Microsoft Office, que es de pago. En ambos casos se trata de esfuerzos dirigidos en una misma línea de potenciación de los programas de código abierto pero que no han durado más de un año.

Aunque las razones oficiales de su paralización tienen que ver con la crisis y con la compra por parte de Oracle del propietario de la tecnología, Sun Microsystems, creo que lo más grave es que demuestran una importante desorientación. Por no hablar del error con el concurso de micro-ordenadores para el Eskola 2.0, que “obvió” a Linux y se tuvo que corregir posteriormente mediante negociaciones directas con los ofertantes.

Por todo ello, creo que lo mejor que puedo hacer, más que insistir en las supuestas bondades del software libre, es exponer algunos criterios que creo que deben determinar la política informática más acertada.

- Es fundamental tener claro qué es lo que se quiere. ¿Se trata de fomentar el software libre para que tenga las mismas oportunidades que el propietario? Si solo es eso, entonces quizás sea suficiente con lanzar campañas de imagen y sensibilización sobre software libre, especialmente entre los funcionarios, que tienen una lógica inercia a seguir usando los mismos programas.

- En una época de recortes presupuestarios, el argumento de la reducción del gasto es incompatible con el no uso interno de software libre. Ahora más que nunca, es el momento de buscar alternativas baratas a programas con alto coste en licencias.

- Hay que tomar medidas a largo plazo. Por ejemplo, hace cinco años la Diputación de Gipuzkoa paralizó el Ginux, una distribución propia de Linux que había financiado el propio organismo foral, por su dependencia de Microsoft Access. Si realmente hay tantos funcionarios que emplean ese programa y existe una alternativa libre, lo que hay que hacer es empezar desde ya a promover el uso de otros programas. Estos pequeños pasos son los más importantes a largo plazo.

- Resulta fundamental que Ejie innove y sea ejemplar para todos los informáticos que trabajan en el Gobierno Vasco. Es ella la que debería llevar la delantera en uso de software libre. Si Ejie se queda atrás y se limita a gestionar, que es lo que me dicen que está ocurriendo, vamos a sufrir mucho a largo plazo. Y no me refiero solo al software libre.

- Hay que evaluar periódicamente cómo se está avanzando hacia los objetivos marcados. Aunque si no se sabe lo que se quiere, es difícil dar este paso. Por ejemplo, me gustaría saber cuánta gente está utilizando los programas que ha liberado el Gobierno Vasco.

- Si el software libre tiene ventajas estratégicas para este país a largo plazo, el compromiso debe ser asumido por todo el Gobierno Vasco y no solo por una consejería. No se trata solo de unas herramientas u otras sino de una forma de hacer las cosas que podría ser beneficioso para todos tanto a nivel industrial como cultural o para los consumidores. Es contradictorio ver a unos consejeros a favor del software libre y otros rodeados de logotipos de Microsoft. Conviene recordar, en este sentido, cuáles son las razones que Cenatic, un organismo al que pertenece el Gobierno Vasco, aporta a favor del uso del software libre en la administración pública: permite mayor eficiencia presupuestaria al ahorrar costes en el mantenimiento y en la evolución del software, proporciona mayor interoperabilidad y transparencia, desarrolla un ecosistema de empresas en el sector TICs garantizando la existencia futura de proveedores y facilita la adaptación a las necesidades concretas de las administraciones en materia lingüística, legislativa, de accesibilidad e imagen.

- Hasta ahora ha habido mucho ruido y pocas nueces, como si se tratara más de vender imagen del Gobierno Vasco que otra cosa. A partir de ahora debería haber muchas nueces y poco ruido. Más trabajo interno y menos eventos externos. Menos liberaciones y más uso de programas ya liberados.

- La nube existía hace ya muchos años. No resulta creíble, por tanto, que ahora se utilice como argumento para retrasar medidas a favor del software libre. Una vez más, da la impresión de que quien manda es la consultora de turno y que en el Gobierno Vasco se cree a pie puntillas lo que dice.

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