El primer encuentro del combate entre Jabyer Fernández, el patrón de Afer, y José Luis Bilbao, el diputado general de Bizkaia, se ha saldado a favor del primero. El reconocimiento de precipitación en la aprobación de las ayudas a Habidite por parte del político no deja de ser un tanto a favor del empresario.
Esto es lo que ha dicho Bilbao: “Hoy habríamos hecho las cosas de otra manera. Quizá pesó en exceso la ilusión y el ímpetu para apoyar un proyecto que contemplaba una creación de empleo importante. Quizá quisimos correr demasiado”. Obviamente, se trata de una asunción de responsabilidad, ante la obviedad de que los convenios con Habidite no se tenían que haber firmado nunca.
Sumado esto a la rapidez con que Jabyer Fernández se ofreció para comparecer en Juntas Generales, una presencia a la que sólo se opone el PNV, queda claro que Bilbao ha encajado un gol, si es que no se lo habían marcado ya antes, en 2006, cuando rubricó los acuerdos. Por si fuera poco, en un comunicado, el empresario insiste en que su proyecto generaría “empleo y riqueza” y, para que quede claro que sigue vivo, se ofrece a enseñar los prototipos a cualquier vizcaíno que quiera pasarse por la sede de Afer en Ortuella.
¿Qué va a pasar ahora? Como las cosas sigan así, a la Diputación no le va a quedar más remedio que ceder y dar a Fernández todo lo que pida. Sea como fuere, cara a la opinión pública, lo que ha quedado claro es que el dueño de Afer encandiló en 2006 a José Luis Bilbao y se lo llevó a la cama. Sin ningún tipo de informe jurídico, firmó tres convenios presuntamente ilegales.
¿Era consciente el diputado de que se estaba equivocando? Nunca lo sabremos. La oposición dice que había elecciones y que lo hacía para que le votaran los vecinos de las Encartaciones. Bilbao dice que sólo hubo precipitación. Lo que está claro es que el tema va a dar mucho que hablar.


5/07/2009
Efectivamente. Afer convenció al diputado general. Porbablemente, incluso, el proyecto de Afer es realmente bueno. Quizá José Luis Bilbao lo vio tan bueno que se saltó a la torera todas las reglas de la burocracia. Incluso se le puede perdonar por eso. Lo que no le puede perdonar es porque:
1- Si el proyecto no valía la pena ¿por qué lo apoyó con tanto entusiasmo? Dimisión
2- Si se enamoró del proyecto y el enamoramiento le llevó a cometer ilegalidades. Dimisión
3-Si a pesar de las ilegalidades el proyecto merece la pena ¿por qué le retiró el apoyo y ahora persigue con saña y talanete de mala persona al empresario? Dimisión