Hace mucho tiempo que se viene rumoreando que José Antonio Ardanza dejará la presidencia de Euskaltel para ocupar el mismo puesto en la futura caja vasca. Sin embargo, estos planes se pegan de frente una y otra vez con uno u otro obstáculo, siempre político, para poder fusionar a BBK, Kutxa y Vital.

Lo que me parece más sorprendente es que un hombre que tiene un sueldo vitalicio de 45.000 euros anuales más coche oficial y secretaria pagados por el erario público siga teniendo ganas de “marcha”. Y su caso no es comparable al de Pedro Luis Uriarte, que preside Innobasque sin sueldo. Ardanza cobra de Euskaltel.

Su caso es curiosísimo. De haberse aplicado en su momento la normativa de incompatibilidades que ahora prepara el Parlamento Vasco, Ardanza no podría haber accedido a la presidencia de Euskaltel apenas un año después de abandonar Ajuria Enea. Habría tenido que esperar al menos dos años. Al fin y al cabo, él era el máximo responsable de muchas de las decisiones que afectaban al operador.

De todas formas, otra duda que surge con la presidencia de la futura caja vasca es el papel de Xabier de Irala. El que fuera máximo ejecutivo de Iberia es una figura muy relevante en Euskadi. Un directivo de peso y con peso. Sacrificarle por un ejecutivo de corte más político sería un paso equivocado en un momento de máxima competencia en el mundo financiero.

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