La saga empresarial de los Salazar, de origen vizcaíno, está en un momento negrísimo, con sus sociedades patrimoniales en concurso de acreedores y obligados a dejar sus cargos. Sus arriesgadas apuestas con el fin de crecer a toda costa (duplicando tamaño cada tres años a base de talonario y endeudándose hasta el límite) les han salido mal y están acusados ante la Audiencia Nacional de apropiación indebida, administración fraudulenta y estafa.
El origen del desaguisado empresarial es el interés de un fondo estatal libio por entrar en el Grupo SOS respondiendo a la adjudicación a SOS de un megaproyecto en el país africano. Con el fin de evitar la obligación de una OPA, se estableció una participación del 29,9% para los libios. Para llegar a ese porcentaje no bastaba la suma de la autocartera, las participaciones de accionistas con interés en salir y una ampliación de capital, sino que faltaba controlar un 6% más. Como SOS tenía muy poco capital en Bolsa existía el peligro de que dicha compra fuera detectada y aumentara el valor de la acción, por lo que los Salazar compraron esa parte del capital destinado para los libios mediante una sociedad patrimonial suya (Cóndor Plus) pero con fondos de la propia SOS, nada menos que 230 millones.
Para mayor riesgo, la expectativa de la gran operación libia anima a SOS a comprar la aceitera italiana Bertolli, principal componente de la deuda de compañía, que se eleva a 994 millones de euros. El problema se agravó cuando llega la crisis financiera de agosto de 2008 y en Bolsa se produce justo lo contrario de lo que pensaban los Salazar. Sus compras de acciones son detectadas y en vez de pensar en un interés externo, el mercado interpreta que esas compras son para sostener su precio artificialmente y las acciones caen. Los Salazar se encuentran con grandes minusvalías, compuestos y sin novia. Un posterior intento con un fondo de Bahrein no llega a buen puerto.
Desde entonces se sucede una carrera de rectificaciones, ocultación del préstamo en las cuentas, reformulación de estas, información a socios que no estaban al tanto de la maniobra financiera, destitución de los cargos de los Salazar, alianzas y bandos entre los accionistas, demandas entre ellos, etc. Además, hay indicios de que se desviaron otros 40 millones más en letras de cambio y que las transferencias fueron hechas a través de sociedades en el extranjero (evasión de capitales).
Por si fuera poco, la principal inversión de los Salazar eran 80 millones de euros en Martinsa-Fadesa justo antes de que se convirtiera en la mayor suspensión de pagos de la historia de España.
Como curiosidad y homenaje al lugar de origen del patriarca, una de las sociedades patrimoniales de los hermanos se llama Carranza Gestión Patrimonial.
Foto: El Economista.


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"El SOS de los Salazar"
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