El BBVA pagó en noviembre de 2010 un total de 6,75 euros por cada acción del turco Garanti Bank, del que se hizo con el 25% de su capital. Hoy, apenas 10 meses después, esas acciones valen prácticamente la mitad: 3,43 euros. Y lo peor es que nunca han cotizado por encima del precio de compra, lo que demuestra que esa operación fue un error absoluto. Ahora la pregunta que hay que hacerse es si alguien debe responsabilizarse del mismo.

Francisco González, el presidente del BBVA, cobró en 2010 la friolera de 5,3 millones de euros, entre remuneración fija y variable, prácticamente lo mismo que el año anterior. Durante esos doce meses, la cotización del banco cayó desde los algo más de 18 euros que tenía en enero hasta los 10 euros que registraba en diciembre. Pese a la depreciación del valor, González no se tocó su sueldo ni tampoco se le pasó por la cabeza dimitir.

Este año tiene previsto cobrar prácticamente lo mismo. Para 2011, su sueldo es de 4,98 millones de euros, entre fijo (2,98 millones, un 2% más) y variable (3 millones, un 12,5% menos). Hay que recordar también que en los 10 años que lleva al frente del antiguo Banco de Bilbao González ha acumulado una pensión de 79 millones de euros. Su consejero delegado, nombrado a dedo por él mismo, el cántabro Angel Cano, cobró 2,7 millones de euros en 2010 y este año se ha subido el sueldo un 33%.

Simple y llanamente, ¡no tienen vergüenza! Si sus sueldos fueran variables de verdad, no solo no deberían cobrar sino que se les debería restar. No es así porque ellos, que son los que mantienen este gran engaño que son los sueldos de los grandes ejecutivos, no quieren. Los auténticos estafados son los accionistas, que han puesto un capital que se está utilizando esencialmente para enriquecer a los altos ejecutivos, que son los que realmente mandan y encima lo hacen mal. Sin poner un duro, claro está.

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