Parece que en los últimos tiempos, cuando hablamos de Iberdrola, sólo podemos pensar en el señor Galán, el señor Pérez (Florentino), las OPAs y los consejos de dirección. Iberdrola es, sin embargo, mucho más. Se enorgullece de “trabajar con el objetivo de ofrecer la energía más limpia del planeta”, aunque de esto hay mucho que hablar.

En la web de Iberdrola podemos leer lo siguiente:

“La Energía Verde IBERDROLA proviene exclusivamente de fuentes de energía certificadas 100% renovables, que se caracterizan por su máximo respeto medioambiental, al evitar las emisiones de CO2 y otros gases contaminantes, reduciendo de esta forma el efecto invernadero en la atmósfera.”

Las cosas no son, en realidad, como el departamento de relaciones públicas de Iberdrola nos cuenta.

La central térmica de Pasaia opera desde el año 1964 con licencia temporal. El proceso de generación de energía de esta planta se basa en el quemado de carbón, uno de los procedimientos más contaminantes que existen hoy en día. Para obtener la licencia definitiva, Iberdrola necesitaba acreditar haber dado cumplimiento a una serie de condiciones especiales impuestas por la cercanía entre dicha central y la centro urbano de Pasaia. En los 46 años que han pasado desde entonces, Iberdrola no ha acreditado dicho cumplimiento y ha seguido operando sin trabas. Hoy en día los requisitos en cuanto a la protección del medio ambiente para este tipo de actividades se han endurecido considerablemente. Se obliga incluso a disponer de una AAI (Autorización Ambiental Integrada que otorga la Consejería de Ordenación del Territorio del Gobierno Vasco) y que esta central ha recibido directamente, sin cumplir los requerimientos anteriores y sin haber presentado, tampoco, una evaluación de impacto ambiental.

greenpeace-iberdrolaCon estos antecedentes, Greenpeace realizó en marzo del 2007 una de esas acciones propias suyas: subirse a una torre de dicha central, colgar una pancarta, molestar, protestar y hacer ruido mediático. Nada muy dramático, vamos, comparado con lo que vemos todos los días que se hace en defensa de aquello que creemos que se debe defender.

El pasado día 1 de Junio comenzó el juicio contra Greenpeace por dicha acción y donde Iberdrola se presenta como acusación particular. En su escrito de acusación, Iberdrola, pide lo siguiente:

a) a Greenpeace, en concepto de indemnización, 5.000 euros.

b) a cada uno de los diez voluntarios implicados: 3,600 euros por usurpación de bien inmueble; 14.400 euros por coacciones; 9 meses de prisión por desobediencia a agentes de la autoridad; 9 días de trabajo en beneficio de la comunidad por falta de deslucimiento de bien inmueble.

Al margen de que me parece chocante que una empresa privada solicite prisión por desobediencia a agentes de la autoridad, entre otras cosas, y suponiendo que es normal y la forma habitual de proceder en un juicio… ¿es esta la forma normal de proceder de la que se autodenomina “la empresa más verde de España”? Podemos discutir si los procedimientos de Greenpeace son los idóneos. Podemos alabar que nunca hayan recurrido a la violencia física, entendida como agresión a otras personas. Podemos admirar que siempre han dado la cara y acudido, la institución y sus voluntarios, a todos y cada uno de los juicios que se han realizado contra ellos.

¿Podemos discutir el proceder de Iberdrola en este caso? No ya la existencia de la central térmica de Pasaia que probablemente responde a enormes intereses económicos y sociales de difícil solución. La actitud de la empresa en relación a una acción inofensiva ¿responde a su deseo de ver cumplir la ley? ¿O responde a su deseo de amedrentar a movimientos ecologistas y evitar futuras actividades que dañen su “imagen verde”?

Creo que Ibedrola se equivoca en esto. Si los activistas de Greenpeace realizaron actividades ilegales, ya se ocupará de ello el Estado y la ley. Acudir como acusación particular atacando a Greenpeace y a sus miembros es una contradicción, una mala idea y mal marketing.

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