Estoy en Israel en una conferencia internacional en la que todo el mundo conoce Bilbao, gracias al Guggenheim. Es agradable decir que eres de Bilbao. Lucir txapela vasca tiene, sin embargo, unas connotaciones políticas muy difíciles de combatir.

Lo genial del Guggenheim es que ha puesto la marca ‘bilbao’ en el mapa, aunque creo que, salvo para atraer turistas, todavía no hemos sabido utilizarla convenientemente. Los ejecutivos internacionales quieren venir a la capital vizcaína, que les suena a modernidad, cultura y diseño, tres valores en los que andábamos muy escasos.

Sin embargo, poca gente es consciente de que gigantes mundiales como el BBVA o Iberdrola tienen su sede en Bilbao. Esto último no se ha sabido vender bien. Y es una tarjeta de visita impresionante para atraer congresos y eventos internacionales.

Por cierto, hoy Iñaki Esteban comenta en El Correo que el Guggenheim ha dejado 233 millones de euros en Euskadi tan sólo durante 2006. Estas espectaculares cifras, que probablemente no tienen en cuenta el valor en “imagen”, deberían hacernos reflexionar seriamente.

¿Cuál ha sido la mejor inversión que Euskadi ha hecho en los últimos años? Creo que no hay duda de que ha sido el Guggenheim. Está claro, por tanto, que debemos invertir en imagen, en atracción de eventos internacionales y en todo aquellos que nos coloque sobre el mapa en un mundo globalizado en el que competimos con todo tipo de lugares.

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