Últimamente, para solucionar el problema de la falta de crédito para las familias y pymes, se están anunciando muchas medidas para ofrecer financiación desde las instituciones públicas: ICO, autonomías, líneas de crédito, avales… Habrá que tener mucho cuidado con ese ímpetu por parte de las instituciones por dos razones: una, que se abra tanto la mano que entren empresas inviables, y otro que haya una total transparencia e independencia en la concesión de los créditos. No me gusta la visión de políticos jugando a banqueros con el dinero de todos.
En esta carrera por abrir líneas de crédito (por ejemplo el ICO todas las semanas amplía o crea iniciativas), las autonomías no se van a quedar atrás. El futuro Instituto Vasco de Finanzas, el sucesor de aquel viejo proyecto de Banco Público Vasco, tendrá entre sus capacidades la de dar financiación a empresas y particulares. Esto, unido a fondos como Ekarpen o sociedades como Gestión de Capital Riesgo del País Vasco, y la posibilidad de concesión de avales, me da un poco de miedo respecto a la discrecionalidad de la elección de las beneficiarias.
Primeramente no se debe caer el riesgo de que, acuciados por la presión social de cada vez más cierres y parados, nuestros políticos empiecen a financiar empresas abocadas inevitablemente al cierre. Seguramente conseguirían su continuidad a corto plazo, pero traspasando el papelón a medio plazo, y creando competencia desleal de las otras empresas del sector que sean más eficientes. Ya hemos tenido en el pasado muchos casos de rescates y ayudas públicas que al final sólo han servido para que la sociedad haya pagado abultadas facturas tanto económicas como sociales.
Por otra parte, en una sociedad tan politizada como es la vasca, y con una administración principal cuyo color político ha sido el mismo en los últimos 30 años, hay que ser muy cuidadoso en la forma en que sean adjudicada dicha financiación con garantía pública. La elección debe ser realizada por profesionales independientes y con estrictos criterios económicos y de interés público (sectores de alta tecnología, apuestas de futuro). Aparte de la competencia desleal, la posibilidad de que una empresa de la competencia tuviera la “suerte” de tener un compañero con aval público por amiguismos políticos, provocaría que los empresarios críticos se autocensurasen, puesto que no querrían perjudicar a sus empresas apareciendo como personajes molestos.
Todo esto se aplica no sólo a las líneas de crédito, sino también a los instrumentos de ayuda a la inversión como los fondos de capital riesgo gestionados por el Gobierno Vasco y cajas (Ezten, Sustapen, Elkano XXI, etc.) y sociedades del tipo Seed Capital o Talde.


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"Cuidado con las financiaciones públicas"
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