Hace meses adelantábamos la noticia de que Primark se implantaría en Euskadi a través del nuevo centro comercial de Ballonti. Es la tienda más grande del complejo con diferencia, y responde a su fama de “la nueva Zara”: ropa bonita muy barata. Pero tiene tres aspectos extraños cara al cliente: las tallas están en medidas inglesas, no te permiten probarte la ropa que eliges y te obligan a ir hasta el fondo de la tienda para salir tras pasar por caja.

Es lógico que Primark, siendo angloirlandesa, tenga en origen el tallaje en pulgadas y centímetros, pero vendiendo en España, debieran tomarse la “molestia” de etiquetar en las tallas europeas. Más que una molestia, debiera ser una obligación para con el cliente. A pesar de que han colocado tablas de conversión en muchos estantes, los clientes se sienten confusos con tallas como “15.5 39.5 cm”, por ejemplo.

Pero lo más extraño es que cuando el cliente va a los probadores las empleadas no le dejan entrar con la ropa que ha elegido y lleva consigo, sino que le dan otra de la misma talla y tengan ellas en un cuarto anexo, que es ropa que otras personas se han probado. Me cuesta creer que el patronaje, el corte de la prenda, sea igual en todas las camisas, pantalones, jerseys, etc. Tampoco el color sienta igual a todos, pero ya puedes elegir una camisa verde manzana para ver cómo te queda, que te pueden dar una fucscia o negra. Pero mucho más importante de todo eso es que ¿porqué me tengo que probar una prenda que ha estado encima de la piel y la ropa interior de otra persona? ¿porqué me tengo que poner encima su olor, sudor y pelos ? Me parece inaceptable.

Lo único que se me ocurre al respecto es que sea una medida antirrobo: no te puedes meter debajo de otra prenda o manipular la ropa que te gusta porque te dan una aleatoria, pero se supone que para lo primero ya está el cartoncito con el número de prendas con las que entras y sales del probador. Si es para que no se pueda quitar las medidas electrónicas, siempre se puede hacer fuera del probador, y me parece que sería pagar muchos justos por pocos pecadores.

Lo último es la curiosa disposición de las cajas de cobro. Están en una hilera de más de veinte cajeras, pero para llegar a ellas debes ir hasta el fondo de la tienda para entrar en estos pasillos artificiales construidos con cintas, como los que hay antes de los controles de seguridad y documentación en los aeropuertos. El resultado es que todos los clientes acceden por un único punto situada en un extremo (caja número 1) y lógicamente van a la cajera libre más próxima. Resultado: muchas cajeras más allá de la caja 10 prácticamente no se ven desde la cola y se pasan el día desgañitándose y alzando el brazo diciendo “libre, aquí, aquí” para que los clientes no sigan haciendo cola. Para rematar la faena, te obligan a salir por el otro extremo (caja veintipico) que está situado al final de la tienda, con lo que tienes que pasar otra vez por delante de todas las cajas para ir a la salida.

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